LA FILOSOFÍA POLÍTICA NO ES UN LUJO
MARIO BUNGE
¿Qué es la filosofía política? Es la rama de la filosofía que sopesa los méritos y defectos de los distintos órdenes políticos, tales como el liberal, el democrático, el socialdemocrático y el fascista. El filósofo político nos dice qué regímenes favorecen los intereses de las mayorías y cuáles los de las minorías; qué gobiernos protegen los derechos y cuáles los restringen; qué tipos de Estado promueven el progreso y cuáles lo obstaculizan.
Además, y por esto hace filosofía antes que ideología, el filósofo político procura dar argumentos racionales, en lugar de ¡vivas! y ¡muertes!, en favor o en contra de los distintos órdenes sociales. Por ejemplo, nos dirá que la libertad incontrolada del individuo es tan enemiga de la democracia como la opresión, porque supone que no hay valores sociales y que todo está en venta. O nos dirá que la libertad y la democracia vienen de abajo, no de arriba, ya que el privilegio es enemigo de la libertad y de la igualdad.
¿Para qué sirve la filosofía política? Unas veces para bien, otras para mal y otras más para nada. Veamos algunos ejemplos. El liberalismo político nació en el cerebro de John Locke, el gran filósofo del siglo XVI. Según Karl Popper, el fascismo fue concebido por Hegel, mientras que Isaiah Berlin lo hace nacer en el cerebro de Joseph de Maistre. El filósofo y economista John Stuart Mill defendió el socialismo democrático, en tanto que su homólogo Karl Marx abogó por el socialismo dictatorial. Nietzsche, Gentile y Heidegger fueron fascistas, mientras que Engels y Antonio Labriola abogaron por el socialismo marxista. Benedetto Croce fue liberal, pero no democrático, mientras que Norberto Bobbio osciló entre el liberalismo y el socialismo. Carl Schmitt y Leo Strauss se inspiraron en Platón, Nietzsche y Heidegger, y el primero fue militante nazi, mientras que el segundo fue profesor de algunos de los asesores más siniestros del presidente George W. Bush.
Por el contrario, John Rawls combinó el liberalismo político con el socialismo estatal, mientras que Ronald Dworkin hace filosofía liberal limitada al ámbito jurídico. Pero es verdad que la mayoría de los filósofos políticos han sido inanes, por haberse limitado a comentar ideas políticas de otros.
Los filósofos políticos contemporáneos creen poder desligar las ideas políticas de una concepción del mundo. Sin embargo, toda concepción de la política presupone una concepción del mundo. Por ejemplo, si todo dependiera primordialmente de las ideas y nada de los intereses materiales, la acción política se reduciría a hablar y escribir. Si estamos sometidos a la voluntad de Dios, la oración será más eficaz que la acción. Si la naturaleza humana es invariable, las reformas sociales serán inútiles. Pero si, en cambio, somos cambiantes, no debemos diseñar sociedades rígidas, por perfectas que nos parezcan ahora.
Sólo unos pocos filósofos, en particular Platón, Aristóteles, Locke, Hegel y Marx, ubicaron sus ideas políticas en amplios sistemas filosóficos. Pero algunos de esos sistemas fueron incoherentes. Por ejemplo, Marx no advirtió que el igualitarismo es incompatible con la dictadura del proletariado; casi todos los filósofos políticos fueron indiferentes a la dependencia de la mujer, y a ninguno de los héroes del liberalismo le interesó la suerte del Tercer Mundo.
A mi juicio, lo más importante no es la obra de tal o cual filósofo político, sino el hecho de que la plataforma de cualquier movimiento político es una declaración de principios filosóficos. Este partido proclamará la prioridad de la libertad, aquél el de la igualdad; este otro sostendrá el primado de la democracia, y aquél el de la justicia social; uno será laico y otro religioso; éste da prioridad a la eliminación de la pobreza, aquél a la libertad de empresa. Recordemos un par de ejemplos de actualidad.
Cuando se anunció la crisis económica actual, el superbanquero norteamericano Alan Greenspan se declaró sorprendido porque la filosofía política que había aprendido de su mentora, la novelista y filósofa pop Ayn Rand, afirmaba que el capitalismo es el orden social natural, ya que responde al egoísmo propio de la naturaleza humana. (Obviamente, nunca trabajó en una asociaciación voluntaria.) A comienzos de 2009, Greenspan tuvo la honestidad de admitir que se había equivocado; pero persitió en su creencia de que la situación actual se repetirá indefinidamente debido a las incorregibles fallas humanas.
En otras palabras, recurrió al mismo argumento de los estalinistas: el sistema es perfecto, pero los encargados de mantenerlo son imperfectos, de modo que, cuando fallan, merecen ser destruidos. ¿Cómo sabemos que el sistema actual es perfecto? Porque lo afirmó una profetisa. Y ¿cómo sabemos que todos los seres humanos son egoístas? Porque lo aseguró otro profeta.
Poco después de anunciarse la crisis actual, los presidentes Bush y Sarkozy y los primeros ministros Brown y Merkel anunciaron el fin del laissez-faire y el comienzo de una política de salvataje. Esta consiste en sacarles dinero a los pobres contribuyentes para dárselo a las grandes corporaciones en peligro de bancarrota. La derecha de la derecha norteamericana puso el grito en el cielo: declaró que el llamado "paquete de estímulo" votado por el Parlamento era socialismo.
Esta protesta puso en evidencia que esos ultraderechistas no conocen el abecé de la filosofía política. En efecto: el socialismo propone la socialización de la esfera pública, mientras que las medidas de emergencia adoptadas por casi todos los gobiernos consisten en salvar el sistema a costillas del pueblo, en socializar las pérdidas y privatizar las ganancias, como hubiera dicho Garrett Hardin. Es verdad que la nacionalización de algunos bancos, que se efectuó en Gran Bretaña y se amenazó en los Estados Unidos huele a socialismo, pero solamente a las narices que no distinguen el socialismo del estatismo, ni, por lo tanto, el socialismo del estalinismo.
La filosofía política estudia las ideologías sociales, pero no se limita a ellas. También estudia el sistema político como componente de la sociedad. En particular, estudia los intereses privados y los sentimientos morales que mantienen o alteran un orden político dado, así como los derechos y deberes del ciudadano en los distintos sistemas políticos. Pone particular interés en la justicia como equilibro entre derechos y cargas sociales, e investiga la cuestión de si la justicia social es una meta alcanzable o un espejismo.
Una filosofía política amplia reconocerá que la política no se limita a la lucha por el poder, sino que incluye la gobernanza y los problemas técnicos y políticos que ésta plantea. En particular, el filósofo político a tono con su tiempo indaga la posibilidad de la gobernanza científica, o sea, planeada y ejecutada a la luz de las ciencias sociales antes que de la oportunidad política del momento.
En particular, el filósofo político debe reconocer que la protección del medio ambiente requiere medidas que limiten la propiedad privada y, por lo tanto, susciten la resistencia de quienes la poseen. Y debe saber que la Revolución Verde y, en general, el uso de organismos modificados genéticamente, aumenta tanto el rendimiento de las cosechas como las diferencias entre las empresas agrícolas y los campesinos pobres. O sea: el filósofo político tendrá que examinar los efectos de todo tipo que causen los insumos científicos y tecnológicos al Estado.
Si el filósofo político es favorable a la mejora de la calidad de vida, deberá empezar por averiguar cómo se la mide. Si un economista le dice que la mejor tabla de medida es el Producto Bruto Interno, un socioeconomista le informará que la riqueza total no basta, que también hay que saber cómo se distribuye, ya que hay naciones, tales como Arabia Saudita, que tienen un enorme PBI, pero donde la mayoría vive mal, y hay otras, como Costa Rica, donde son pobres, pero donde la gente vive mucho mejor y más.
Por este motivo, las Naciones Unidas propusieron medir la calidad de vida por el índice de desarrollo humano, que promedia tres variables: salud, ingreso per cápita y educación.
Pero aquí faltan dos variables: desigualdad de ingresos y sostenibilidad ecosocial. La sostenibilidad importa si se admite que somos responsables de nuestra descendencia. Y la desigualdad también importa porque, cuando es pronunciada, es causa de conflictos sociales y daña la salud aún más que la pobreza absoluta. Por este motivo, es preciso ampliar el índice de la ONU agregándole indicadores de desigualdad y de sostenibilidad.
A este índice ampliado me refiero en el libro Filosofía política (Gedisa, 2009), donde examino también la posibilidad de ampliar la democracia del terreno político a los demás terrenos pertinentes: la administración de la riqueza, el entorno natural y la cultura. Vuelvo a sugerir, como hace dos décadas -en el octavo tomo de Tratado de filosofía - una alternativa tanto al capitalismo en crisis como al socialismo dictatorial. Esa alternativa es la democracia integral: igualdad de acceso a las riquezas naturales, igualdad de sexos y razas, igualdad de oportunidades económicas y culturales y participación popular en la gerencia de los bienes comunes.
En definitiva: la filosofía política no es un lujo, sino una necesidad, ya que se la necesita para entender la actualidad política y, sobre todo, para pensar un futuro mejor. Pero para que preste semejante servicio la filosofía política deberá formar parte de un sistema coherente al que también pertenezcan una teoría realista del conocimiento, una ética humanista y una visión del mundo acorde con la ciencia y la técnica contemporáneas.
La sociedad moderna es demasiado complicada y frágil para que siga en manos de políticos ignorantes de las ciencias sociales y secuaces de filosofías políticas apolilladas.
El autor es profesor de Filosofía en la Universidad McGill, Montreal.
sábado, 4 de julio de 2009
domingo, 24 de mayo de 2009
SER ALFONSINISTA
Fue allá por septiembre de 1982. Era una noche de viernes en el porteño barrio de Mataderos. Si mal no recuerdo fue en la puerta del local que conducía el ex diputado nacional, hoy fallecido, Liborio Pupillo en la calle Larrazábal.
Fue el primer acto público en que vi en vivo un discurso de Raúl Ricardo Alfonsín.
Lo recuerdo como un hito muy importante en mi vida. Luego de tanto escarnio, muerte, humillación y violación sistemática de la condición humana; escuchaba a alguien hablar de libertad, derechos humanos, democracia, dignidad, ética, solidaridad, respeto.
Para mí era algo mágico, alucinante, sensible, revelador. Eran palabras que mi espíritu joven necesitaba escuchar, interiorizar, atesorar.
Me conmovía hasta las lágrimas, esa oratoria libertaria, entrañable, cargada de esperanza y horizontes de paz.
Solo en mi búsqueda, lo empecé a seguir cada vez que me enteraba que hablaba en la Capital o en algún lugar del Gran Buenos Aires. Cada acto me regocijaba un poquito más el espíritu. Abría mi mente hacia lugares iluminados, transparentes, creativos, felizmente desconocidos.
Luego de un par de meses ya no estaba solo: amigos, novia, conocidos y parientes me empezaron a acompañar a escuchar a Raúl. Ya hasta nos parecía uno de nosotros.
Su figura crecía y mi fascinación se acrecentaba a la par. Los primeros actos fueron inolvidables. No más de cincuenta o sesenta personas rodeando una pequeña tribuna barrial. Nos daba la indeleble imagen de que el discurso era casi de entrecasa, personal, de Raúl a cada uno de nosotros.
Luego lo cosa fue creciendo, apareció la liturgia radical y los actos se despersonalizaron, se masificaron, se hicieron multitudinarios, pero sin perder la mística; cargados de la pasión y el calor que Alfonsín trasmitía con su sola presencia. Él fue la humanización de la palabra expresada desde una tribuna popular.
Conocida su muerte, mis hijos me veían llorar, y creo que no entendían muy bien cómo podía lamentar tanto a alguien que no me unía una relación de amistad estrecha o parentesco directo. Lo que ellos no llegaban a comprender es que los que lo tuvimos a Alfonsín como modelo de vida, él nos cambió la existencia.
Sin ninguna duda marcó, por lo menos para mí, un antes y un después. Y sé que no sólo en mi caso fue tan trascendente, conozco a algunas personas que el haberlo escuchado en algún acto de esa época hasta los ayudó a salir de algunas adicciones. Para todos Alfonsín fue alguien providencial.
Me impresionó ver en su funeral a dirigentes que se “volvieron a humanizar” ante tan irremplazable pérdida. Sólo un líder de su dimensión puede lograr estos “milagros” partidarios.
Enrique Nosiglia dijo, en uno de los discursos en la Recoleta, que al lado de él habían aprendido a ser mejores personas. No tengo dudas que así fue.
Entre tanta tristeza algún desubicado me quiso cuestionar a Alfonsín por tal o cual error político cometido, y simplemente le expliqué que yo admiraba a Raúl Ricardo Alfonsín porque lo consideraba, fundamentalmente, una persona con una elevada condición espiritual. El mejor de una generación, como bien lo expresó el presidente de nuestra Honorable Convención Nacional, Hipólito Solari Yrigoyen.
Le dije que para mí el ex presidente trascendía con creces su estatura política, que en mi opinión era inmensa, porque se había convertido en un referente humano, lo que era mucho más importante.
Él fue una esperanza real para los que pensamos que la política es una de las herramientas más formidables que nos dio la creación del hombre para servir al pueblo, para elevar, y enaltecer, la condición humana.
Los que empezamos a militar en este centenario partido de la mano de su calidez y por admiración a sus dotes políticas, y sobre todo personales, nos fuimos convirtiendo por convicción en radicales, pero nunca renunciamos a ser alfonsinistas.
Yo tuve la oportunidad de haber estado en el sepelio de Perón. Sobre esa misma calle Callao observé algo que los diferenció. La cureña que transportó al General, marchó sin impedimentos por el asfalto de esa avenida, con su pueblo que lo despedía tras las vallas que ponían límites junto al cordón de la vereda.
La que transportó a Alfonsín venía más lenta, avanzaba con más dificultades…….el pueblo caminaba a su lado. A Raúl nadie lo siguió, su pueblo lo acompañó hacia su descanso en paz.
Fue el primer acto público en que vi en vivo un discurso de Raúl Ricardo Alfonsín.
Lo recuerdo como un hito muy importante en mi vida. Luego de tanto escarnio, muerte, humillación y violación sistemática de la condición humana; escuchaba a alguien hablar de libertad, derechos humanos, democracia, dignidad, ética, solidaridad, respeto.
Para mí era algo mágico, alucinante, sensible, revelador. Eran palabras que mi espíritu joven necesitaba escuchar, interiorizar, atesorar.
Me conmovía hasta las lágrimas, esa oratoria libertaria, entrañable, cargada de esperanza y horizontes de paz.
Solo en mi búsqueda, lo empecé a seguir cada vez que me enteraba que hablaba en la Capital o en algún lugar del Gran Buenos Aires. Cada acto me regocijaba un poquito más el espíritu. Abría mi mente hacia lugares iluminados, transparentes, creativos, felizmente desconocidos.
Luego de un par de meses ya no estaba solo: amigos, novia, conocidos y parientes me empezaron a acompañar a escuchar a Raúl. Ya hasta nos parecía uno de nosotros.
Su figura crecía y mi fascinación se acrecentaba a la par. Los primeros actos fueron inolvidables. No más de cincuenta o sesenta personas rodeando una pequeña tribuna barrial. Nos daba la indeleble imagen de que el discurso era casi de entrecasa, personal, de Raúl a cada uno de nosotros.
Luego lo cosa fue creciendo, apareció la liturgia radical y los actos se despersonalizaron, se masificaron, se hicieron multitudinarios, pero sin perder la mística; cargados de la pasión y el calor que Alfonsín trasmitía con su sola presencia. Él fue la humanización de la palabra expresada desde una tribuna popular.
Conocida su muerte, mis hijos me veían llorar, y creo que no entendían muy bien cómo podía lamentar tanto a alguien que no me unía una relación de amistad estrecha o parentesco directo. Lo que ellos no llegaban a comprender es que los que lo tuvimos a Alfonsín como modelo de vida, él nos cambió la existencia.
Sin ninguna duda marcó, por lo menos para mí, un antes y un después. Y sé que no sólo en mi caso fue tan trascendente, conozco a algunas personas que el haberlo escuchado en algún acto de esa época hasta los ayudó a salir de algunas adicciones. Para todos Alfonsín fue alguien providencial.
Me impresionó ver en su funeral a dirigentes que se “volvieron a humanizar” ante tan irremplazable pérdida. Sólo un líder de su dimensión puede lograr estos “milagros” partidarios.
Enrique Nosiglia dijo, en uno de los discursos en la Recoleta, que al lado de él habían aprendido a ser mejores personas. No tengo dudas que así fue.
Entre tanta tristeza algún desubicado me quiso cuestionar a Alfonsín por tal o cual error político cometido, y simplemente le expliqué que yo admiraba a Raúl Ricardo Alfonsín porque lo consideraba, fundamentalmente, una persona con una elevada condición espiritual. El mejor de una generación, como bien lo expresó el presidente de nuestra Honorable Convención Nacional, Hipólito Solari Yrigoyen.
Le dije que para mí el ex presidente trascendía con creces su estatura política, que en mi opinión era inmensa, porque se había convertido en un referente humano, lo que era mucho más importante.
Él fue una esperanza real para los que pensamos que la política es una de las herramientas más formidables que nos dio la creación del hombre para servir al pueblo, para elevar, y enaltecer, la condición humana.
Los que empezamos a militar en este centenario partido de la mano de su calidez y por admiración a sus dotes políticas, y sobre todo personales, nos fuimos convirtiendo por convicción en radicales, pero nunca renunciamos a ser alfonsinistas.
Yo tuve la oportunidad de haber estado en el sepelio de Perón. Sobre esa misma calle Callao observé algo que los diferenció. La cureña que transportó al General, marchó sin impedimentos por el asfalto de esa avenida, con su pueblo que lo despedía tras las vallas que ponían límites junto al cordón de la vereda.
La que transportó a Alfonsín venía más lenta, avanzaba con más dificultades…….el pueblo caminaba a su lado. A Raúl nadie lo siguió, su pueblo lo acompañó hacia su descanso en paz.
martes, 17 de marzo de 2009
LAS DIFERENCIAS IDEOLÓGICAS ENTRE EL RADICALISMO Y EL PERONISMO PARTE II
Caiga quién caiga
Es un excelente momento para volver sobre el tema.
La crisis económica que aqueja al planeta está poniendo en evidencia cuán autoritarios, y lo que es más grave irresponsables, pueden ser los peronistas en el poder.
Si uno escucha a cualquiera de los líderes sindicales peronistas, que son la mayoría, va encontrarse con este discurso: “Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres”. Es decir que para ellos el Hombre es el último que tiene que beneficiarse con las políticas sindicales, sociales, de gobierno o de Estado.
Hoy esto que parece algo banal, lo vemos claramente reflejado en sus acciones de gobierno.
Si hay que mentir con los datos del INDEC no hay que dudar un minuto, más allá del descrédito internacional y la burla al pueblo que esta desnaturalización conlleva.
Si lo que se necesita es avanzar sobre los fondos de la ANSES porque el país no tiene acceso al crédito internacional, no hay que titubear un segundo, los ahorros de los jubilados que se hubieran podido usar, por ejemplo, para darles un haber digno, los usan para otros propósitos.
Si hay que cambiar las fechas de las elecciones nacionales, más allá de que es una práctica muy común de todos los que están y estuvieron en el poder en la Argentina, para sacar alguna ventaja partidaria, hagámoslo sin vacilar.
Si lo que se necesita es volar una ciudad para encubrir una prueba por el delito de vender armas a un país latinoamericano como Ecuador, perjudicando a otro país con altas relaciones de hermandad histórica como Perú, hay que hacerlo sin pensar un segundo. Agravado todo porque la Argentina era garante de la paz entre estas dos naciones.
Si las pruebas de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA, donde murieron cientos de personas, hay que borrarlas con la mayor impunidad y sin ningún miramiento ético, es necesario hacerlo por cuestiones de Estado.
Si lo que se necesita es comprar periodistas, medios gráficos, televisivos, radiales o del género que sea para tener menos críticas que mellen el poder, no hay que tener ningún escrúpulo al respecto. Y si hay que cerrarlo, como en los primeros gobiernos peronistas, también vale.
Podríamos escribir un libro con hechos políticos e históricos que relatan la falta total de escrúpulos con que el oficialismo peronista se manejó, y se maneja, en el poder.
La raíz ideológica hegeliana como punto de partida
Esta forma de accionar política sin ninguna duda está fuertemente sostenida, por no decir totalmente sostenida, por el sustento hegeliano que tiene ideológicamente el peronismo.
Releyendo un viejo libro, El Mito del Estado de Ernst Cassirer, donde el autor habla de la influencia de Hegel en el pensamiento político moderno, Cassirer describe con una gran erudición lo nefasto que fue este filósofo para el pueblo que tuvo que sufrir las consecuencias de su pensamiento puesto en acción.
Dí con este libro porque, en mi curiosidad por bucear en el pensamiento de nuestros grandes hombres; sé que Don Arturo Illia lo tenía como uno de sus libros de cabecera y lo leía y releía. Si la Argentina tuvo un gobernante que fue democrático y republicano, ese fue Don Arturo, que transcurrido más de un cuarto de siglo de fallecido, nos sigue iluminando hasta con sus viejas lecturas.
Dice Cassirer de Hegel: “Era un conservador que defendía el poder de la tradición […] No reconoce otro orden ético por encima del que aparece en la costumbre”
Los liberales alemanes consideraban el sistema hegeliano como el más firme baluarte de la reacción política.
Schopenhauer, su opuesto filosófico, veía al sistema metafísico hegeliano como algo indigno y totalmente falto de escrúpulos.
Hegel rechazaba todo ideal “humanitario”, para él no había actos “egoístas y actos “altruistas” sólo era importante el interés personal, fue el antecesor de Nietzche en todo lo que se llamó teorizar sobre “inmoralismo”.
No lo asustaba el sacro egoísmo, concepto que desarrolló con fina agudeza, y que luego fue tan decisivo y desastroso en la vida política moderna.
Desarrolló un culto al héroe, muy relacionado con el culto al Estado, donde el héroe tenía que tener como única virtud el lograr, y mantener, el poder. Su egoísmo, egocentrismo y carencia de escrúpulos eran los motores de la historia.
La psicopatía que sufrían muchos de los dictadores que sometieron a la humanidad, era cosa de, según Hegel dice en su Filosofía del Derecho: “[…] psicólogos lacayos, para quienes ningún hombre es héroe, y no porque no haya héroes, sino porque ellos mismos no son más que lacayos”.
Los líderes peronistas desde Perón a Kirchner, dan cuenta exacta sobre el culto al héroe que Hegel pergeñó.
He conocido a militantes peronistas que tenían grupos de estudio, donde docentes universitarios de filosofía leían a Hegel traduciéndolo directamente del alemán.
Nuestra señora Presidente de la Nación declaró en un congreso de filosofía que ella abrazaba la filosofía hegeliana, a pesar que el filósofo alemán había tratado muy mal a las mujeres en sus escritos.
Pero no sólo el peronismo abrevó en Hegel, grupos de nuestra más alta estirpe conservadora se relacionaron con reuniones donde se analizaba, y estudiaba en profundidad, el pensamiento hegeliano. Muchos de los más conspicuos dirigentes de la desaparecida UCéDe (Unión del Centro Democrático), con la ingeniera María Julia Alsogaray a la cabeza, fueron partícipes de aquellos encuentros.
Caiga quién caiga
Es un excelente momento para volver sobre el tema.
La crisis económica que aqueja al planeta está poniendo en evidencia cuán autoritarios, y lo que es más grave irresponsables, pueden ser los peronistas en el poder.
Si uno escucha a cualquiera de los líderes sindicales peronistas, que son la mayoría, va encontrarse con este discurso: “Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres”. Es decir que para ellos el Hombre es el último que tiene que beneficiarse con las políticas sindicales, sociales, de gobierno o de Estado.
Hoy esto que parece algo banal, lo vemos claramente reflejado en sus acciones de gobierno.
Si hay que mentir con los datos del INDEC no hay que dudar un minuto, más allá del descrédito internacional y la burla al pueblo que esta desnaturalización conlleva.
Si lo que se necesita es avanzar sobre los fondos de la ANSES porque el país no tiene acceso al crédito internacional, no hay que titubear un segundo, los ahorros de los jubilados que se hubieran podido usar, por ejemplo, para darles un haber digno, los usan para otros propósitos.
Si hay que cambiar las fechas de las elecciones nacionales, más allá de que es una práctica muy común de todos los que están y estuvieron en el poder en la Argentina, para sacar alguna ventaja partidaria, hagámoslo sin vacilar.
Si lo que se necesita es volar una ciudad para encubrir una prueba por el delito de vender armas a un país latinoamericano como Ecuador, perjudicando a otro país con altas relaciones de hermandad histórica como Perú, hay que hacerlo sin pensar un segundo. Agravado todo porque la Argentina era garante de la paz entre estas dos naciones.
Si las pruebas de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA, donde murieron cientos de personas, hay que borrarlas con la mayor impunidad y sin ningún miramiento ético, es necesario hacerlo por cuestiones de Estado.
Si lo que se necesita es comprar periodistas, medios gráficos, televisivos, radiales o del género que sea para tener menos críticas que mellen el poder, no hay que tener ningún escrúpulo al respecto. Y si hay que cerrarlo, como en los primeros gobiernos peronistas, también vale.
Podríamos escribir un libro con hechos políticos e históricos que relatan la falta total de escrúpulos con que el oficialismo peronista se manejó, y se maneja, en el poder.
La raíz ideológica hegeliana como punto de partida
Esta forma de accionar política sin ninguna duda está fuertemente sostenida, por no decir totalmente sostenida, por el sustento hegeliano que tiene ideológicamente el peronismo.
Releyendo un viejo libro, El Mito del Estado de Ernst Cassirer, donde el autor habla de la influencia de Hegel en el pensamiento político moderno, Cassirer describe con una gran erudición lo nefasto que fue este filósofo para el pueblo que tuvo que sufrir las consecuencias de su pensamiento puesto en acción.
Dí con este libro porque, en mi curiosidad por bucear en el pensamiento de nuestros grandes hombres; sé que Don Arturo Illia lo tenía como uno de sus libros de cabecera y lo leía y releía. Si la Argentina tuvo un gobernante que fue democrático y republicano, ese fue Don Arturo, que transcurrido más de un cuarto de siglo de fallecido, nos sigue iluminando hasta con sus viejas lecturas.
Dice Cassirer de Hegel: “Era un conservador que defendía el poder de la tradición […] No reconoce otro orden ético por encima del que aparece en la costumbre”
Los liberales alemanes consideraban el sistema hegeliano como el más firme baluarte de la reacción política.
Schopenhauer, su opuesto filosófico, veía al sistema metafísico hegeliano como algo indigno y totalmente falto de escrúpulos.
Hegel rechazaba todo ideal “humanitario”, para él no había actos “egoístas y actos “altruistas” sólo era importante el interés personal, fue el antecesor de Nietzche en todo lo que se llamó teorizar sobre “inmoralismo”.
No lo asustaba el sacro egoísmo, concepto que desarrolló con fina agudeza, y que luego fue tan decisivo y desastroso en la vida política moderna.
Desarrolló un culto al héroe, muy relacionado con el culto al Estado, donde el héroe tenía que tener como única virtud el lograr, y mantener, el poder. Su egoísmo, egocentrismo y carencia de escrúpulos eran los motores de la historia.
La psicopatía que sufrían muchos de los dictadores que sometieron a la humanidad, era cosa de, según Hegel dice en su Filosofía del Derecho: “[…] psicólogos lacayos, para quienes ningún hombre es héroe, y no porque no haya héroes, sino porque ellos mismos no son más que lacayos”.
Los líderes peronistas desde Perón a Kirchner, dan cuenta exacta sobre el culto al héroe que Hegel pergeñó.
He conocido a militantes peronistas que tenían grupos de estudio, donde docentes universitarios de filosofía leían a Hegel traduciéndolo directamente del alemán.
Nuestra señora Presidente de la Nación declaró en un congreso de filosofía que ella abrazaba la filosofía hegeliana, a pesar que el filósofo alemán había tratado muy mal a las mujeres en sus escritos.
Pero no sólo el peronismo abrevó en Hegel, grupos de nuestra más alta estirpe conservadora se relacionaron con reuniones donde se analizaba, y estudiaba en profundidad, el pensamiento hegeliano. Muchos de los más conspicuos dirigentes de la desaparecida UCéDe (Unión del Centro Democrático), con la ingeniera María Julia Alsogaray a la cabeza, fueron partícipes de aquellos encuentros.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
EL HOMBRE DE LA DEMOCRACIA
EL HOMBRE DE LA DEMOCRACIA
Hoy es un un día muy particular para los que abrazamos una Causa. Hoy hace 25 años atrás un político radical retomaba la conducción del gobierno de la República Argentina elegido por el voto popular.
Ese hombre hizo un cambio cultural fenomenal en nuestra cultura nacional, ese cambio fue un salto cualitativo que nos permitió caminar por un estado que no lo teníamos internalizado los argentinos, que era nada más ni nada menos que el Estado de Derecho.
La Causa que fue la razón de ser de su partido y de su vida, se llamó Democracia.
Hoy, ya transcurrido un cuarto de siglo, Democracia es sinónimo de Raúl Ricardo Alfonsín.
El Alfonsín militante
Alguna vez, allá al principio de la década del ´90 del pasado siglo, charlando con quién fue uno de los dirigentes más conspícuos del entonces denominado Partido Socialista Democrático de la Capital Federal, hoy Partido Socialista, el ex diputado Norberto Laporta me relataba: “Cuando transitábamos las épocas difíciles de la feroz dictadura del Proceso de Reorganización Nacional y los militantes de todos los partidos caíamos presos, era Raúl Alfonsín uno de los pocos que nos redactaba un “Habeas Corpus” y lo firmaba. Uno le puede objetar algunas decisiones de gobierno que tomó, pero nunca nos podemos olvidar del coraje cívico y hombría de bien que demostró Raúl en esos años terribles”
Corría el año 1980, la dictadura todavía estaba con su poder intacto y el terror guardaba a la mayoría de los políticos en el exilio o al calor del pasar desapercibido, del esconderse en un voluntario anonimato que les salvara el pellejo.
Raúl viajaba a cuanto congreso de ciencias políticas se celebrara en el exterior para incrementar su capital cultural, y caminaba por su país buscando una salida hacia la democracia, lo que parecía una utopía inalcanzable.
Unos correligionarios de la zona de Moreno en la provincia de Buenos Aires lo tientan con un acto clandestino en una estación siguiente a la de Moreno llamada La Reja.
El acto estaba pactado para el mediodía de un domingo de enero de ese lejano 1980. Las doscientas o trescientas personas que esperaban al orador principal se impacientaban porque el mismo no llegaba. Demás está decir que no había forma de comunicarse con él, así que había que esperar.
Pasada casi una hora de la determinada para el acto, ven en la calle que corre al costado de las vías del ferrocarril, allá a lo lejos, a dos personas que venían caminando hacia el lugar. El calor era agobiante y a medida que se acercaban los fueron identificando.
Raúl Alfonsín se había tomado el tren desde Chascomús hasta Constitución, de ahí un colectivo hasta la estación de Once, el tren hasta Moreno y como perdieron el transbordo que los dejaba en La Reja, y si esperaban el próximo la tardanza iba a ser mayor, entonces caminaron los cuatro o cinco kilómetros que separan Moreno de La Reja.
Vestido de saco y corbata dió su discurso en ese acto clandestino al que tanto le había costado llegar. Es digno también destacar a quién lo acompañaba, pero en verdad desconozco su nombre.
En anteriores dictaduras fueron memorables sus actos relámpago en pleno centro de la ciudad de La Plata para luego salir corriendo o, como el 2 de abril de 1968, terminar preso en una comisaría de la ciudad capital de la Provincia de Bs. As.
El periodista Fernando R. Pieske en su libro “El Hombre de Prensa”, que relata la vida de Alfonsín como periodista, rescata el siguiente diálogo, en un viaje de Chascomús a La Plata para realizar uno de esos actos clandestinos entre Alfonsín y un colaborador del diario El Imparcial de su ciudad natal. Le dijo a Jorge Nimo:
“Que nos lleven detenidos es una posibilidfad, así que vos, Jorge, tratá de mantenerte a distancia. Al acto lo vamos a hacer, pero alguno –agregó- tiene que seguir atendiendo el escritorio… después de todo de algo hay que vivir…”
Acompañó a los jóvenes radicales en situaciones muy complejas como cuando tuvo que hacerse cargo de los entierros de los militantes radicales Sergio Karakachoff y el ex diputado nacional Mario Abel Amaya.
Desde la revista Enédito, donde escribía con el apodo de Alfonso Carrido Lura, criticó una y otra vez a los gobiernos autocráticos desde 1966 a 1973.
Es uno de los últimos políticos que reinvidicó a los filósofos y pensadores que le dan sustancia noble a este duro arte de hacer política, tan pragmático por cierto y tan pobre de ideas en estos últimos largos años.
Puso en gran parte de sus discursos ese acento krausista que otros grandes políticos latinoamericanos y europeos todavía hoy lo contienen en sus expresiones públicas.
Es el único político que todavía sigue escribiendo, que ha presentado no menos de cuatro o cinco libros de pensamiento doctrinario en la última década. Los demás parece que, salvo algún relato de su gestión, no elucubran muchas ideas.
Hoy es un un día muy particular para los que abrazamos una Causa. Hoy hace 25 años atrás un político radical retomaba la conducción del gobierno de la República Argentina elegido por el voto popular.
Ese hombre hizo un cambio cultural fenomenal en nuestra cultura nacional, ese cambio fue un salto cualitativo que nos permitió caminar por un estado que no lo teníamos internalizado los argentinos, que era nada más ni nada menos que el Estado de Derecho.
La Causa que fue la razón de ser de su partido y de su vida, se llamó Democracia.
Hoy, ya transcurrido un cuarto de siglo, Democracia es sinónimo de Raúl Ricardo Alfonsín.
El Alfonsín militante
Alguna vez, allá al principio de la década del ´90 del pasado siglo, charlando con quién fue uno de los dirigentes más conspícuos del entonces denominado Partido Socialista Democrático de la Capital Federal, hoy Partido Socialista, el ex diputado Norberto Laporta me relataba: “Cuando transitábamos las épocas difíciles de la feroz dictadura del Proceso de Reorganización Nacional y los militantes de todos los partidos caíamos presos, era Raúl Alfonsín uno de los pocos que nos redactaba un “Habeas Corpus” y lo firmaba. Uno le puede objetar algunas decisiones de gobierno que tomó, pero nunca nos podemos olvidar del coraje cívico y hombría de bien que demostró Raúl en esos años terribles”
Corría el año 1980, la dictadura todavía estaba con su poder intacto y el terror guardaba a la mayoría de los políticos en el exilio o al calor del pasar desapercibido, del esconderse en un voluntario anonimato que les salvara el pellejo.
Raúl viajaba a cuanto congreso de ciencias políticas se celebrara en el exterior para incrementar su capital cultural, y caminaba por su país buscando una salida hacia la democracia, lo que parecía una utopía inalcanzable.
Unos correligionarios de la zona de Moreno en la provincia de Buenos Aires lo tientan con un acto clandestino en una estación siguiente a la de Moreno llamada La Reja.
El acto estaba pactado para el mediodía de un domingo de enero de ese lejano 1980. Las doscientas o trescientas personas que esperaban al orador principal se impacientaban porque el mismo no llegaba. Demás está decir que no había forma de comunicarse con él, así que había que esperar.
Pasada casi una hora de la determinada para el acto, ven en la calle que corre al costado de las vías del ferrocarril, allá a lo lejos, a dos personas que venían caminando hacia el lugar. El calor era agobiante y a medida que se acercaban los fueron identificando.
Raúl Alfonsín se había tomado el tren desde Chascomús hasta Constitución, de ahí un colectivo hasta la estación de Once, el tren hasta Moreno y como perdieron el transbordo que los dejaba en La Reja, y si esperaban el próximo la tardanza iba a ser mayor, entonces caminaron los cuatro o cinco kilómetros que separan Moreno de La Reja.
Vestido de saco y corbata dió su discurso en ese acto clandestino al que tanto le había costado llegar. Es digno también destacar a quién lo acompañaba, pero en verdad desconozco su nombre.
En anteriores dictaduras fueron memorables sus actos relámpago en pleno centro de la ciudad de La Plata para luego salir corriendo o, como el 2 de abril de 1968, terminar preso en una comisaría de la ciudad capital de la Provincia de Bs. As.
El periodista Fernando R. Pieske en su libro “El Hombre de Prensa”, que relata la vida de Alfonsín como periodista, rescata el siguiente diálogo, en un viaje de Chascomús a La Plata para realizar uno de esos actos clandestinos entre Alfonsín y un colaborador del diario El Imparcial de su ciudad natal. Le dijo a Jorge Nimo:
“Que nos lleven detenidos es una posibilidfad, así que vos, Jorge, tratá de mantenerte a distancia. Al acto lo vamos a hacer, pero alguno –agregó- tiene que seguir atendiendo el escritorio… después de todo de algo hay que vivir…”
Acompañó a los jóvenes radicales en situaciones muy complejas como cuando tuvo que hacerse cargo de los entierros de los militantes radicales Sergio Karakachoff y el ex diputado nacional Mario Abel Amaya.
Desde la revista Enédito, donde escribía con el apodo de Alfonso Carrido Lura, criticó una y otra vez a los gobiernos autocráticos desde 1966 a 1973.
Es uno de los últimos políticos que reinvidicó a los filósofos y pensadores que le dan sustancia noble a este duro arte de hacer política, tan pragmático por cierto y tan pobre de ideas en estos últimos largos años.
Puso en gran parte de sus discursos ese acento krausista que otros grandes políticos latinoamericanos y europeos todavía hoy lo contienen en sus expresiones públicas.
Es el único político que todavía sigue escribiendo, que ha presentado no menos de cuatro o cinco libros de pensamiento doctrinario en la última década. Los demás parece que, salvo algún relato de su gestión, no elucubran muchas ideas.
lunes, 22 de septiembre de 2008
LAS DIFERENCIAS IDEOLÓGICAS ENTRE EL RADICALISMO Y EL PERONISMO PARTE I
LAS DIFERENCIAS IDEOLÓGICAS ENTRE EL RADICALISMO Y EL PERONISMO
PARTE I
Producido por Marcelo Luis Tassara
No tengo dudas que es uno de los temas que ineludiblemente tenemos que abordar si queremos realmente llevar adelante la recuperación de la Unión Cívica Radical.
Con bastante preocupación, en innumerables diálogos con militantes radicales llevados a cabo en los últimos años, salvo contadas excepciones, no he escuchado argumentos mínimamente fundados sobre cuales son las diferencias de pensamiento que nos separan del peronismo.
Tener que luchar contra tamaña fuerza movimientista sin tener en claro esto, es como ir a una guerra de última tecnología muñido de un arco y una flecha.
No tengo dudas que es una de las principales causas por las cuales de los veinticinco años de democracia que estamos por cumplir, diez y ocho el peronismo estuvo, y está, en el poder. El no contar con una militancia activa que pueda marcar elocuentemente las diferencias que nos separan de la doctrina justicialista, es una carencia determinante para el logro de un discurso opositor coherente y creíble. Siendo éste el primer paso que nos calificará para ser una ser una opción válida que nos permita retornar al poder.
No voy a hacer un estudio científico de tan vasto y complejo tema, me llevaría mucho tiempo y estoy convencido que desde la experiencia militante, y alguna que otra lectura, puedo hacer un aporte útil y necesario.
Ideas preliminares
Es común escuchar en el pensamiento del hombre común que el radicalismo y el peronismo son la misma cosa salvo que, puestos a gobernar, éstos saben hacerlo y nosotros no.
Que el peronismo sabe ejercer el poder y los radicales somos unos inútiles, que nunca hicimos nada cuando nos tocó gobernar.
Como toda aseveración popular esta ineptitud que nos endilgaron tiene algunos argumentos que son veraces y otros, en mi opinión un porcentaje muy alto, que son totalmente falaces, equivocados y hasta mal intencionados.
Esta creencia, sumada a dos gobiernos radicales que no terminaron su mandato –más allá de las razones que produjeron sus caídas-, hizo que ocurriera un hecho determinante para nuestro futuro como Nación, perdimos la batalla cultural. Nuestras ideas, nuestra visión de la vida, las instituciones, la cultura, la educación, la ciencia, el Estado, etc. fue dejada de lado por el pueblo argentino.
Hubo varias agrupaciones políticas que intentaron rescatar nuestro ideario, pero los fracasos y la falta de proyección nacional fue el resultado. Tal vez haga falta más tiempo y algunas de las hoy vigentes lo logren, pero hoy estamos en un período de transición.
El peronismo tiene una base electoral que ronda el cuarenta por ciento del electorado y un diez por ciento de votantes que según sus intereses particulares y corporativos le da su voto. Haciendo una interpretación muy simple, esto es el fiel reflejo de lo que los politólogos y cientistas sociales denominan POPULISMO. El voto de los más necesitados, cautivo del peronismo, sumado al diez por ciento de los más pudientes.
El voto de la otra mitad, el más difícil de conseguir, está atomizado en decenas de fórmulas poco serias y definitivamente oportunistas en su gran mayoría.
La derrota cultural, y política por supuesto, es tan profunda que uno de nuestros historiadores más conspicuos, de renombre internacional, como es Tulio Halperín Donghi aseverara:
“Ya me acostumbré a la idea de que la Argentina es peronista”
No intento en estos escritos el buscar culpables dentro de nuestro partido, en cuanto a que cuando se llega a una situación así, no sólo en política si no en toda actividad humana, las acciones propias, sin ninguna duda, estuvieron teñidas de errores, de malas interpretaciones, de discursos y conductas equivocadas.
Pero para intentar cambios alguna mención, sin dar nombres, voy a hacer. Si no es mucho más difícil encontrar la senda de la recuperación del partido.
En algún acto allá por mediados de los ochenta, se dijo que había “que peronizar el radicalismo”, lamentablemente estas palabras tuvieron una fuerza incontenible. La eficiencia con que lo hicimos fue magistral.
Tan determinante fue esta “peronización” que el pueblo no nos diferenció más. Ya lo he expresado en párrafos anteriores y en otros escritos preliminares con un poco más de precisión.
Copiamos todo lo malo del peronismo, pero nada de lo bueno. Su solidaridad para con el compañero, su espíritu de cuerpo usado en pos del bien común y el bienestar general, la mano extendida para ayudar al que está pasando un mal momento, etc., etc.
Sí copiamos: el manejo autoritario del poder, el espíritu faccioso (sumado a que ellos sólo lo ejercen para afuera, contra el adversario político, no con el correligionario-compañero), el desmembrarse con sesgo movimientista para ocupar espacios en cualquier lugar con tal de estar y cobrar un sueldo, la competencia en elecciones internas donde sólo se disputan cargos sin discutir ideas, modelos o proyectos diferentes, el hacer campañas sin contenido programático no proponiéndole al votante absolutamente nada, el continuar desde el gobierno modelos económicos ultraconservadores que nos condujeron al caos, etc.
Estos errores tuvieron que ver también con la importación de ideas pseudonovedosas de las socialdemocracias europeas, imposibles de adaptar a la cultura y nivel de desarrollo humano que tenemos en la Argentina. Además de dejar de lado, por pereza o desconocimiento, ideas pergeñadas por pensadores radicales que son muchos más adaptables a nuestra idiosincrasia, y políticamente mucho más democráticas y progresistas, que las mal copiadas por algunos intelectuales y cientistas políticos que poco tienen que ver con el radicalismo. Para dar un ejemplo concreto: Yrigoyen, Sabattini, Lebensohn, Balbín e Illia ya hablaban de democracia social hace muchas décadas atrás.
No se es un genio o un gran intelectual por invertir los términos y decir socialdemocracia.
Además Yrigoyen, Illia y el mismo Alvear, transformaron a la democracia social en algo concreto, tangible, de la mano de sus acciones de gobierno y sus conductas personales. No se quedaron sólo en la declamación discursiva o vacía de contenido.
Este fenómeno de la importación de ideas muy poco aplicables a la realidad nacional y a la doctrina radical, está íntimamente relacionado con las mentes colonizadas que, en general, exhiben nuestros líderes partidarios responsables de las grandes decisiones. Éstos son poco afectos a la lectura y el estudio, sobre todo del pensamiento radical, y están alejados de la militancia al lado del pueblo. Para colmo se rodean de tecnócratas que les venden ideas de actualidad que poco tiene que ver con nuestra doctrina y, lo que es más grave aún, con nuestra forma de vida y con nuestra cultura. Este alejamiento de los problemas del hombre común los deslegitima absolutamente como dirigentes.
Los técnicos (sociólogos, politólogos, economistas, etc.) tiene que apoyar a los políticos –son muy útiles y necesarios-, pero somos nosotros los responsables de delinear el ideario partidario, así como las políticas públicas que van a incidir sobre el bienestar del ciudadano.
No estoy cerrado al advenimiento de nuevas ideas, por favor no lo interpreten así, pero éstas hay que debatirlas y ponerlas al alcance de los militantes en reuniones de comités, convenciones provinciales, nacionales; así como en los plenarios de todos los comités distritales, para seleccionar y discernir cuales se adaptan al radicalismo y cuales no.
¿Cuántos años hace que no tenemos debates de este tipo?
Un partido político sin debate es una entelequia, una organización vacía de contenido, algo que no existe, la creación de algún interés trasnochado.
Don Hipólito Yrigoyen, al que muy pocos correligionarios conocen con algo de profundidad, tenía una frase que resume, y reemplaza, cualquier delirio intelectual pseudoprogresista:
“La democracia no consiste sólo en la garantía de la libertad política; entraña a la vez la posibilidad para todos de poder alcanzar un mínimo de felicidad siquiera”
Además uno de los méritos de Don Hipólito, fue que vivió de la misma forma que actuó en política, materia en la cual los radicales posmodernos tenemos un débito importante.
Durante muchos años se alejó de la vida política y se dedicó a trabajar duramente, lo que le permitió acumular ahorros a los que acudió luego para poder hacer política sin tener que depender de ayudas corporativas. En resumen todo lo dio por la Causa, muy diferente es lo que ocurre hoy.
No existen líderes peronistas que puedan exhibir conductas similares, no hay dirigentes de esa extracción que conduzcan desde la autoridad y no desde el autoritarismo. Obligar a ir a un ciudadano a un acto público pagándole, o dándole la dádiva que sea, es un gesto de un profundo autoritarismo.
Es preferible no analizar el mismo suceso autoritario pero ligado al voto, no resiste la consideración desde ningún lugar del pensamiento democrático.
Estas eran las cosas que a simple vista nos diferenciaban del Régimen. En próximas entregas voy a hilar un poco más fino, a hacer análisis más minuciosos sobre este tema apasionante y determinante para nuestro futuro como partido.
Septiembre de 2008.
PARTE I
Producido por Marcelo Luis Tassara
No tengo dudas que es uno de los temas que ineludiblemente tenemos que abordar si queremos realmente llevar adelante la recuperación de la Unión Cívica Radical.
Con bastante preocupación, en innumerables diálogos con militantes radicales llevados a cabo en los últimos años, salvo contadas excepciones, no he escuchado argumentos mínimamente fundados sobre cuales son las diferencias de pensamiento que nos separan del peronismo.
Tener que luchar contra tamaña fuerza movimientista sin tener en claro esto, es como ir a una guerra de última tecnología muñido de un arco y una flecha.
No tengo dudas que es una de las principales causas por las cuales de los veinticinco años de democracia que estamos por cumplir, diez y ocho el peronismo estuvo, y está, en el poder. El no contar con una militancia activa que pueda marcar elocuentemente las diferencias que nos separan de la doctrina justicialista, es una carencia determinante para el logro de un discurso opositor coherente y creíble. Siendo éste el primer paso que nos calificará para ser una ser una opción válida que nos permita retornar al poder.
No voy a hacer un estudio científico de tan vasto y complejo tema, me llevaría mucho tiempo y estoy convencido que desde la experiencia militante, y alguna que otra lectura, puedo hacer un aporte útil y necesario.
Ideas preliminares
Es común escuchar en el pensamiento del hombre común que el radicalismo y el peronismo son la misma cosa salvo que, puestos a gobernar, éstos saben hacerlo y nosotros no.
Que el peronismo sabe ejercer el poder y los radicales somos unos inútiles, que nunca hicimos nada cuando nos tocó gobernar.
Como toda aseveración popular esta ineptitud que nos endilgaron tiene algunos argumentos que son veraces y otros, en mi opinión un porcentaje muy alto, que son totalmente falaces, equivocados y hasta mal intencionados.
Esta creencia, sumada a dos gobiernos radicales que no terminaron su mandato –más allá de las razones que produjeron sus caídas-, hizo que ocurriera un hecho determinante para nuestro futuro como Nación, perdimos la batalla cultural. Nuestras ideas, nuestra visión de la vida, las instituciones, la cultura, la educación, la ciencia, el Estado, etc. fue dejada de lado por el pueblo argentino.
Hubo varias agrupaciones políticas que intentaron rescatar nuestro ideario, pero los fracasos y la falta de proyección nacional fue el resultado. Tal vez haga falta más tiempo y algunas de las hoy vigentes lo logren, pero hoy estamos en un período de transición.
El peronismo tiene una base electoral que ronda el cuarenta por ciento del electorado y un diez por ciento de votantes que según sus intereses particulares y corporativos le da su voto. Haciendo una interpretación muy simple, esto es el fiel reflejo de lo que los politólogos y cientistas sociales denominan POPULISMO. El voto de los más necesitados, cautivo del peronismo, sumado al diez por ciento de los más pudientes.
El voto de la otra mitad, el más difícil de conseguir, está atomizado en decenas de fórmulas poco serias y definitivamente oportunistas en su gran mayoría.
La derrota cultural, y política por supuesto, es tan profunda que uno de nuestros historiadores más conspicuos, de renombre internacional, como es Tulio Halperín Donghi aseverara:
“Ya me acostumbré a la idea de que la Argentina es peronista”
No intento en estos escritos el buscar culpables dentro de nuestro partido, en cuanto a que cuando se llega a una situación así, no sólo en política si no en toda actividad humana, las acciones propias, sin ninguna duda, estuvieron teñidas de errores, de malas interpretaciones, de discursos y conductas equivocadas.
Pero para intentar cambios alguna mención, sin dar nombres, voy a hacer. Si no es mucho más difícil encontrar la senda de la recuperación del partido.
En algún acto allá por mediados de los ochenta, se dijo que había “que peronizar el radicalismo”, lamentablemente estas palabras tuvieron una fuerza incontenible. La eficiencia con que lo hicimos fue magistral.
Tan determinante fue esta “peronización” que el pueblo no nos diferenció más. Ya lo he expresado en párrafos anteriores y en otros escritos preliminares con un poco más de precisión.
Copiamos todo lo malo del peronismo, pero nada de lo bueno. Su solidaridad para con el compañero, su espíritu de cuerpo usado en pos del bien común y el bienestar general, la mano extendida para ayudar al que está pasando un mal momento, etc., etc.
Sí copiamos: el manejo autoritario del poder, el espíritu faccioso (sumado a que ellos sólo lo ejercen para afuera, contra el adversario político, no con el correligionario-compañero), el desmembrarse con sesgo movimientista para ocupar espacios en cualquier lugar con tal de estar y cobrar un sueldo, la competencia en elecciones internas donde sólo se disputan cargos sin discutir ideas, modelos o proyectos diferentes, el hacer campañas sin contenido programático no proponiéndole al votante absolutamente nada, el continuar desde el gobierno modelos económicos ultraconservadores que nos condujeron al caos, etc.
Estos errores tuvieron que ver también con la importación de ideas pseudonovedosas de las socialdemocracias europeas, imposibles de adaptar a la cultura y nivel de desarrollo humano que tenemos en la Argentina. Además de dejar de lado, por pereza o desconocimiento, ideas pergeñadas por pensadores radicales que son muchos más adaptables a nuestra idiosincrasia, y políticamente mucho más democráticas y progresistas, que las mal copiadas por algunos intelectuales y cientistas políticos que poco tienen que ver con el radicalismo. Para dar un ejemplo concreto: Yrigoyen, Sabattini, Lebensohn, Balbín e Illia ya hablaban de democracia social hace muchas décadas atrás.
No se es un genio o un gran intelectual por invertir los términos y decir socialdemocracia.
Además Yrigoyen, Illia y el mismo Alvear, transformaron a la democracia social en algo concreto, tangible, de la mano de sus acciones de gobierno y sus conductas personales. No se quedaron sólo en la declamación discursiva o vacía de contenido.
Este fenómeno de la importación de ideas muy poco aplicables a la realidad nacional y a la doctrina radical, está íntimamente relacionado con las mentes colonizadas que, en general, exhiben nuestros líderes partidarios responsables de las grandes decisiones. Éstos son poco afectos a la lectura y el estudio, sobre todo del pensamiento radical, y están alejados de la militancia al lado del pueblo. Para colmo se rodean de tecnócratas que les venden ideas de actualidad que poco tiene que ver con nuestra doctrina y, lo que es más grave aún, con nuestra forma de vida y con nuestra cultura. Este alejamiento de los problemas del hombre común los deslegitima absolutamente como dirigentes.
Los técnicos (sociólogos, politólogos, economistas, etc.) tiene que apoyar a los políticos –son muy útiles y necesarios-, pero somos nosotros los responsables de delinear el ideario partidario, así como las políticas públicas que van a incidir sobre el bienestar del ciudadano.
No estoy cerrado al advenimiento de nuevas ideas, por favor no lo interpreten así, pero éstas hay que debatirlas y ponerlas al alcance de los militantes en reuniones de comités, convenciones provinciales, nacionales; así como en los plenarios de todos los comités distritales, para seleccionar y discernir cuales se adaptan al radicalismo y cuales no.
¿Cuántos años hace que no tenemos debates de este tipo?
Un partido político sin debate es una entelequia, una organización vacía de contenido, algo que no existe, la creación de algún interés trasnochado.
Don Hipólito Yrigoyen, al que muy pocos correligionarios conocen con algo de profundidad, tenía una frase que resume, y reemplaza, cualquier delirio intelectual pseudoprogresista:
“La democracia no consiste sólo en la garantía de la libertad política; entraña a la vez la posibilidad para todos de poder alcanzar un mínimo de felicidad siquiera”
Además uno de los méritos de Don Hipólito, fue que vivió de la misma forma que actuó en política, materia en la cual los radicales posmodernos tenemos un débito importante.
Durante muchos años se alejó de la vida política y se dedicó a trabajar duramente, lo que le permitió acumular ahorros a los que acudió luego para poder hacer política sin tener que depender de ayudas corporativas. En resumen todo lo dio por la Causa, muy diferente es lo que ocurre hoy.
No existen líderes peronistas que puedan exhibir conductas similares, no hay dirigentes de esa extracción que conduzcan desde la autoridad y no desde el autoritarismo. Obligar a ir a un ciudadano a un acto público pagándole, o dándole la dádiva que sea, es un gesto de un profundo autoritarismo.
Es preferible no analizar el mismo suceso autoritario pero ligado al voto, no resiste la consideración desde ningún lugar del pensamiento democrático.
Estas eran las cosas que a simple vista nos diferenciaban del Régimen. En próximas entregas voy a hilar un poco más fino, a hacer análisis más minuciosos sobre este tema apasionante y determinante para nuestro futuro como partido.
Septiembre de 2008.
lunes, 25 de agosto de 2008
LA UNIÓN CÍVICA RADICAL DE LA CAPITAL ¿Un Cálido Recuerdo?
LA UNIÓN CÍVICA RADICAL DE LA CAPITAL
¿Un Cálido Recuerdo?
Producido por Marcelo Luis Tassara.
“El Régimen de la política del servicio personal y de la exclusión del pueblo en la vida partidaria realiza una selección a la inversa, elimina a los hombres con vocación política y frustra a los que quedan, aniquilando sus aristas ponderables. Sus exponentes parecen fortísimos y son, en verdad, tan débiles, que constantemente deben claudicar en el ejercicio de su ministerio público”
Moisés Lebensohn
La Unión Cívica Radical de la Capital Federal, hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lideró la oposición política durante más de un siglo.
Desde intendentes como José Cantilo, Francisco Rabanal y Julio Saguier hasta el primer jefe de Gobierno con que contó la ciudad, las administraciones radicales fueron un orgullo de nuestro partido y de todos los porteños.
Numerosos concejales radicales, y luego alguno que otro diputado porteño -ya creada la Legislatura-, defendieron los intereses de los vecinos con idoneidad, honradez, pericia, vocación de servicio y espíritu de bien común.
La Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue redactada con el aporte invalorable de la mayoría de estatuyentes radicales.
Hoy esa historia, ese prestigio y esa representación política están al borde de la extinción. En la última elección a jefe de gobierno, celebrada el 3 de junio de 2007, los porteños no tuvimos la posibilidad de votar nuestra histórica Lista 3.
¿Con vergüenza?
En las dos elecciones pasadas la del 2003 y la del 2005 los resultados obtenidos habían sido tan magros, que los radicales de la Capital no nos animamos a sufrir otra derrota aplastante, definitiva, vergonzante.
A otros no los frenó el miedo sino los intereses personales. El estar trabajando para el gobierno de turno, o simplemente estar contratado en alguna dependencia gubernamental, los cohibió de apoyar a una lista integrada por radicales, por mujeres y hombres de la Unión Cívica Radical.
¿Sin militancia?
Nos está faltando, o directamente carecemos, coraje, mística, vocación de servicio, espíritu de sacrificio, conocimientos y ganas de hacer política en serio: convenciendo, persuadiendo y sumando conciencias y voluntades libres. En una palabra: nos está faltando militancia.
La militancia desde una estructura estatal, ya sea en el ejecutivo, en el legislativo o el poder judicial, es una práctica mucho más cercana al peronismo o al conservadurismo. La militancia radical históricamente fue desde el llano. Desde comités, ateneos o bibliotecas públicas –que en realidad funcionaban como locales partidarios durante las dictaduras-. Había radicales trabajando en el Estado, pero eran minoritarios.
Esto tiene que ver con nuestra ideología, no somos un partido estatista, somos un partido intervencionista. No necesitábamos el nicho del Estado para sobrevivir. Por eso teníamos libres pensadores que jaqueaban con ideas, talento, brillantez y vocación de servicio a las dictaduras y gobiernos opositores.
¿Sólo con contratos?
Hoy sólo sabemos hacer política de la mano del reparto de contratos que muchas veces son tan efímeros que no perduran ni siquiera el mandato del gobernante de turno. La enorme sangría que sufrió la UCR no fue ideológica o por descontentos políticos, fue una sangría detrás de contratos en la mayoría de los casos.
“Los reclutadores de votos ocuparon el sitio de los políticos, dejando vacante la función pública”
Moisés Lebensohn
¿Sin intemperie?
Los militantes de la UCR no sabemos vivir a la intemperie. Si hoy hubiese una dictadura en la Argentina un gran porcentaje de nuestros afiliados, ex afiliados y simpatizantes activos trabajaríamos para la administración de turno. Jamás soportaríamos la intemperie de hacer la oposición al tirano, nos callaríamos mansamente ante la evidencia de la buena vida conseguida de la mano de la plata silenciante del Estado opresor.
Los radicales de la Capital hacemos política desde la comodidad de los escritorios y los sueldos del Estado. Por eso no hay figuras políticas.
¿Sin sacrificio?
Todos sabemos del enorme sacrificio que hicieron nuestros grandes hombres. Cárcel, torturas, bolsillos vacíos, persecuciones, exoneraciones, vivir en casas ajenas para no ser detenidos, pérdida física de militantes y hasta de familiares, eran algunas de las vicisitudes que tenían que sufrir para hacer política. Por eso tenían autoridad política y personal.
Hoy cualquiera de nosotros saldría corriendo aterrado ante la mínima amenaza de tener que soportar la centésima parte de alguna de esos ultrajes y sacrificios.
¿Sin austeridad?
La vida austera, abnegada, transparente y republicana que llevaron hombres como Balbín, Illia, Sabattini, Larralde y Lebensohn, sólo por nombrar unos pocos, es solamente un lindo recuerdo. No hay un dirigente en toda la Capital que ni siquiera se pueda asemejar a ellos.
¿Sin dirigentes con autoridad? o ¿Ilegítimos?
No tenemos figuras políticas porque el ciudadano que se sintió representado históricamente por las ideas, las conductas y los valores de la Unión Cívica Radical; es una mujer o un hombre pensante, responsable y exigente –cualquiera sea la clase social a la que pertenezca- que hoy no se siente expresado ni contenido por el accionar de nuestra dirigencia.
“Los cuadros activos del partido, en su gestión preponderante, no se dirigieron a la “ voluntad popular” de los argentinos, sino a su “voluntad individual”, subversión y negación democrática”
Moisés Lebensohn
¿Somos conservadores los radicales?
Hemos usado prácticas conservadoras –que es lo mismo que decir peronistas- en las últimas décadas los radicales. Por eso no tenemos legitimidad política. Algunos por ignorancia, otros por conveniencia –los más- usamos herramientas que chocan con lo que el pueblo espera de nosotros.
La gente para votar una copia “trucha” vota al movimiento original; si hubiese radicalismo el pueblo votaría a un partido político: la Unión Cívica Radical.
¿Sin hombres libres?
A la Unión Cívica Radical la apoyaron, y votaron, los hombres libres, los que se sintieron identificados con las revoluciones contra el Régimen que encabezaron nuestros Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen. Los mismos que se sintieron identificados cuando Arturo Illia anuló los leoninos contratos petroleros firmados por Frondizi; o frenó, con la ley de medicamentos, el robo a que se veía expuesto el hombre argentino cuando iba a la farmacia. Éstos, como muchos otros, eran políticos, vivían para hacer política, y no de la política.
La política tiene que servir para mejorarle el nivel de vida al pueblo, no a los funcionarios de turno. Nosotros los radicales somos el partido humanista, nacional y popular que tiene que realizar esta tarea.
¿Se puede hacer política sólo siendo empleado público?
Los hombres que hicieron grande a nuestro partido no estaban permanentemente condicionados por contratos, designaciones o cargos. Decían lo que había que decir, no lo políticamente correcto. Para eso hay que soportar la intemperie cuando se es oposición, si no hay que dedicarse a otra cosa, buscar otros rumbos. Hay infinidad de vocaciones mucho más cómodas y placenteras.
¿Utópico? ¿Ingenuo?
Algunos pensarán que lo escrito es utópico, atemporal, ingenuo y hasta estúpido. Pero si buceamos un poquito en las tres o cuatro últimas elecciones de nuestro distrito, vamos a ver que algunas figuras políticas que en algún momento fueron creíbles, sobre todo de la izquierda, que sin dinero, ni aparato y con muy poca propaganda, obtuvieron entre siete y ocho bancas en la Legislatura de la Ciudad y hasta un par de diputados nacionales.
Los que piensen en la utopía de estos escritos, seguramente serán los que se creen políticos de raza, los pragmáticos a ultranza, los verdaderos hacedores de la “política real”. Demás está decir, que también seguramente pensarán íntimamente que ellos son los verdaderos dirigentes, los mentores políticos e intelectuales de las dos últimas décadas de la UCR posmoderna.
Hay un viejo dicho campestre que grafica bien esta realidad:
“El avestruz nació en el campo, pero no sabe andar a caballo”
¿Los pragmáticos a ultranza, tienen talento político? ¿Cuál fue su legado partidario?
Los resultados hablan por sí mismo, no sólo la ciudadanía porteña nos ha dado la espalda, sino que tenemos un partido anarquizado, desestructurado, desideologizado, sin ideas ni fuerzas espirituales que lo guíen hacia su recuperación. Nadie tiene autoridad para reconstruir, para iluminar, para marcar un rumbo, para pedir que lo acompañen en la tarea de la Reparación.
A partir del 10 de diciembre de este año la UCR no va a tener representación en nuestra Legislatura y es muy probable que ni el senado, ni la cámara de diputados del Congreso Nacional, cuenten con representantes radicales elegidos por el voto de los porteños. Nuestra impericia política es escandalosa. Hemos dilapidado ciento diez y seis años de historia.
Es obvio decir que si por alguna casualidad se filtra algún diputado nuestro por el arrastre de algún extrapartidario salvador en la elección de Octubre, nada va cambiar, sólo será el efecto de un arrastre.
¿Qué hicieron?
Hay dirigentes que durante más de veinte años ocuparon cargos públicos de importancia. Ministros, secretarios de Estado, diputados nacionales, senadores, concejales, legisladores, etc. y hoy ninguno de ellos puede encabezar nuestra Lista 3 porque el resultado sería bochornoso. ¿Qué hicieron durante tantos años de gestión? ¿A qué se dedicaron cuando ejercieron los cargos? ¿Hicieron gestión? ¿Y si la hicieron fueron tan ineficientes?
Como decía Arturo Illia ”todos somos culpables, pero algunos lo son más que otros”. Creo que llegó el momento de bajarnos de la soberbia que nos caracteriza, analizar seriamente los errores cometidos y empezar de nuevo.
¿Sirven los aparatos partidarios? ¿Y los individualistas a ultranza?
Basta de salvaciones individuales y búsqueda de caminos alternativos.
Los “aparatos partidarios” quedó demostrado que, para el voto que nosotros pretendemos, y podemos, captar, no sirven para nada. Las elecciones del 2003 y 2005 son una prueba concluyente, determinante y categórica de ello.
Los que estén dispuestos a cruzar el desierto serán bienvenidos. Hacer política requiere, entre otras tantas cosas, sufrir los efectos de la intemperie. A los políticos con vocación no les importa sentirse desguarnecidos, indefensos, desamparados. Los que no lo soporten, no sirven. Hay clubes de señoritas que los pueden albergar en sus comisiones directivas o despachos oficiales de cualquier gobierno que los pueden cobijar.
Los que sigan pensando en su bien personal, los que especulen pensando que sus ganancias privadas los limitan en la noble tarea de ejercer un cargo público o los que le temen al desamparo de la lucha fuera del calor de los despachos gubernamentales, que se abstengan. Hay cientos de miles de empleados públicos en la Argentina, faltan políticos radicales, están casi extinguidos.
La Unión Cívica Radical necesita de dirigentes con el coraje, la honradez y la idoneidad necesarias para que este glorioso partido vuelva a ser oposición y una opción de poder democrático. Que quede bien claro: coraje, honradez e idoneidad.
¡¡¡Ellos tenían coraje político y libertario!!! ¡¡¡Y votos genuinos!!!
En los tiempos duros de la dictadura peronista hubo cuarenta y cuatro diputados radicales que defendieron la democracia y la libertad desde sus bancas. Sólo quedaron doce, los demás terminaron presos o exiliados.
No había cargos en ningún lugar del Poder Ejecutivo, pero la UCR siguió viva luchando por su honor y el del pueblo. Este pueblo, el de los hombres libres, tenía la posibilidad de sentir el calor que vivificaba sus corazones sólo cada dos años. Ese calor se los daba el poder poner en el sobre eleccionario la Lista 3 de la Unión Cívica Radical.
Había representantes legítimos, que no es lo mismo que legales, que les aseguraban la defensa de su Libertad, de su dignidad republicana. Algunos de ellos murieron en las tribunas gritando a los cuatro vientos su ideario radical.
Miles de ciudadanos los acompañaron tristes en sus entierros, sabiendo que con su desaparición se moría un pedazo de República. Con ellos desaparecían las mentes libres. No había discursos políticamente correctos, se decía lo que había que decir para defender ideas.
Hoy el panorama de pensamiento partidario es sólo de mentes colonizadas. Sólo de, valga la redundancia, mentes colonizadas.
¿Honor?
Si queremos la recuperación del partido vamos a tener que recrear algunas de éstas actitudes y aptitudes. Vamos a tener que volver a sentir el Honor de pertenecer al más viejo de los partidos nacionales que perduraron en el tiempo de los argentinos. Tenemos que recuperar, aunque sea en niveles aceptables, la virtud republicana.
No puede ser todo: individualismo, egoísmo, mediocridad, tilinguería, pacatería, “toma y daca”, comodidad, facilismo, reduccionismo intelectual, conformismo, irresponsabilidad, mitomanía, discursos sin contenido alguno y sólo políticamente correctos, contratos, clientelismo y pobreza ideológica, doctrinaria o como querramos llamarla. Todo artilugio posmoderno nos llevó a estar donde estamos.
Si no va a pasar lo que decía el saludo final de las pocas solicitadas que nos publicaron durante la última dictadura, seremos sólo Un Cálido Recuerdo.
“La política del servicio personal desjerarquiza y desprestigia al sufragio y desjerarquiza todo lo que de ella parte. Los ciudadanos dejan de ser tales, en el concepto cabal del vocablo, para transformarse en meros votantes”
Moisés Lebensohn
Es imposible hacer radicalismo sin radicales. Pero sí es factible hacer radicalismo sin sellos, ni aparatos, que así lo (des)habiliten.*
Julio de 2007.
*cualquier mención al radicalómetro abstenerse: es vieja, decadente, poco creativa y pusilánime.
¿Un Cálido Recuerdo?
Producido por Marcelo Luis Tassara.
“El Régimen de la política del servicio personal y de la exclusión del pueblo en la vida partidaria realiza una selección a la inversa, elimina a los hombres con vocación política y frustra a los que quedan, aniquilando sus aristas ponderables. Sus exponentes parecen fortísimos y son, en verdad, tan débiles, que constantemente deben claudicar en el ejercicio de su ministerio público”
Moisés Lebensohn
La Unión Cívica Radical de la Capital Federal, hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lideró la oposición política durante más de un siglo.
Desde intendentes como José Cantilo, Francisco Rabanal y Julio Saguier hasta el primer jefe de Gobierno con que contó la ciudad, las administraciones radicales fueron un orgullo de nuestro partido y de todos los porteños.
Numerosos concejales radicales, y luego alguno que otro diputado porteño -ya creada la Legislatura-, defendieron los intereses de los vecinos con idoneidad, honradez, pericia, vocación de servicio y espíritu de bien común.
La Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue redactada con el aporte invalorable de la mayoría de estatuyentes radicales.
Hoy esa historia, ese prestigio y esa representación política están al borde de la extinción. En la última elección a jefe de gobierno, celebrada el 3 de junio de 2007, los porteños no tuvimos la posibilidad de votar nuestra histórica Lista 3.
¿Con vergüenza?
En las dos elecciones pasadas la del 2003 y la del 2005 los resultados obtenidos habían sido tan magros, que los radicales de la Capital no nos animamos a sufrir otra derrota aplastante, definitiva, vergonzante.
A otros no los frenó el miedo sino los intereses personales. El estar trabajando para el gobierno de turno, o simplemente estar contratado en alguna dependencia gubernamental, los cohibió de apoyar a una lista integrada por radicales, por mujeres y hombres de la Unión Cívica Radical.
¿Sin militancia?
Nos está faltando, o directamente carecemos, coraje, mística, vocación de servicio, espíritu de sacrificio, conocimientos y ganas de hacer política en serio: convenciendo, persuadiendo y sumando conciencias y voluntades libres. En una palabra: nos está faltando militancia.
La militancia desde una estructura estatal, ya sea en el ejecutivo, en el legislativo o el poder judicial, es una práctica mucho más cercana al peronismo o al conservadurismo. La militancia radical históricamente fue desde el llano. Desde comités, ateneos o bibliotecas públicas –que en realidad funcionaban como locales partidarios durante las dictaduras-. Había radicales trabajando en el Estado, pero eran minoritarios.
Esto tiene que ver con nuestra ideología, no somos un partido estatista, somos un partido intervencionista. No necesitábamos el nicho del Estado para sobrevivir. Por eso teníamos libres pensadores que jaqueaban con ideas, talento, brillantez y vocación de servicio a las dictaduras y gobiernos opositores.
¿Sólo con contratos?
Hoy sólo sabemos hacer política de la mano del reparto de contratos que muchas veces son tan efímeros que no perduran ni siquiera el mandato del gobernante de turno. La enorme sangría que sufrió la UCR no fue ideológica o por descontentos políticos, fue una sangría detrás de contratos en la mayoría de los casos.
“Los reclutadores de votos ocuparon el sitio de los políticos, dejando vacante la función pública”
Moisés Lebensohn
¿Sin intemperie?
Los militantes de la UCR no sabemos vivir a la intemperie. Si hoy hubiese una dictadura en la Argentina un gran porcentaje de nuestros afiliados, ex afiliados y simpatizantes activos trabajaríamos para la administración de turno. Jamás soportaríamos la intemperie de hacer la oposición al tirano, nos callaríamos mansamente ante la evidencia de la buena vida conseguida de la mano de la plata silenciante del Estado opresor.
Los radicales de la Capital hacemos política desde la comodidad de los escritorios y los sueldos del Estado. Por eso no hay figuras políticas.
¿Sin sacrificio?
Todos sabemos del enorme sacrificio que hicieron nuestros grandes hombres. Cárcel, torturas, bolsillos vacíos, persecuciones, exoneraciones, vivir en casas ajenas para no ser detenidos, pérdida física de militantes y hasta de familiares, eran algunas de las vicisitudes que tenían que sufrir para hacer política. Por eso tenían autoridad política y personal.
Hoy cualquiera de nosotros saldría corriendo aterrado ante la mínima amenaza de tener que soportar la centésima parte de alguna de esos ultrajes y sacrificios.
¿Sin austeridad?
La vida austera, abnegada, transparente y republicana que llevaron hombres como Balbín, Illia, Sabattini, Larralde y Lebensohn, sólo por nombrar unos pocos, es solamente un lindo recuerdo. No hay un dirigente en toda la Capital que ni siquiera se pueda asemejar a ellos.
¿Sin dirigentes con autoridad? o ¿Ilegítimos?
No tenemos figuras políticas porque el ciudadano que se sintió representado históricamente por las ideas, las conductas y los valores de la Unión Cívica Radical; es una mujer o un hombre pensante, responsable y exigente –cualquiera sea la clase social a la que pertenezca- que hoy no se siente expresado ni contenido por el accionar de nuestra dirigencia.
“Los cuadros activos del partido, en su gestión preponderante, no se dirigieron a la “ voluntad popular” de los argentinos, sino a su “voluntad individual”, subversión y negación democrática”
Moisés Lebensohn
¿Somos conservadores los radicales?
Hemos usado prácticas conservadoras –que es lo mismo que decir peronistas- en las últimas décadas los radicales. Por eso no tenemos legitimidad política. Algunos por ignorancia, otros por conveniencia –los más- usamos herramientas que chocan con lo que el pueblo espera de nosotros.
La gente para votar una copia “trucha” vota al movimiento original; si hubiese radicalismo el pueblo votaría a un partido político: la Unión Cívica Radical.
¿Sin hombres libres?
A la Unión Cívica Radical la apoyaron, y votaron, los hombres libres, los que se sintieron identificados con las revoluciones contra el Régimen que encabezaron nuestros Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen. Los mismos que se sintieron identificados cuando Arturo Illia anuló los leoninos contratos petroleros firmados por Frondizi; o frenó, con la ley de medicamentos, el robo a que se veía expuesto el hombre argentino cuando iba a la farmacia. Éstos, como muchos otros, eran políticos, vivían para hacer política, y no de la política.
La política tiene que servir para mejorarle el nivel de vida al pueblo, no a los funcionarios de turno. Nosotros los radicales somos el partido humanista, nacional y popular que tiene que realizar esta tarea.
¿Se puede hacer política sólo siendo empleado público?
Los hombres que hicieron grande a nuestro partido no estaban permanentemente condicionados por contratos, designaciones o cargos. Decían lo que había que decir, no lo políticamente correcto. Para eso hay que soportar la intemperie cuando se es oposición, si no hay que dedicarse a otra cosa, buscar otros rumbos. Hay infinidad de vocaciones mucho más cómodas y placenteras.
¿Utópico? ¿Ingenuo?
Algunos pensarán que lo escrito es utópico, atemporal, ingenuo y hasta estúpido. Pero si buceamos un poquito en las tres o cuatro últimas elecciones de nuestro distrito, vamos a ver que algunas figuras políticas que en algún momento fueron creíbles, sobre todo de la izquierda, que sin dinero, ni aparato y con muy poca propaganda, obtuvieron entre siete y ocho bancas en la Legislatura de la Ciudad y hasta un par de diputados nacionales.
Los que piensen en la utopía de estos escritos, seguramente serán los que se creen políticos de raza, los pragmáticos a ultranza, los verdaderos hacedores de la “política real”. Demás está decir, que también seguramente pensarán íntimamente que ellos son los verdaderos dirigentes, los mentores políticos e intelectuales de las dos últimas décadas de la UCR posmoderna.
Hay un viejo dicho campestre que grafica bien esta realidad:
“El avestruz nació en el campo, pero no sabe andar a caballo”
¿Los pragmáticos a ultranza, tienen talento político? ¿Cuál fue su legado partidario?
Los resultados hablan por sí mismo, no sólo la ciudadanía porteña nos ha dado la espalda, sino que tenemos un partido anarquizado, desestructurado, desideologizado, sin ideas ni fuerzas espirituales que lo guíen hacia su recuperación. Nadie tiene autoridad para reconstruir, para iluminar, para marcar un rumbo, para pedir que lo acompañen en la tarea de la Reparación.
A partir del 10 de diciembre de este año la UCR no va a tener representación en nuestra Legislatura y es muy probable que ni el senado, ni la cámara de diputados del Congreso Nacional, cuenten con representantes radicales elegidos por el voto de los porteños. Nuestra impericia política es escandalosa. Hemos dilapidado ciento diez y seis años de historia.
Es obvio decir que si por alguna casualidad se filtra algún diputado nuestro por el arrastre de algún extrapartidario salvador en la elección de Octubre, nada va cambiar, sólo será el efecto de un arrastre.
¿Qué hicieron?
Hay dirigentes que durante más de veinte años ocuparon cargos públicos de importancia. Ministros, secretarios de Estado, diputados nacionales, senadores, concejales, legisladores, etc. y hoy ninguno de ellos puede encabezar nuestra Lista 3 porque el resultado sería bochornoso. ¿Qué hicieron durante tantos años de gestión? ¿A qué se dedicaron cuando ejercieron los cargos? ¿Hicieron gestión? ¿Y si la hicieron fueron tan ineficientes?
Como decía Arturo Illia ”todos somos culpables, pero algunos lo son más que otros”. Creo que llegó el momento de bajarnos de la soberbia que nos caracteriza, analizar seriamente los errores cometidos y empezar de nuevo.
¿Sirven los aparatos partidarios? ¿Y los individualistas a ultranza?
Basta de salvaciones individuales y búsqueda de caminos alternativos.
Los “aparatos partidarios” quedó demostrado que, para el voto que nosotros pretendemos, y podemos, captar, no sirven para nada. Las elecciones del 2003 y 2005 son una prueba concluyente, determinante y categórica de ello.
Los que estén dispuestos a cruzar el desierto serán bienvenidos. Hacer política requiere, entre otras tantas cosas, sufrir los efectos de la intemperie. A los políticos con vocación no les importa sentirse desguarnecidos, indefensos, desamparados. Los que no lo soporten, no sirven. Hay clubes de señoritas que los pueden albergar en sus comisiones directivas o despachos oficiales de cualquier gobierno que los pueden cobijar.
Los que sigan pensando en su bien personal, los que especulen pensando que sus ganancias privadas los limitan en la noble tarea de ejercer un cargo público o los que le temen al desamparo de la lucha fuera del calor de los despachos gubernamentales, que se abstengan. Hay cientos de miles de empleados públicos en la Argentina, faltan políticos radicales, están casi extinguidos.
La Unión Cívica Radical necesita de dirigentes con el coraje, la honradez y la idoneidad necesarias para que este glorioso partido vuelva a ser oposición y una opción de poder democrático. Que quede bien claro: coraje, honradez e idoneidad.
¡¡¡Ellos tenían coraje político y libertario!!! ¡¡¡Y votos genuinos!!!
En los tiempos duros de la dictadura peronista hubo cuarenta y cuatro diputados radicales que defendieron la democracia y la libertad desde sus bancas. Sólo quedaron doce, los demás terminaron presos o exiliados.
No había cargos en ningún lugar del Poder Ejecutivo, pero la UCR siguió viva luchando por su honor y el del pueblo. Este pueblo, el de los hombres libres, tenía la posibilidad de sentir el calor que vivificaba sus corazones sólo cada dos años. Ese calor se los daba el poder poner en el sobre eleccionario la Lista 3 de la Unión Cívica Radical.
Había representantes legítimos, que no es lo mismo que legales, que les aseguraban la defensa de su Libertad, de su dignidad republicana. Algunos de ellos murieron en las tribunas gritando a los cuatro vientos su ideario radical.
Miles de ciudadanos los acompañaron tristes en sus entierros, sabiendo que con su desaparición se moría un pedazo de República. Con ellos desaparecían las mentes libres. No había discursos políticamente correctos, se decía lo que había que decir para defender ideas.
Hoy el panorama de pensamiento partidario es sólo de mentes colonizadas. Sólo de, valga la redundancia, mentes colonizadas.
¿Honor?
Si queremos la recuperación del partido vamos a tener que recrear algunas de éstas actitudes y aptitudes. Vamos a tener que volver a sentir el Honor de pertenecer al más viejo de los partidos nacionales que perduraron en el tiempo de los argentinos. Tenemos que recuperar, aunque sea en niveles aceptables, la virtud republicana.
No puede ser todo: individualismo, egoísmo, mediocridad, tilinguería, pacatería, “toma y daca”, comodidad, facilismo, reduccionismo intelectual, conformismo, irresponsabilidad, mitomanía, discursos sin contenido alguno y sólo políticamente correctos, contratos, clientelismo y pobreza ideológica, doctrinaria o como querramos llamarla. Todo artilugio posmoderno nos llevó a estar donde estamos.
Si no va a pasar lo que decía el saludo final de las pocas solicitadas que nos publicaron durante la última dictadura, seremos sólo Un Cálido Recuerdo.
“La política del servicio personal desjerarquiza y desprestigia al sufragio y desjerarquiza todo lo que de ella parte. Los ciudadanos dejan de ser tales, en el concepto cabal del vocablo, para transformarse en meros votantes”
Moisés Lebensohn
Es imposible hacer radicalismo sin radicales. Pero sí es factible hacer radicalismo sin sellos, ni aparatos, que así lo (des)habiliten.*
Julio de 2007.
*cualquier mención al radicalómetro abstenerse: es vieja, decadente, poco creativa y pusilánime.
miércoles, 16 de julio de 2008
La Unión Cívica Radical y su futuro político
La Unión Cívica Radical y su futuro político.
Producido por Marcelo L. Tassara
Breve reseña histórica.
La creación de la UCR en la última parte del siglo XIX tuvo que ver con una crisis parecida a la actual, a grandes rasgos excesos en la emisión de moneda llevaron al país a una pésima situación socio- económica. A esto se sumaba una gran corruptela del gobierno de turno que, encabezado por Juárez Celman, había roto con las reglas éticas que toda dirigencia debe exhibir ante la sociedad.
Hombres como Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen, Aristóbulo del Valle, José M. de Estrada tal vez no pensaran ideológicamente de la misma forma, pero tenían valores que hoy escasean en la gran mayoría de nuestra dirigencia. Estos hombres tuvieron la voluntad, la inteligencia, el talento y la decisión de crear algo nuevo, algo que, aunque luego muchos claudicaron, dos décadas y media después logró llegar al poder máximo de la Nación para producir un cambio sustancial en la política nacional.
Ellos lograron por primera vez que un gobierno elegido por el pueblo (palabra que tenemos que volver a usarla porque es mucho más representativa que la palabra gente), a través del voto secreto, obligatorio y universal; signara los destinos de la República.
Diagnóstico de la situación actual.
Luego de la infructuosa caída, por llamarla de alguna manera, del gobierno de De la Rúa, el panorama político que tenemos que afrontar los radicales es de una negrura muy profunda, casi sepulcral. Es la segunda vez, desde que se reinstauró la democracia en el año 1983, que un gobierno radical tiene que dejar el poder antes de vencido el período que la Constitución lo habilita para ejercerlo.
El gobierno que espiró el 20 de diciembre pasado, poco tuvo que ver con la concepción histórica, ideológica y filosófica para lo que fue creada la UCR. El nuestro es un partido antropocéntrico, humanístico, dónde, redundando para ser bien elocuente, el hombre es el destinatario central de nuestra acción política.
Mucha gente, en su desconocimiento, dice que las doctrinas peronistas y radical son parecidas, puede ser que algunas visiones que tienen que ver con lo social, hagan que superficialmente lo parezcan. Pero haciendo un análisis un poco más profundo, y si queremos salvar al partido vamos a tener que pensar muy profundamente, se acabó el pensamiento "liviano" en los difícilísimos tiempos que vivimos; poco tienen que ver la una con la otra.
A nuestro partido lo comenzaron a nutrir ideológicamente dos profesores de filosofía como fueron Alem e Yrigoyen, el primero desde su pensamiento kantiano de firmes valores éticos y morales, el segundo desde el krausismo con valores similares dónde por ejemplo la educación era un valor superior a llevar adelante como política de Estado, como factor de superación y movilidad social. ¡Que lejos estamos hoy de esta premisa fundamental!, ya ni siquiera desde lo ético o moral, sino desde el más crudo pragmatismo, porque todos sabemos que los países desarrollados, sin excepción, apostaron a la educación para seguir el rumbo correcto hacia el desarrollo.
Mientras que el peronismo siempre fue un partido con bases filosóficas hegelianas dónde el Estado está por sobre todo, si queremos un ejemplo claro de esto leamos o escuchemos cualquier discurso de un dirigente peronista o un sindicalista de la CGT, dónde vamos a escuchar decir: "primero la patria, segundo el movimiento y por último los hombres ". Nosotros los radicales, aunque lo tenemos muy olvidado, pensamos que la patria tiene fundamentalmente que ver con el bienestar de los seres humanos que la habitan, si esos hombres, mujeres y niños no tiene ni siquiera sus necesidades básicas satisfechas, la patria es sólo mera geografía.
La famosa frase de Yrigoyen al Presidente Hoover ”Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos”, resume muy bien nuestra filosofía política.
Si desde una función de gobierno no podemos mejorarle la calidad de vida a nuestro pueblo, en nada nos diferenciamos de un gobierno conservador. Un primer ministro inglés dijo por allá a fines del siglo XIX que, "un gobierno conservador no es nada más que una hipocresía organizada".
Este partido hoy con serias posibilidades de extinguirse, fue la única expresión de un liberalismo en serio en la Argentina. Que quede bien claro, estoy hablando de liberalismo y no de conservadurismo, ya que de esto sí tenemos innumerables expresiones políticas en nuestro país, el peronismo entre ellas. El liberalismo como expresión progresista, de defensa de las libertades públicas, la igualdad ante la justicia, la redistribución del ingreso y el intervensionismo estatal (que no es lo mismo que ser estatista) para que pueda existir una real libertad de mercados, que en serio promueva la competencia y no el reinado de los monopolios y oligopolios.
En una palabra el Estado al servicio del Hombre y no como un instrumento de coacción del poder económico para esquilmar al pueblo. El Estado moderno, en los países democráticos, fue pensado como una herramienta para la defensa y protección del ciudadano ante el poder corporativo. Esa fue la concepción política histórica del radicalismo, el Estado para enaltecer la condición humana, no para denigrarla.
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Lamentablemente ese conservadurismo está fuertemente instalado en las entrañas más profundas de nuestro partido, hecho que lo ha hecho perder no sólo caudal electoral, sino poder social. No tenemos, o hemos rifado, el verdadero poder que tiene un partido político que es la fuerte adhesión de ciertos sectores de la sociedad. La clase media que históricamente apoyó al radicalismo hoy nos detesta profundamente.
Ese conservadorismo ha inmovilizado a las estructuras del partido y ha destruido el espíritu militante de su gente. Para qué ir a un comité, o a un plenario, o a las reuniones de la convención del partido en cualquiera de las circunscripciones; si hay un discurso único. Hay que apoyar incondicionalmente, los grandes dirigentes tienen la verdad, no hay nada que discutir, hay una única verdad, se acabaron las ideologías, los hombres no piensan más, hay que ajustar, ajustar y ajustar. Así estamos vaciados de ideas y fuertemente cuestionados por todos los sectores de la sociedad. La reconstrucción será difícil y de algo tenemos que estar seguros, lo que nosotros no hagamos, lo que no evolucionemos, alguien lo va a hacer. Y si ese alguien tiene llegada a la sociedad será nuestro natural reemplazo.
Este es un partido cuya vida ocupó más de la mitad de la historia de la Nación, fue un partido revolucionario que produjo cambios fundamentales en nuestra vida política; ocupamos seis veces la Presidencia de la Nación, nuestros pensadores nutrieron con ideas de lujo los documentos, leyes, decretos o doctrinas políticas que rigen los destinos de la República. Hoy estamos reducidos a una fuerza anémica, sin prestigio, sin rumbo y sin ideas.
Los intelectuales, políticos, profesionales y militantes que otrora nutrieron al partido de sentido social, humano, político e intelectual fueron de la más alta erudición y honorabilidad. Tenían un profundo sentido republicano, lo que se traducía en la acción a través de una vocación de servicio que conducía inexorablemente a la obtención del bien común. En los días que corren este rumbo se ha desviado y el único bien a dónde se apunta es al bien personal, por supuesto que con un montón de excepciones que son las que, de alguna forma, sostienen lo poco que queda de partido y de sistema democrático.
Alguna vez los radicales tuvimos como rumbo a seguir, ya reinstaurada la democracia, algo así como lo que nuestros pensadores definieron como la "ética de la solidaridad", que tal vez visto desde el pragmatismo imperante parezca una utopía y hasta una ingenuidad superlativa, ¿pero hoy cuál es nuestra línea de acción política?, ¿para qué hacemos política?, ¿cual es la razón por la cual tenemos que seguir existiendo?, ¿qué le podemos ofrecer a la sociedad?. Esto es fundamental tenerlo muy claro, no existe partido que gobierne o haya gobernado bien en el mundo que no tenga en claro cuál es su ideología, hacia dónde quiere ir, cuál es su meta. Con esto no quiero decir que lo ideológico no sea dinámico y que los partidos tengan que modernizarse, pero si no hay una noción clara de cuál es el rumbo, pasan las cosas que pasaron.
Es común escuchar en esta última década y media que, de la mano de los ideólogos neoconservadores (observar que digo ideólogos), se dice que se acabaron las ideologías y significativamente hablan del "último hombre". Decir que las ideologías se terminaron es como decir que el hombre no piensa más, es condenarlo a vivir cohesionado por las leyes del mercado, es volver al “estado de naturaleza”, a la ley de la selva, al hombre de las cavernas, a tirar por la borda más de dos siglos de luchas sociales. Es un insulto a la inteligencia humana.
Para nosotros es como decir que Alem, Yrigoyen, Lebensohn, Larralde, Illia, sólo por nombrar a algunos, eran unos estúpidos que se deliraron trabajando por lograr el desarrollo humano del pueblo.
Una de las causas fundamentales de las cosas que ocurrieron tienen que ver con el reduccionismo intelectual que sufrió nuestro partido a partir de su conservadorización, hay dirigentes que leyeron sólo los títulos de algunos libros y dijeron que se habían acabado las ideologías, que todo tenía que ser lineal y la política sólo sirve para administrar, ni siquiera eso pudimos hacer bien, el presupuesto del Estado y que sus cuentas estén en equilibrio.
Gobernar es muchísimo más complejo que administrar (esto lo puede hacer cualquier experimentado y eficiente contador), para gobernar bien se necesita por lo menos algo parecido a un estadista . Un estadista tiene que saber de economía, sociología, derecho, psicología, gerenciamiento gubernamental, cultura, educación y otros tantos saberes que lo hagan tener la capacidad de análisis, el pensamiento estratégico correcto y la capacidad de tomar decisiones que conduzcan al país hacia rumbos de grandeza.. Además tiene que tener un equipo de excelencia que lo acompañe, no que lo siga, con la suficiente capacidad de crítica como para señalarle en qué se puede equivocar y cuál es el camino. De más está decir que este señor estadista entre tantas virtudes hay una que no puede dejar de tener, tiene que ser un gran escuchador, hemos hablado mucho y escuchado poco los radicales en los últimos tiempos..
Este hombre que parece difícil de encontrar en el universo político argentino actual, lo tienen países como Brasil, Chile y Uruguay por nombrar algunos de los más cercanos. Nuestro partido produjo algunos de estos hombres, Yrigoyen e Illia son un ejemplo elocuente, pero esa aparición no es sólo consecuencia de un hecho fortuito o de generación espontánea; el tener un estadista es la consecuencia de trabajar en la dirección correcta durante muchos años. Es tener un sistema de selección eficiente de los candidatos y funcionarios que van a ocupar los diferentes cargos, ya sea a nivel municipal, provincial o nacional.
Se necesita todo un partido en sintonía para lograr tener un gran director de orquesta, no se puede inventar o improvisar. En esta carencia también está la mano de los que conservadorizaron la Unión Cívica Radical. Dice Kurt Lenk en su libro "El concepto de la Ideología" : "Muy pocos espíritus libres pueden soportar la verdad; para la masa, en cambio, son indispensables el mito y la mentira consoladora", este camino expresado en esta corta frase es el que recorrimos en estos últimos años.
Se subió al más alto peldaño de la política nacional, sin un programa de gobierno, sin plan económico, sin equipos, si los hubo en algún área fueron pocos, que supieran mínimamente cuál era el rumbo a seguir, qué era lo que había que hacer, se improvisó todo, la irresponsabilidad fue el signo de nuestro gobierno. El fin de esta improvisación fue Cavallo Ministro de Economía, así nos fue..
El llegar al poder fue un fin en sí mismo; después gobernar de alguna forma lo íbamos a hacer, somos demasiados capaces los radicales como para no sortear tamaña pavada.
Para evitar que, si alguna vez volvemos a ser gobierno, ocurra esto de nuevo tenemos que producir un cambio profundo de nuestra concepción política y reformas estructurales dentro del partido. Este cambio es muy difícil hacerlo por qué va a necesitar de renunciamientos y grandezas que, creo, ninguno de los que tuvieron responsabilidad directa en el mal rumbo seguido vayan a asumir. Pero alguien tiene que por lo menos decirlo. Algo sí está claro, si el cambio no se produce será muy difícil salir del coma cuatro en que está sumida la UCR. Seremos un partidito de entre el 5 y el 10% de los votos, sin destino y sin poder de decisión sobre la historia a venir.
Algunas propuestas para el cambio.
I) Participación
Como primera acción hay que organizar foros de debates para escuchar a los militantes de base , de dónde salgan ideas originales para ver hacia dónde puede estar el cambio.
II) Autocrítica
Está claro que para refundar el partido hacen falta mucho coraje y honestidad intelectual para asumir culpas; y mucho talento e inteligencia para reinterpretar a la sociedad, y pensar en como se cierran las heridas que abrimos en la trama social, y cuál es la nueva propuesta.
Los maquillajes ya sabemos que son irreproducibles y obsoletos, la sociedad se cansó de los gatopardismos, y un intento de volver a recrearlos es el suicidio político definitivo.
III) Reempadronamiento
Luego de producido este diagnóstico, hay que reempadronar en todo el país, saber exactamente con que contamos realmente, cuantos y quienes somos en cada distrito.
IV) Actualización doctrinaria
Como paso siguiente hay que volver a discutir nuestra doctrina, que somos los radicales, para qué nuestra acción política, en dónde estamos parados en lo cultural, en lo científico, en lo educativo, en lo social, en lo económico, etc..
V) Contenidos de campaña
Hay que determinar si tienen sentido seguir existiendo, si tenemos una propuesta seria para la sociedad, del porqué la gente tiene que votarnos, qué le vamos a cambiar si algún día volvemos al gobierno. Ya no hay espacios para esloganes vacíos y marketineros, eso es, por suerte, tiempo pasado y muy triste, hoy tenemos que volver a ser serios y trabajar duramente en propuestas viables; tenemos la casi imposible misión de volver a ser creíbles.
Vamos tener que decirle al pueblo argentino que no sólo podemos volver a ser una opción electoral, sino un instrumento genuino, para que ese pueblo pueda tener expectativa de una vida más digna, de volver a tener futuro.
Si no podemos llegar a estas definiciones conceptuales básicas no vale la pena seguir adelante, no hay destino posible, sólo seremos una entelequia con pretensiones electorales.
Para ser muy pragmáticos, la lupa con que el electorado visualizará a cada uno de los candidatos y propuestas de cada partido en las próximas elecciones será gigante, sino cambiamos sustancialmente sólo tendremos eso, pretensiones electorales.
VI) Criterios de idoneidad
Una vez de hecha esta enorme tarea, que llevará mucho tiempo, de ver cuantos somos, que es lo que queremos, que proponemos y cómo lograrlo; hay que formar los cuadros para que se pueda bien gobernar el día que se vuelva a tener la oportunidad. El partido va a tener que tener un ámbito de formación de esos cuadros, que no sólo tiene que servir para la formación, sino para la selección de los más capacitados para ejercer tareas de gobierno.
VII) Planificación
Además de ese ámbito tendrán que salir los programas de gobierno y los proyectos para hacer que este país vuelva a tener un destino.
El último gobernante que tuvo un plan integral fue Arturo Illia, han pasado treinta y nueve años y nadie a trabajado en serio en un proyecto de esta dimensión, creo que un comentario al respecto es de tanto obviedad que es preferible no hacerlo.
VIII) Buscar un nuevo sistema para la elección de candidatos
La última misión que tendremos que asumir es el cambio del sistema en la elección de los candidatos para cargos electivos y partidarios, las soluciones son muchas y variadas, pero hay que elegir alguna que asegure la renovación de los dirigentes también sin gatopardismos, la enorme lupa de la sociedad lo detectaría inmediatamente.
Si los radicales podemos hacer estos cambios en medio de esta profunda crisis que vivimos, las crisis siempre son una oportunidad, podremos con el tiempo volver a ser una opción de transformación social, de que los argentinos podamos volver a tener una esperanza de un destino más promisorio.
Si no podemos, tal vez sólo nos transformemos en esa frase que marcó una forma de comunicarnos en la noche negra de la dictadura más cruel que vivió nuestra sociedad. Espero que esas tres palabras, con que se concluía, como saludo para identificarnos, las pocas solicitadas que los radicales pudimos publicar en la prensa de esa época; no se conviertan en algo definitivo en la historia argentina, Un Cálido Recuerdo.
Marzo de 2002.
Producido por Marcelo L. Tassara
Breve reseña histórica.
La creación de la UCR en la última parte del siglo XIX tuvo que ver con una crisis parecida a la actual, a grandes rasgos excesos en la emisión de moneda llevaron al país a una pésima situación socio- económica. A esto se sumaba una gran corruptela del gobierno de turno que, encabezado por Juárez Celman, había roto con las reglas éticas que toda dirigencia debe exhibir ante la sociedad.
Hombres como Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen, Aristóbulo del Valle, José M. de Estrada tal vez no pensaran ideológicamente de la misma forma, pero tenían valores que hoy escasean en la gran mayoría de nuestra dirigencia. Estos hombres tuvieron la voluntad, la inteligencia, el talento y la decisión de crear algo nuevo, algo que, aunque luego muchos claudicaron, dos décadas y media después logró llegar al poder máximo de la Nación para producir un cambio sustancial en la política nacional.
Ellos lograron por primera vez que un gobierno elegido por el pueblo (palabra que tenemos que volver a usarla porque es mucho más representativa que la palabra gente), a través del voto secreto, obligatorio y universal; signara los destinos de la República.
Diagnóstico de la situación actual.
Luego de la infructuosa caída, por llamarla de alguna manera, del gobierno de De la Rúa, el panorama político que tenemos que afrontar los radicales es de una negrura muy profunda, casi sepulcral. Es la segunda vez, desde que se reinstauró la democracia en el año 1983, que un gobierno radical tiene que dejar el poder antes de vencido el período que la Constitución lo habilita para ejercerlo.
El gobierno que espiró el 20 de diciembre pasado, poco tuvo que ver con la concepción histórica, ideológica y filosófica para lo que fue creada la UCR. El nuestro es un partido antropocéntrico, humanístico, dónde, redundando para ser bien elocuente, el hombre es el destinatario central de nuestra acción política.
Mucha gente, en su desconocimiento, dice que las doctrinas peronistas y radical son parecidas, puede ser que algunas visiones que tienen que ver con lo social, hagan que superficialmente lo parezcan. Pero haciendo un análisis un poco más profundo, y si queremos salvar al partido vamos a tener que pensar muy profundamente, se acabó el pensamiento "liviano" en los difícilísimos tiempos que vivimos; poco tienen que ver la una con la otra.
A nuestro partido lo comenzaron a nutrir ideológicamente dos profesores de filosofía como fueron Alem e Yrigoyen, el primero desde su pensamiento kantiano de firmes valores éticos y morales, el segundo desde el krausismo con valores similares dónde por ejemplo la educación era un valor superior a llevar adelante como política de Estado, como factor de superación y movilidad social. ¡Que lejos estamos hoy de esta premisa fundamental!, ya ni siquiera desde lo ético o moral, sino desde el más crudo pragmatismo, porque todos sabemos que los países desarrollados, sin excepción, apostaron a la educación para seguir el rumbo correcto hacia el desarrollo.
Mientras que el peronismo siempre fue un partido con bases filosóficas hegelianas dónde el Estado está por sobre todo, si queremos un ejemplo claro de esto leamos o escuchemos cualquier discurso de un dirigente peronista o un sindicalista de la CGT, dónde vamos a escuchar decir: "primero la patria, segundo el movimiento y por último los hombres ". Nosotros los radicales, aunque lo tenemos muy olvidado, pensamos que la patria tiene fundamentalmente que ver con el bienestar de los seres humanos que la habitan, si esos hombres, mujeres y niños no tiene ni siquiera sus necesidades básicas satisfechas, la patria es sólo mera geografía.
La famosa frase de Yrigoyen al Presidente Hoover ”Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos”, resume muy bien nuestra filosofía política.
Si desde una función de gobierno no podemos mejorarle la calidad de vida a nuestro pueblo, en nada nos diferenciamos de un gobierno conservador. Un primer ministro inglés dijo por allá a fines del siglo XIX que, "un gobierno conservador no es nada más que una hipocresía organizada".
Este partido hoy con serias posibilidades de extinguirse, fue la única expresión de un liberalismo en serio en la Argentina. Que quede bien claro, estoy hablando de liberalismo y no de conservadurismo, ya que de esto sí tenemos innumerables expresiones políticas en nuestro país, el peronismo entre ellas. El liberalismo como expresión progresista, de defensa de las libertades públicas, la igualdad ante la justicia, la redistribución del ingreso y el intervensionismo estatal (que no es lo mismo que ser estatista) para que pueda existir una real libertad de mercados, que en serio promueva la competencia y no el reinado de los monopolios y oligopolios.
En una palabra el Estado al servicio del Hombre y no como un instrumento de coacción del poder económico para esquilmar al pueblo. El Estado moderno, en los países democráticos, fue pensado como una herramienta para la defensa y protección del ciudadano ante el poder corporativo. Esa fue la concepción política histórica del radicalismo, el Estado para enaltecer la condición humana, no para denigrarla.
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Lamentablemente ese conservadurismo está fuertemente instalado en las entrañas más profundas de nuestro partido, hecho que lo ha hecho perder no sólo caudal electoral, sino poder social. No tenemos, o hemos rifado, el verdadero poder que tiene un partido político que es la fuerte adhesión de ciertos sectores de la sociedad. La clase media que históricamente apoyó al radicalismo hoy nos detesta profundamente.
Ese conservadorismo ha inmovilizado a las estructuras del partido y ha destruido el espíritu militante de su gente. Para qué ir a un comité, o a un plenario, o a las reuniones de la convención del partido en cualquiera de las circunscripciones; si hay un discurso único. Hay que apoyar incondicionalmente, los grandes dirigentes tienen la verdad, no hay nada que discutir, hay una única verdad, se acabaron las ideologías, los hombres no piensan más, hay que ajustar, ajustar y ajustar. Así estamos vaciados de ideas y fuertemente cuestionados por todos los sectores de la sociedad. La reconstrucción será difícil y de algo tenemos que estar seguros, lo que nosotros no hagamos, lo que no evolucionemos, alguien lo va a hacer. Y si ese alguien tiene llegada a la sociedad será nuestro natural reemplazo.
Este es un partido cuya vida ocupó más de la mitad de la historia de la Nación, fue un partido revolucionario que produjo cambios fundamentales en nuestra vida política; ocupamos seis veces la Presidencia de la Nación, nuestros pensadores nutrieron con ideas de lujo los documentos, leyes, decretos o doctrinas políticas que rigen los destinos de la República. Hoy estamos reducidos a una fuerza anémica, sin prestigio, sin rumbo y sin ideas.
Los intelectuales, políticos, profesionales y militantes que otrora nutrieron al partido de sentido social, humano, político e intelectual fueron de la más alta erudición y honorabilidad. Tenían un profundo sentido republicano, lo que se traducía en la acción a través de una vocación de servicio que conducía inexorablemente a la obtención del bien común. En los días que corren este rumbo se ha desviado y el único bien a dónde se apunta es al bien personal, por supuesto que con un montón de excepciones que son las que, de alguna forma, sostienen lo poco que queda de partido y de sistema democrático.
Alguna vez los radicales tuvimos como rumbo a seguir, ya reinstaurada la democracia, algo así como lo que nuestros pensadores definieron como la "ética de la solidaridad", que tal vez visto desde el pragmatismo imperante parezca una utopía y hasta una ingenuidad superlativa, ¿pero hoy cuál es nuestra línea de acción política?, ¿para qué hacemos política?, ¿cual es la razón por la cual tenemos que seguir existiendo?, ¿qué le podemos ofrecer a la sociedad?. Esto es fundamental tenerlo muy claro, no existe partido que gobierne o haya gobernado bien en el mundo que no tenga en claro cuál es su ideología, hacia dónde quiere ir, cuál es su meta. Con esto no quiero decir que lo ideológico no sea dinámico y que los partidos tengan que modernizarse, pero si no hay una noción clara de cuál es el rumbo, pasan las cosas que pasaron.
Es común escuchar en esta última década y media que, de la mano de los ideólogos neoconservadores (observar que digo ideólogos), se dice que se acabaron las ideologías y significativamente hablan del "último hombre". Decir que las ideologías se terminaron es como decir que el hombre no piensa más, es condenarlo a vivir cohesionado por las leyes del mercado, es volver al “estado de naturaleza”, a la ley de la selva, al hombre de las cavernas, a tirar por la borda más de dos siglos de luchas sociales. Es un insulto a la inteligencia humana.
Para nosotros es como decir que Alem, Yrigoyen, Lebensohn, Larralde, Illia, sólo por nombrar a algunos, eran unos estúpidos que se deliraron trabajando por lograr el desarrollo humano del pueblo.
Una de las causas fundamentales de las cosas que ocurrieron tienen que ver con el reduccionismo intelectual que sufrió nuestro partido a partir de su conservadorización, hay dirigentes que leyeron sólo los títulos de algunos libros y dijeron que se habían acabado las ideologías, que todo tenía que ser lineal y la política sólo sirve para administrar, ni siquiera eso pudimos hacer bien, el presupuesto del Estado y que sus cuentas estén en equilibrio.
Gobernar es muchísimo más complejo que administrar (esto lo puede hacer cualquier experimentado y eficiente contador), para gobernar bien se necesita por lo menos algo parecido a un estadista . Un estadista tiene que saber de economía, sociología, derecho, psicología, gerenciamiento gubernamental, cultura, educación y otros tantos saberes que lo hagan tener la capacidad de análisis, el pensamiento estratégico correcto y la capacidad de tomar decisiones que conduzcan al país hacia rumbos de grandeza.. Además tiene que tener un equipo de excelencia que lo acompañe, no que lo siga, con la suficiente capacidad de crítica como para señalarle en qué se puede equivocar y cuál es el camino. De más está decir que este señor estadista entre tantas virtudes hay una que no puede dejar de tener, tiene que ser un gran escuchador, hemos hablado mucho y escuchado poco los radicales en los últimos tiempos..
Este hombre que parece difícil de encontrar en el universo político argentino actual, lo tienen países como Brasil, Chile y Uruguay por nombrar algunos de los más cercanos. Nuestro partido produjo algunos de estos hombres, Yrigoyen e Illia son un ejemplo elocuente, pero esa aparición no es sólo consecuencia de un hecho fortuito o de generación espontánea; el tener un estadista es la consecuencia de trabajar en la dirección correcta durante muchos años. Es tener un sistema de selección eficiente de los candidatos y funcionarios que van a ocupar los diferentes cargos, ya sea a nivel municipal, provincial o nacional.
Se necesita todo un partido en sintonía para lograr tener un gran director de orquesta, no se puede inventar o improvisar. En esta carencia también está la mano de los que conservadorizaron la Unión Cívica Radical. Dice Kurt Lenk en su libro "El concepto de la Ideología" : "Muy pocos espíritus libres pueden soportar la verdad; para la masa, en cambio, son indispensables el mito y la mentira consoladora", este camino expresado en esta corta frase es el que recorrimos en estos últimos años.
Se subió al más alto peldaño de la política nacional, sin un programa de gobierno, sin plan económico, sin equipos, si los hubo en algún área fueron pocos, que supieran mínimamente cuál era el rumbo a seguir, qué era lo que había que hacer, se improvisó todo, la irresponsabilidad fue el signo de nuestro gobierno. El fin de esta improvisación fue Cavallo Ministro de Economía, así nos fue..
El llegar al poder fue un fin en sí mismo; después gobernar de alguna forma lo íbamos a hacer, somos demasiados capaces los radicales como para no sortear tamaña pavada.
Para evitar que, si alguna vez volvemos a ser gobierno, ocurra esto de nuevo tenemos que producir un cambio profundo de nuestra concepción política y reformas estructurales dentro del partido. Este cambio es muy difícil hacerlo por qué va a necesitar de renunciamientos y grandezas que, creo, ninguno de los que tuvieron responsabilidad directa en el mal rumbo seguido vayan a asumir. Pero alguien tiene que por lo menos decirlo. Algo sí está claro, si el cambio no se produce será muy difícil salir del coma cuatro en que está sumida la UCR. Seremos un partidito de entre el 5 y el 10% de los votos, sin destino y sin poder de decisión sobre la historia a venir.
Algunas propuestas para el cambio.
I) Participación
Como primera acción hay que organizar foros de debates para escuchar a los militantes de base , de dónde salgan ideas originales para ver hacia dónde puede estar el cambio.
II) Autocrítica
Está claro que para refundar el partido hacen falta mucho coraje y honestidad intelectual para asumir culpas; y mucho talento e inteligencia para reinterpretar a la sociedad, y pensar en como se cierran las heridas que abrimos en la trama social, y cuál es la nueva propuesta.
Los maquillajes ya sabemos que son irreproducibles y obsoletos, la sociedad se cansó de los gatopardismos, y un intento de volver a recrearlos es el suicidio político definitivo.
III) Reempadronamiento
Luego de producido este diagnóstico, hay que reempadronar en todo el país, saber exactamente con que contamos realmente, cuantos y quienes somos en cada distrito.
IV) Actualización doctrinaria
Como paso siguiente hay que volver a discutir nuestra doctrina, que somos los radicales, para qué nuestra acción política, en dónde estamos parados en lo cultural, en lo científico, en lo educativo, en lo social, en lo económico, etc..
V) Contenidos de campaña
Hay que determinar si tienen sentido seguir existiendo, si tenemos una propuesta seria para la sociedad, del porqué la gente tiene que votarnos, qué le vamos a cambiar si algún día volvemos al gobierno. Ya no hay espacios para esloganes vacíos y marketineros, eso es, por suerte, tiempo pasado y muy triste, hoy tenemos que volver a ser serios y trabajar duramente en propuestas viables; tenemos la casi imposible misión de volver a ser creíbles.
Vamos tener que decirle al pueblo argentino que no sólo podemos volver a ser una opción electoral, sino un instrumento genuino, para que ese pueblo pueda tener expectativa de una vida más digna, de volver a tener futuro.
Si no podemos llegar a estas definiciones conceptuales básicas no vale la pena seguir adelante, no hay destino posible, sólo seremos una entelequia con pretensiones electorales.
Para ser muy pragmáticos, la lupa con que el electorado visualizará a cada uno de los candidatos y propuestas de cada partido en las próximas elecciones será gigante, sino cambiamos sustancialmente sólo tendremos eso, pretensiones electorales.
VI) Criterios de idoneidad
Una vez de hecha esta enorme tarea, que llevará mucho tiempo, de ver cuantos somos, que es lo que queremos, que proponemos y cómo lograrlo; hay que formar los cuadros para que se pueda bien gobernar el día que se vuelva a tener la oportunidad. El partido va a tener que tener un ámbito de formación de esos cuadros, que no sólo tiene que servir para la formación, sino para la selección de los más capacitados para ejercer tareas de gobierno.
VII) Planificación
Además de ese ámbito tendrán que salir los programas de gobierno y los proyectos para hacer que este país vuelva a tener un destino.
El último gobernante que tuvo un plan integral fue Arturo Illia, han pasado treinta y nueve años y nadie a trabajado en serio en un proyecto de esta dimensión, creo que un comentario al respecto es de tanto obviedad que es preferible no hacerlo.
VIII) Buscar un nuevo sistema para la elección de candidatos
La última misión que tendremos que asumir es el cambio del sistema en la elección de los candidatos para cargos electivos y partidarios, las soluciones son muchas y variadas, pero hay que elegir alguna que asegure la renovación de los dirigentes también sin gatopardismos, la enorme lupa de la sociedad lo detectaría inmediatamente.
Si los radicales podemos hacer estos cambios en medio de esta profunda crisis que vivimos, las crisis siempre son una oportunidad, podremos con el tiempo volver a ser una opción de transformación social, de que los argentinos podamos volver a tener una esperanza de un destino más promisorio.
Si no podemos, tal vez sólo nos transformemos en esa frase que marcó una forma de comunicarnos en la noche negra de la dictadura más cruel que vivió nuestra sociedad. Espero que esas tres palabras, con que se concluía, como saludo para identificarnos, las pocas solicitadas que los radicales pudimos publicar en la prensa de esa época; no se conviertan en algo definitivo en la historia argentina, Un Cálido Recuerdo.
Marzo de 2002.
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