Vamos a seguir con Don Crisólogo. Con su enorme vocación de servicio, con su permanente lucha por la búsqueda de ideas que emanaban de sus sistemáticas lecturas y su caminar entre las mujeres y los hombres del pueblo. Dialogando con todos e interiorizándose de los problemas que lo aquejaban.
Para hablar de las ideas de un político no hay nada más directo que expresarlas taxativamente. Bucear en los documentos, y seleccionar de ellos, lo que uno cree que mejor representa el pensamiento vivo del tribuno.
Larralde tuvo la virtud de luchar siempre por la unidad del radicalismo. Su sufrimiento fue extremo cuando, en la Convención de Tucumán de 1956, el radicalismo irremediablemente se dividió.
Hoy, cuando sólo se habla de dólares, euros, retenciones, o si "Buenos Aires va a empezar a trabajar o no" o a quién voy a desalojar para hacer tal o cual negocio. Si nuestra Presidenta hizo compras de no sé cuantas joyas, o qué propina dejó en el país extranjero visitado; las IDEAS son escasas. Aquí algunas de las que expresaba Don Crisólogo:
En declaraciones de febrero de 1945 en Avellaneda decía:
"Estamos sufriendo aquí la peste del descreimeinto, de la falta de fe en el hombre y en la idea. Dicen que es cosa del tiempo y del mundo; de este mundo donde todo se pesa, se mide, se vende y se compra; sin excluir al hombre y a la idea"
¡Que actual! ¿no?
En Rosario, Provincia de Santa Fé, durante la campaña política de 1954, expresó:
"Los radicales no le vamos a hacer al presidente una carrera demagógica. Nosotros no estamos contra el capital. Porque el capital como acumulación de dinero no es más que acumulación de trabajo. El dinero no es más que la traducción económica del valor del trabajo. El capital es necesario para financiar la producción y desarrollarla, tanto en los países de economía estatal como Rusia, como en los de economía privada como Inglaterra, Francia, EEUU, Argentina, etc. Pero estamos contra los excesos del capital. Es como si reconociéramos que siendo bueno el alcohol es funesto el alcoholismo. Nosotros sabemos que el capital, obediente a su ley constitutiva, no busca otra cosa que la ganancia, que coloca la obtención de la utilidad por encima de la moral, que cuando puede engrosarse honestamente lo hace y cuando no, lo hace lo mismo. El capital coloca la obtención de la utilidad y del beneficio por encima de la libertad, porque si puede acumular en libertad lo hace y si no, lo hace acomodándose con las dictaduras. Lo coloca por encima de la justicia y por encima del derecho, porque cuando puede realizar sus fines de crecimiento hipertrófico dentro del derecho y al amparo de la justicia, lo hace allí, pero cuando no, lo hace a pesar de la justicia y violando las leyes del derecho.
[...] Queremos entonces una revisión del ordenamiento capitalista. [...] Queremos que las palabras "revolución social" de que ha hablado el presidente de la República, se conviertan mediante nosotros en un hecho generoso y positivo para bien de todos. Queremos hacerlo sin sangre y sin rencores, como aquí se dijo, no a favor de un partido, sí a favor de un pueblo; queremos anteponer a los privilegios económicos, el derecho del individuo, pero nada vamos a poder realizar, absolutamente nada, si primero no conseguimos el arma más importante, que es el que todas las dictaduras niegan. [...] Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el derecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para enoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde, pero no vivimos para comer, precisamente, sino a la inversa. No pensamos en la libertad como el marxismo, ni como el facismo, ni como el peronismo. Pensamos de la libertad acaso como podría pensar Dios".
En 1945 en Avellaneda hablando de los "Antecedentes de la política social Argentina" expresaba:
"[...] De la labor de la Secretaría de Trabajo y Previsión no quedarán sino discursos, porque el bienestar de la clase trabajadora, la democracia económica no podrá fundarse sino sobre la base de un profundo estudio de la realidad nacional, que aún no se ha hecho.
[...] Para finalizar, afirmamos que debe ser devuelta su libertad a la clase trabajadora y reintegrada su representación a los sindicatos auténticos creados por ella misma y no por la dictadura. Yrigoyen no creó una organización sindical gubernista, para servir ambiciones personales; muy por el contrario, estimuló la agremiación y la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), que en el año 1915 tenía en su seno 51 sindicatos con 20.521 cotizaciones - Nota del autor: afiliaciones-, llegó en diciembre de 1920 a contar con 734 sindicatos y 700mil cotizaciones."
lunes, 9 de junio de 2008
miércoles, 23 de abril de 2008
Crisólogo Larralde: un político radical
Crisólogo Larralde: un político radical en quien reflejarse.
Este referente de la política que apunta a la lucha por el bien común, había nacido en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en el año 1902. Ocupó casi todos los cargos partidarios hasta llegar a ser presidente del Comité Nacional en un momento difícil como fue la división del partido en el año 1957.
Fue candidato a gobernador de su provincia y a vicepresidente de la Nación en el año 1954. Pero no quiero en estos escritos hacer un relato biográfico de Larralde, sino contar su perfil humano y político.
Es otro intento desde estas páginas de recrear el pensamiento radical, ese que está guardado en el cajón de los trastos viejos, ese ideario que hoy la República necesita como nunca, imperiosamente.
Crisólogo es uno de los tantos modelos a imitar, tenemos que volver a recrear a estos hombres de carne y hueso a los que no hay que idealizar como seres elegidos, sino solamente rescatar la pasión y el interés comprometido, y desinteresado, que pusieron en defensa del partido y el país.
Había nacido en un hogar humilde y sabía, según sus propias palabras, lo que eran: "el hacinamiento en una sola habitación de madera y la promiscuidad de los inquilinatos".
Pero la adversidad no lo frenó. Mezcló entre sus tareas para sobrevivir, la de ayudante de herrero, aprendiz gráfico y juntador de maíz. El periodismo lo ayudó a pulir sus ideas y solventar sus gastos.
Fue progresando lentamente y se transformó en un referente dentro de la UCR y la Nación.
Las bibliotecas anarquistas y su deseo incansable de elevarse fueron su rumbo, su motivación.
Era un militante de gran altura espiritual, aptitud hoy casi inexistente en la política argentina.
Fue un dirigente que basaba su poder en su autoridad personal que había construido dando ejemplos palpables de su vocación democrática.
No se manejaba dando órdenes, sino que conducía dando ejemplos.
Hay un detalle que describe la altura de su autoridad: el 24 de octubre de 1957, durante la Convención Constituyente que estaba reformando la Constitución del 49, se tenía que votar la inclusión del artículo 14 bis, en el que tuvo una gran influencia en su redacción, él no era constituyente. Sabía que había algunos convencionles radicales no demasiado convencidos del agregado del artículo. Don Crisólogo se sentó atrás del bloque propio como garantía por si había algún distraído que no respetara lo consensuado partidariamente. Nadie se corrió un milímetro, se votó lo pactado.
¡Que lejos estamos hoy de un dirigente de estas características! No eran seres providenciales, ¡tenían conducta!
Don Crisólogo caminaba su provincia y la geografía nacional y se capacitaba. Tenía una biblioteca personal de varios miles de volúmenes, "todos leídos" como a él le gustaba decir.
Leía y elaboraba, pensaba en las salidas políticas que le podía dar a su pueblo para que pudiera vivir mejor.
No le gustaba, cuando daba un discurso, que el pueblo lo aplaudiera demasiado, los interrumpía y les decía que no era necesario "pues estamos estudiando".
Su visión del peronismo nunca fue "gorila", ideológicamente tenías enormes disidencias con ese movimiento popular y luchó enconadamente contra él, pero el famoso 17 de octubre de 1945 dijo: "me vi caminando entre ellos". Luchó desde las ideas contra el régimen peronista, pero entendía la reivindicación social que, desde algún lugar, el pueblo necesitaba.
Este referente de la política que apunta a la lucha por el bien común, había nacido en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en el año 1902. Ocupó casi todos los cargos partidarios hasta llegar a ser presidente del Comité Nacional en un momento difícil como fue la división del partido en el año 1957.
Fue candidato a gobernador de su provincia y a vicepresidente de la Nación en el año 1954. Pero no quiero en estos escritos hacer un relato biográfico de Larralde, sino contar su perfil humano y político.
Es otro intento desde estas páginas de recrear el pensamiento radical, ese que está guardado en el cajón de los trastos viejos, ese ideario que hoy la República necesita como nunca, imperiosamente.
Crisólogo es uno de los tantos modelos a imitar, tenemos que volver a recrear a estos hombres de carne y hueso a los que no hay que idealizar como seres elegidos, sino solamente rescatar la pasión y el interés comprometido, y desinteresado, que pusieron en defensa del partido y el país.
Había nacido en un hogar humilde y sabía, según sus propias palabras, lo que eran: "el hacinamiento en una sola habitación de madera y la promiscuidad de los inquilinatos".
Pero la adversidad no lo frenó. Mezcló entre sus tareas para sobrevivir, la de ayudante de herrero, aprendiz gráfico y juntador de maíz. El periodismo lo ayudó a pulir sus ideas y solventar sus gastos.
Fue progresando lentamente y se transformó en un referente dentro de la UCR y la Nación.
Las bibliotecas anarquistas y su deseo incansable de elevarse fueron su rumbo, su motivación.
Era un militante de gran altura espiritual, aptitud hoy casi inexistente en la política argentina.
Fue un dirigente que basaba su poder en su autoridad personal que había construido dando ejemplos palpables de su vocación democrática.
No se manejaba dando órdenes, sino que conducía dando ejemplos.
Hay un detalle que describe la altura de su autoridad: el 24 de octubre de 1957, durante la Convención Constituyente que estaba reformando la Constitución del 49, se tenía que votar la inclusión del artículo 14 bis, en el que tuvo una gran influencia en su redacción, él no era constituyente. Sabía que había algunos convencionles radicales no demasiado convencidos del agregado del artículo. Don Crisólogo se sentó atrás del bloque propio como garantía por si había algún distraído que no respetara lo consensuado partidariamente. Nadie se corrió un milímetro, se votó lo pactado.
¡Que lejos estamos hoy de un dirigente de estas características! No eran seres providenciales, ¡tenían conducta!
Don Crisólogo caminaba su provincia y la geografía nacional y se capacitaba. Tenía una biblioteca personal de varios miles de volúmenes, "todos leídos" como a él le gustaba decir.
Leía y elaboraba, pensaba en las salidas políticas que le podía dar a su pueblo para que pudiera vivir mejor.
No le gustaba, cuando daba un discurso, que el pueblo lo aplaudiera demasiado, los interrumpía y les decía que no era necesario "pues estamos estudiando".
Su visión del peronismo nunca fue "gorila", ideológicamente tenías enormes disidencias con ese movimiento popular y luchó enconadamente contra él, pero el famoso 17 de octubre de 1945 dijo: "me vi caminando entre ellos". Luchó desde las ideas contra el régimen peronista, pero entendía la reivindicación social que, desde algún lugar, el pueblo necesitaba.
domingo, 30 de marzo de 2008
EL KRAUSISMO: FILOSOFÍA POLÍTICA DE LA LIBERTAD.
Producido por Marcelo Luis Tassara.
Breve reseña histórica
Ya cumplido más de un lustro desde el advenimiento del siglo XXI y la Argentina habiendo entrado en la tercer década luego de la instauración de la democracia, es bueno recordar una de las raíces filosóficas que permitieron que el primer gobierno elegido por el voto secreto, obligatorio y universal –luego de 1912 cuando fue promulgada la Ley Saenz Peña- llegara al poder.
El primer presidente que asumió bajo condiciones de elección realmente democráticas fue el Dr. Hipólito Yrigoyen que, en representación de su partido, la Unión Cívica Radical, asumió la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1916.
Pero no es propósito de este artículo hacer historia sobre la democracia argentina, los presidentes argentinos o los partidos políticos. La idea de este escrito es bucear sobre el principal filósofo que tuvo influencia sobre Yrigoyen, y muchos políticos que lo acompañaron o sucedieron, así como sobre otros estadistas, políticos, educadores y pensadores de nuestra América Latina –el uruguayo Batlle y Ordóñez y el cubano José Martí entre tantos otros-.
Karl Christian Friedrich Krause nació en Eisenberg, una pequeña ciudad turingia que en aquel entonces pertenecía al Ducado de Alternburg –hoy Alemania-, un domingo 6 de mayo de 1781. Su padre, el pastor protestante Johan Friedrich Gotthard Krause, era profesor en la escuela de Eisenberg.
Este filósofo alemán, como muchos otros de esa época, fue quedando a la sombra de los grandes Kant, Fichte, Schelling y Hegel, pero la importancia de su obra filosófica no puede ser olvidada porque fue determinante en el rumbo histórico y político de la España de los siglos XIX y XX, y de América Latina, la Argentina en particular, en el mismo período.
Krause estaba dotado de conocimientos y capacidades muy diversas. Poseía una formación tan amplia que sus saberes iban desde la música a la lingüística, desde el derecho a las matemáticas, pasando por el arte y la pedagogía. Fue tanta su erudición que creo un verdadero “sistema filosófico” como se estilaba durante su época, en la cual el idealismo romántico fue un pensamiento muy difundido en lo que a filosofía se refiere.
Para el idealismo la construcción de un sistema filosófico era una verdadera necesidad, ellos no concebían a un pensador que pensara sobre los grandes temas en forma aislada de un todo. Un sistema filosófico era una verdadera estructura conceptual, cuyos componentes se interrelacionaban armoniosamente; hasta la más pequeña definición tenía que ver con un pensamiento de conceptualización superior.
Fue a través de dos krausistas belgas Ahrens y Tiberghien, cuyos textos habían sido traducidos al español, que llega esta corriente de pensamiento a América Latina. Luego el llamado krausismo español, cuyos principales exponentes son Sanz del Río, Giner de los Ríos y Azcárate, tuvo una gran influencia entre los adherentes americanos.
La revolución republicana de 1968, que viabilizó la creación de la I República española el 11 de febrero de 1873, estuvo fuertemente teñida de ideas de pensadores, intelectuales y políticos krausistas, algunos de ellos, luego de caída la República en 1874, crearon el Instituto de Libre Enseñanza en Madrid. Ese núcleo de intelectuales, años después, tuvo una marcada influencia en la creación del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que ya en el siglo XX llega al poder, a principios de la década del ‘80, de la mano de Felipe González.
Cuales son las bases conceptuales del pensamiento krausista.
Educación
En España en las últimas dos décadas se han hecho numerosos nuevos estudios sobre el krausismo.
El profesor de filosofía de la Universidad Pontificia de Comillas –Madrid, España- Enrique M. Ureña, que es además director del Instituto de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería de la misma universidad, es uno de los investigadores más prolíficos sobre Krause y el krausismo. Tiene una escrita una biografía sobre el filósofo titulada “Krause, el educador de la humanidad”(1991), el título de este libro es en sí mismo un enunciado muy significativo de la doctrina krausista. Este filósofo tenía la convicción que las sociedades se perfeccionan, alcanzando mejor calidad de vida, cuando avanzan en sus niveles de educación y cultura.
En su libro más conocido, “El Ideal de la Humanidad para la Vida” que finalizó de escribir en 1811, él expresa con claridad estas ideas pedagógicas. Las preocupaciones de Krause por la pedagogía fueron muy profundas tanto en lo teórico como en lo práctico; Richard Vetter en su prefacio del primer volumen donde analiza los escritos pedagógicos del filósofo tiene razón al expresar:
“La idea de que todo filósofo notable es también un pedagogo […] encuentra en Kart C. F. Krause no solamente su plena confirmación, sino que alcanza además en él su expresión más alta, ya que el filósofo se propuso como meta nada menos que lograr que la humanidad entera asimilase su sistema de la Ciencia y contribuir vigorosamente, a través de la pedagogía al perfeccionamiento de la Humanidad […] Krause no fue solamente un extraordinario teórico de la pedagogía; también como práctico tiene qué decir en ella”.
Krause, según versa su diario personal, escribe estas líneas muy elocuentes:
“En el año 1808 concebí la idea de una Casa de la Educación de la Humanidad. ¿No debería tratar desde ese punto de vista toda la educación y: 1) escribir una obra: “Ideal de la Educación de la Humanidad”; después 2) erigir para ello una Casa de la Educación?”.
Este filósofo alemán era masón, de donde fue expulsado por los fuertes cuestionamientos que le hizo a la masonería de esa época, y gozaba de gran prestigio como pedagogo entre sus Hermanos de logia. Este prestigio hizo que su logia le pidiera asesoramiento para el instituto educativo que poseía la masonería y le ofreciera el cargo de Copresidente.
Muerto Krause, algunos de sus discípulos, entre los que se destacó Hermann von Leonhardi, sigue esta línea educativa y tiene encuentros con Friedrich Wilhelm Fröbel –en el primer encuentro entre Krause y Fröbel, Leonhardi había estado presente-.
Este gran pedagogo alemán, había coincidido con Krause haciendo docencia en la Universidad de Gotinga y el creador del krausismo acordaba con él en sus ideas sobre la educación alemana. De esta conjunción de ideas pedagógicas nace lo que luego se llamó el krausofröbelismo: una corriente de pensamiento pedagógico muy importante en la Alemania del siglo XIX que dio lugar años después a la creación de la Asociación general de la Educación, desde donde se trata de armonizar la auténtica formación del hombre con la formación nacional – idea que ya había esbozado Krause en su “Ideal de la Humanidad para la Vida” -.
Esta afanosa preocupación por la educación se refleja en la Argentina en forma concreta en la Reforma Universitaria de 1918, esta verdadera revolución pacífica en los claustros universitarios estaba íntimamente asociada al pensamiento krausista. Desde ahí esta idea de universidad autónoma, laica y con libertad de cátedra –los profesores iban a ser elegidos por concursos abiertos- se propaga a muchos países de América Latina llegando a México la fuerza del idealismo krausiano.
Horace Mann fue el gran impulsor de la educación en los Estados Unidos de Norteamérica en la década del 30 del siglo XIX, desde ese lugar, una educación con una fuerte impronta democrática, se llega a ser la potencia mundial que hoy es. Mann se apoya en los contenidos pedagógicos de Fröbel, es decir que la base filosófica de la educación del pueblo estadounidense tiene que ver con el krausofröbelismo.
Como ya lo mencionamos, el dos veces presidente de la República Oriental del Uruguay José Batlle y Ordóñez y el poeta y político cubano José Martí, además del APRA peruano cuyo origen está ligado a Víctor Raúl Haya de la Torre que tomó a la Reforma Universitaria del 18 como modelo estudiantil a copiar, el puertorriqueño Eugenio de Hostos y Bonilla que hizo una gran obra educativa en la República Dominicana y Francisco Madero en México, entre tantos otros latinoamericanos, tiñeron a esta geografía al sur del Río Bravo de filosofía krausiana.
Derecho y Estado
La Doctrina del derecho es uno de los temas mejor tratados por Krause y sus discípulos, dado que no la expresa como una metafísica de relato oscuro o complicado como en otras partes de su sistema filosófico. Su vinculación con el Estado, según expresa Krause en el “Ideal de la Humanidad”, “llena y determina el contenido ético de la vida de cada nación”.,
La doctrina hegeliana ponía al Estado por sobre el individuo, un claro ejemplo práctico de esto es la instauración de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas promovida por un decreto del presidente Pedro Ramírez –el 18.411 de diciembre de 1943- y que luego se convirtió en ley en la primer presidencia de Perón –es el Estado metiéndose en el espíritu de las personas-, mientras la doctrina krausista ponía al hombre por sobre todo y al Estado a su servicio para asegurarle su Libertad. No es estatismo, es intervención del Estado para que los poderes corporativos no denigren la condición humana, sino que la enaltezcan.
El Estado liberal krausista proponía un “capitalismo moderado” lo que muchos años después dio origen, desde el pensamiento de otro alemán Von Bismarck –aunque sea en forma muy primitiva- al “Estado de Bienestar” en lo económico-social, y al “Estado de Derecho o de Garantías” en lo que al orden jurídico-político se refiere.
En su libro Grundlage des Naturrechts, publicado en 1803, Krause escribe un verdadero catálago sobre derechos humanos. Esta publicación que nuestro filosofo escribió en dos tomos, el segundo en 1805, está en coincidencia con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Lo significativo es que Krause lo pensó un siglo y medio antes. Él defiende la igualdad de los hombres ante la ley, desestima todo tipo de exclusión y se opone a la discriminación que imponen las distintas formas de privilegio. Además reivindica el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la protección de la intimidad y el respeto a la dignidad, el derecho a la propiedad privada, al trabajo y el descanso, el derecho a la libertad de conciencia, de opinión y expresión, así como el derecho a la educación, a la libre asociación y la libertad de circulación.
Es notable como Krause fue un pionero en el pensar derechos que hoy llamamos de tercera generación (derechos económicos, sociales y culturales); además de los derechos de los niños, de la mujer, de la tercera edad, de las personas con necesidades especiales, de la Naturaleza y de los animales.
Él también tuvo un “Proyecto de una Federación Europea de Estados” pergeñando a principios del siglo XIX lo que es hoy la Unión Europea.
En lo que respecta a derechos políticos él iba más allá de la idea de la formalidad contractualista de filósofos como Kant y Fichte, para Krause toda persona tiene que tener “derecho al derecho” (1), esto es una consecuencia de la esencia humana y no el resultado de una relación jurídico contractual.
Los krausistas tenían una forma de vida de máxima austeridad, se vestían con ropas oscuras y muy sobrias, en general eran hombres de honor, de palabra; hablaban poco y chocaban con las ideas utilitaristas y hedonistas que esgrimían los pensadores del “positivismo” del último tercio del siglo XIX.
Febrero de 2005.
Bibliografía.
(1) Francisco Querol Fernández, “La Filosofía del Derecho de K. C. F. Krause”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2000.
(2) Enrique M. Ureña, “Krause, educador de la Humanidad”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 1991.
(3) Hugo Biagini (compilador), “Orígenes de la democracia argentina” El transfondo krausista, Edit. Legasa, Bs. As., año 1989.
(4) Enrique M. Ureña, “El Krausismo Alemán”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2002.
Producido por Marcelo Luis Tassara.
Breve reseña histórica
Ya cumplido más de un lustro desde el advenimiento del siglo XXI y la Argentina habiendo entrado en la tercer década luego de la instauración de la democracia, es bueno recordar una de las raíces filosóficas que permitieron que el primer gobierno elegido por el voto secreto, obligatorio y universal –luego de 1912 cuando fue promulgada la Ley Saenz Peña- llegara al poder.
El primer presidente que asumió bajo condiciones de elección realmente democráticas fue el Dr. Hipólito Yrigoyen que, en representación de su partido, la Unión Cívica Radical, asumió la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1916.
Pero no es propósito de este artículo hacer historia sobre la democracia argentina, los presidentes argentinos o los partidos políticos. La idea de este escrito es bucear sobre el principal filósofo que tuvo influencia sobre Yrigoyen, y muchos políticos que lo acompañaron o sucedieron, así como sobre otros estadistas, políticos, educadores y pensadores de nuestra América Latina –el uruguayo Batlle y Ordóñez y el cubano José Martí entre tantos otros-.
Karl Christian Friedrich Krause nació en Eisenberg, una pequeña ciudad turingia que en aquel entonces pertenecía al Ducado de Alternburg –hoy Alemania-, un domingo 6 de mayo de 1781. Su padre, el pastor protestante Johan Friedrich Gotthard Krause, era profesor en la escuela de Eisenberg.
Este filósofo alemán, como muchos otros de esa época, fue quedando a la sombra de los grandes Kant, Fichte, Schelling y Hegel, pero la importancia de su obra filosófica no puede ser olvidada porque fue determinante en el rumbo histórico y político de la España de los siglos XIX y XX, y de América Latina, la Argentina en particular, en el mismo período.
Krause estaba dotado de conocimientos y capacidades muy diversas. Poseía una formación tan amplia que sus saberes iban desde la música a la lingüística, desde el derecho a las matemáticas, pasando por el arte y la pedagogía. Fue tanta su erudición que creo un verdadero “sistema filosófico” como se estilaba durante su época, en la cual el idealismo romántico fue un pensamiento muy difundido en lo que a filosofía se refiere.
Para el idealismo la construcción de un sistema filosófico era una verdadera necesidad, ellos no concebían a un pensador que pensara sobre los grandes temas en forma aislada de un todo. Un sistema filosófico era una verdadera estructura conceptual, cuyos componentes se interrelacionaban armoniosamente; hasta la más pequeña definición tenía que ver con un pensamiento de conceptualización superior.
Fue a través de dos krausistas belgas Ahrens y Tiberghien, cuyos textos habían sido traducidos al español, que llega esta corriente de pensamiento a América Latina. Luego el llamado krausismo español, cuyos principales exponentes son Sanz del Río, Giner de los Ríos y Azcárate, tuvo una gran influencia entre los adherentes americanos.
La revolución republicana de 1968, que viabilizó la creación de la I República española el 11 de febrero de 1873, estuvo fuertemente teñida de ideas de pensadores, intelectuales y políticos krausistas, algunos de ellos, luego de caída la República en 1874, crearon el Instituto de Libre Enseñanza en Madrid. Ese núcleo de intelectuales, años después, tuvo una marcada influencia en la creación del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que ya en el siglo XX llega al poder, a principios de la década del ‘80, de la mano de Felipe González.
Cuales son las bases conceptuales del pensamiento krausista.
Educación
En España en las últimas dos décadas se han hecho numerosos nuevos estudios sobre el krausismo.
El profesor de filosofía de la Universidad Pontificia de Comillas –Madrid, España- Enrique M. Ureña, que es además director del Instituto de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería de la misma universidad, es uno de los investigadores más prolíficos sobre Krause y el krausismo. Tiene una escrita una biografía sobre el filósofo titulada “Krause, el educador de la humanidad”(1991), el título de este libro es en sí mismo un enunciado muy significativo de la doctrina krausista. Este filósofo tenía la convicción que las sociedades se perfeccionan, alcanzando mejor calidad de vida, cuando avanzan en sus niveles de educación y cultura.
En su libro más conocido, “El Ideal de la Humanidad para la Vida” que finalizó de escribir en 1811, él expresa con claridad estas ideas pedagógicas. Las preocupaciones de Krause por la pedagogía fueron muy profundas tanto en lo teórico como en lo práctico; Richard Vetter en su prefacio del primer volumen donde analiza los escritos pedagógicos del filósofo tiene razón al expresar:
“La idea de que todo filósofo notable es también un pedagogo […] encuentra en Kart C. F. Krause no solamente su plena confirmación, sino que alcanza además en él su expresión más alta, ya que el filósofo se propuso como meta nada menos que lograr que la humanidad entera asimilase su sistema de la Ciencia y contribuir vigorosamente, a través de la pedagogía al perfeccionamiento de la Humanidad […] Krause no fue solamente un extraordinario teórico de la pedagogía; también como práctico tiene qué decir en ella”.
Krause, según versa su diario personal, escribe estas líneas muy elocuentes:
“En el año 1808 concebí la idea de una Casa de la Educación de la Humanidad. ¿No debería tratar desde ese punto de vista toda la educación y: 1) escribir una obra: “Ideal de la Educación de la Humanidad”; después 2) erigir para ello una Casa de la Educación?”.
Este filósofo alemán era masón, de donde fue expulsado por los fuertes cuestionamientos que le hizo a la masonería de esa época, y gozaba de gran prestigio como pedagogo entre sus Hermanos de logia. Este prestigio hizo que su logia le pidiera asesoramiento para el instituto educativo que poseía la masonería y le ofreciera el cargo de Copresidente.
Muerto Krause, algunos de sus discípulos, entre los que se destacó Hermann von Leonhardi, sigue esta línea educativa y tiene encuentros con Friedrich Wilhelm Fröbel –en el primer encuentro entre Krause y Fröbel, Leonhardi había estado presente-.
Este gran pedagogo alemán, había coincidido con Krause haciendo docencia en la Universidad de Gotinga y el creador del krausismo acordaba con él en sus ideas sobre la educación alemana. De esta conjunción de ideas pedagógicas nace lo que luego se llamó el krausofröbelismo: una corriente de pensamiento pedagógico muy importante en la Alemania del siglo XIX que dio lugar años después a la creación de la Asociación general de la Educación, desde donde se trata de armonizar la auténtica formación del hombre con la formación nacional – idea que ya había esbozado Krause en su “Ideal de la Humanidad para la Vida” -.
Esta afanosa preocupación por la educación se refleja en la Argentina en forma concreta en la Reforma Universitaria de 1918, esta verdadera revolución pacífica en los claustros universitarios estaba íntimamente asociada al pensamiento krausista. Desde ahí esta idea de universidad autónoma, laica y con libertad de cátedra –los profesores iban a ser elegidos por concursos abiertos- se propaga a muchos países de América Latina llegando a México la fuerza del idealismo krausiano.
Horace Mann fue el gran impulsor de la educación en los Estados Unidos de Norteamérica en la década del 30 del siglo XIX, desde ese lugar, una educación con una fuerte impronta democrática, se llega a ser la potencia mundial que hoy es. Mann se apoya en los contenidos pedagógicos de Fröbel, es decir que la base filosófica de la educación del pueblo estadounidense tiene que ver con el krausofröbelismo.
Como ya lo mencionamos, el dos veces presidente de la República Oriental del Uruguay José Batlle y Ordóñez y el poeta y político cubano José Martí, además del APRA peruano cuyo origen está ligado a Víctor Raúl Haya de la Torre que tomó a la Reforma Universitaria del 18 como modelo estudiantil a copiar, el puertorriqueño Eugenio de Hostos y Bonilla que hizo una gran obra educativa en la República Dominicana y Francisco Madero en México, entre tantos otros latinoamericanos, tiñeron a esta geografía al sur del Río Bravo de filosofía krausiana.
Derecho y Estado
La Doctrina del derecho es uno de los temas mejor tratados por Krause y sus discípulos, dado que no la expresa como una metafísica de relato oscuro o complicado como en otras partes de su sistema filosófico. Su vinculación con el Estado, según expresa Krause en el “Ideal de la Humanidad”, “llena y determina el contenido ético de la vida de cada nación”.,
La doctrina hegeliana ponía al Estado por sobre el individuo, un claro ejemplo práctico de esto es la instauración de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas promovida por un decreto del presidente Pedro Ramírez –el 18.411 de diciembre de 1943- y que luego se convirtió en ley en la primer presidencia de Perón –es el Estado metiéndose en el espíritu de las personas-, mientras la doctrina krausista ponía al hombre por sobre todo y al Estado a su servicio para asegurarle su Libertad. No es estatismo, es intervención del Estado para que los poderes corporativos no denigren la condición humana, sino que la enaltezcan.
El Estado liberal krausista proponía un “capitalismo moderado” lo que muchos años después dio origen, desde el pensamiento de otro alemán Von Bismarck –aunque sea en forma muy primitiva- al “Estado de Bienestar” en lo económico-social, y al “Estado de Derecho o de Garantías” en lo que al orden jurídico-político se refiere.
En su libro Grundlage des Naturrechts, publicado en 1803, Krause escribe un verdadero catálago sobre derechos humanos. Esta publicación que nuestro filosofo escribió en dos tomos, el segundo en 1805, está en coincidencia con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Lo significativo es que Krause lo pensó un siglo y medio antes. Él defiende la igualdad de los hombres ante la ley, desestima todo tipo de exclusión y se opone a la discriminación que imponen las distintas formas de privilegio. Además reivindica el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la protección de la intimidad y el respeto a la dignidad, el derecho a la propiedad privada, al trabajo y el descanso, el derecho a la libertad de conciencia, de opinión y expresión, así como el derecho a la educación, a la libre asociación y la libertad de circulación.
Es notable como Krause fue un pionero en el pensar derechos que hoy llamamos de tercera generación (derechos económicos, sociales y culturales); además de los derechos de los niños, de la mujer, de la tercera edad, de las personas con necesidades especiales, de la Naturaleza y de los animales.
Él también tuvo un “Proyecto de una Federación Europea de Estados” pergeñando a principios del siglo XIX lo que es hoy la Unión Europea.
En lo que respecta a derechos políticos él iba más allá de la idea de la formalidad contractualista de filósofos como Kant y Fichte, para Krause toda persona tiene que tener “derecho al derecho” (1), esto es una consecuencia de la esencia humana y no el resultado de una relación jurídico contractual.
Los krausistas tenían una forma de vida de máxima austeridad, se vestían con ropas oscuras y muy sobrias, en general eran hombres de honor, de palabra; hablaban poco y chocaban con las ideas utilitaristas y hedonistas que esgrimían los pensadores del “positivismo” del último tercio del siglo XIX.
Febrero de 2005.
Bibliografía.
(1) Francisco Querol Fernández, “La Filosofía del Derecho de K. C. F. Krause”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2000.
(2) Enrique M. Ureña, “Krause, educador de la Humanidad”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 1991.
(3) Hugo Biagini (compilador), “Orígenes de la democracia argentina” El transfondo krausista, Edit. Legasa, Bs. As., año 1989.
(4) Enrique M. Ureña, “El Krausismo Alemán”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2002.
martes, 26 de febrero de 2008
Semblanza de Arturo Illia II
En algunas cartas de lectores y en algún artículo publicados en los últimos días en el diario "La Nación" los lectores y autores se plantean la ausencia de verdaderos hombres de Estado en los sucesivos gobiernos democráticos en las últimas dos décadas -no digo dos décadas y media par no herir suceptibilidades, no es mi intención-.
Los que leyeron los dos escritos publicados sobre Arturo Illia van a comprender claramente el por qué no existen en nuestro país ya bien entrado el siglo veintiuno.
La política argentina está sumida en un nivel de mediocridad intelectual, ética y espiritual que hace imposible que esto ocurra.
Yo creo que con la caída del modelo de Estado de Bienestar, a fines de los años setenta y principio de los ochenta del siglo pasado, las posibilidades de hacer política se dificultaron enormemente. Hoy sólo pueden militar quienes tienen dinero heredado, una actividad liberal que no le consuma mucho tiempo o los que tienen cargos públicos que no les demandan demasiada carga horaria. Eso dificulta y acota muy fuertemente el proceso de selección de los mejores hombres.
Pero para ilustrarnos de cómo era el perfil de un verdadero estadista sigamos con la semblanza de Arturo Illia:
Siguiendo con el reportaje a la maestra-secretaria, Laura Díaz de Giménez, esta cuenta:
Periodista: -Cuentan que usted le ordenaba los libros, algunos papeles, o colaboraba con él, incluso compartiendo lecturas...
Laura Díaz: -"Recuerdo algunos de los libros de su biblioteca, por supuesto que no todos, sino aquellos que él leía con sencillez de verdadero maestro. Uno era El Mito del Estado de Ernst Casirer, con referencias en griego o en arameo, para nosotros inexplicables, y que Illia se extendía en explicarnos con la mitología y las connotaciones con la psicología más profunda, las técnicas de que se valen las concepciones totalitarias para lograr la masificación.
Illia indagaba solitariamente en las causas más lejanas de la Segunda Guerra Mundial o la cuestión del nazismo o del facismo.
Leíamos también a Josué de Castro, en su libro La Geopolítica del Hambre, a Gandhi, a Camus. Pretendíamos entender con él Las Vidas Paralelas de Plutarco..... y ¿sabe? Illia sonreía cada tanto, con aquella sonrisa como condescendiente o triste, ante nuestra ignorancia y necesidad de saber..."
Periodista: -¿Y en cuanto a sus hijos?
LD - "Sin duda, Don Arturo quería orientar a sus hijos adolescentes en base a principios inalterables para que ellos vivieran después sus propias experiencias y de esa manera construyeran sus vidas"
Periodista: -¿Podría decirse que Illia no tenía defectos?
LD - "Interpretando cabalmente su personalidad, sin duda, no los tenía, al menos yo no podría remarcar ninguno. Atendía a los jóvenes que íbamos a su casa buscando respuestas que él nos daba a pesar del cansancio del trabajo de todo el día. Illia no tenía riquezas y no le interesaba tenerlas. Era sencillo. era pulcro, era bondadoso... esas eran sus virtudes"
"Como médico, inclusive, era abnegado. era certero en el diagnóstico, y esto que le cuento fue dicho por profesionales especializados a los que derivaba sus pacientes [...] El controlaba y cuidaba a los enfermos, y , para aquellos que no podían comprar los remedios, él mismo pedía los medicamentos en las farmacias vecinas: ¿Tiene tal remedio...? ¿Tal otro...? Pues allá irá Don Juan. Dáselo y después arreglamos. Y ante estos pedidos los mismos farmacéuticos se volvían solidarios..."
Periodista: -Eso dejó, sin dudas grandes enseñanzas...
LD- "La gente aprendía de Illia, viéndolo actuar y escuchándolo. Cuando le preguntaban, por ejemplo, si era difícil gobernar, él decía: - No. Es muy fácil. Sólo hay que cumplir con la Constitución... y ser honrado -remarcaba extendiendo el brazo-.
"Cuando lo interrogábamos acerca de por qué se había producido el golpe militar ... Illia enérgicamente y levantando el brazo afirmaba: -Me derrocaron porque la tarea de gobernar requiere fundamentalmente armonizar los intereses de los distintos sectores que componen el tejido social, y esto no es tarea fácil en nuestro país, donde ciertos sectores o corporaciones tienen exacerbado el sentido de sus derechos y privilegios, logrados en épocas de inestabilidad y que no aceptan deponer. Ellos crean el clima para el golpe de Estado, detrás del cual no están los mejores intereses de la nación. Nos derrocaron porque somos los únicos capaces de poner las cosas en su lugar.
[...] ¡Tanto de podría decir de Arturo Illia! ... Él era para nosotros, los que aprendimos a militar a su lado en la UCR, ´recto como una vertical de hierro´, por eso lo quisimos tanto y nos conmovimos tanto cuando lo vimos inclinado y caminando lento, luego de la pérdida de su gran compañera, la señora Silvia Martorell, que era -se lo aseguro- como un cascabel de frescura, de belleza, de paz..."
Los que leyeron los dos escritos publicados sobre Arturo Illia van a comprender claramente el por qué no existen en nuestro país ya bien entrado el siglo veintiuno.
La política argentina está sumida en un nivel de mediocridad intelectual, ética y espiritual que hace imposible que esto ocurra.
Yo creo que con la caída del modelo de Estado de Bienestar, a fines de los años setenta y principio de los ochenta del siglo pasado, las posibilidades de hacer política se dificultaron enormemente. Hoy sólo pueden militar quienes tienen dinero heredado, una actividad liberal que no le consuma mucho tiempo o los que tienen cargos públicos que no les demandan demasiada carga horaria. Eso dificulta y acota muy fuertemente el proceso de selección de los mejores hombres.
Pero para ilustrarnos de cómo era el perfil de un verdadero estadista sigamos con la semblanza de Arturo Illia:
Siguiendo con el reportaje a la maestra-secretaria, Laura Díaz de Giménez, esta cuenta:
Periodista: -Cuentan que usted le ordenaba los libros, algunos papeles, o colaboraba con él, incluso compartiendo lecturas...
Laura Díaz: -"Recuerdo algunos de los libros de su biblioteca, por supuesto que no todos, sino aquellos que él leía con sencillez de verdadero maestro. Uno era El Mito del Estado de Ernst Casirer, con referencias en griego o en arameo, para nosotros inexplicables, y que Illia se extendía en explicarnos con la mitología y las connotaciones con la psicología más profunda, las técnicas de que se valen las concepciones totalitarias para lograr la masificación.
Illia indagaba solitariamente en las causas más lejanas de la Segunda Guerra Mundial o la cuestión del nazismo o del facismo.
Leíamos también a Josué de Castro, en su libro La Geopolítica del Hambre, a Gandhi, a Camus. Pretendíamos entender con él Las Vidas Paralelas de Plutarco..... y ¿sabe? Illia sonreía cada tanto, con aquella sonrisa como condescendiente o triste, ante nuestra ignorancia y necesidad de saber..."
Periodista: -¿Y en cuanto a sus hijos?
LD - "Sin duda, Don Arturo quería orientar a sus hijos adolescentes en base a principios inalterables para que ellos vivieran después sus propias experiencias y de esa manera construyeran sus vidas"
Periodista: -¿Podría decirse que Illia no tenía defectos?
LD - "Interpretando cabalmente su personalidad, sin duda, no los tenía, al menos yo no podría remarcar ninguno. Atendía a los jóvenes que íbamos a su casa buscando respuestas que él nos daba a pesar del cansancio del trabajo de todo el día. Illia no tenía riquezas y no le interesaba tenerlas. Era sencillo. era pulcro, era bondadoso... esas eran sus virtudes"
"Como médico, inclusive, era abnegado. era certero en el diagnóstico, y esto que le cuento fue dicho por profesionales especializados a los que derivaba sus pacientes [...] El controlaba y cuidaba a los enfermos, y , para aquellos que no podían comprar los remedios, él mismo pedía los medicamentos en las farmacias vecinas: ¿Tiene tal remedio...? ¿Tal otro...? Pues allá irá Don Juan. Dáselo y después arreglamos. Y ante estos pedidos los mismos farmacéuticos se volvían solidarios..."
Periodista: -Eso dejó, sin dudas grandes enseñanzas...
LD- "La gente aprendía de Illia, viéndolo actuar y escuchándolo. Cuando le preguntaban, por ejemplo, si era difícil gobernar, él decía: - No. Es muy fácil. Sólo hay que cumplir con la Constitución... y ser honrado -remarcaba extendiendo el brazo-.
"Cuando lo interrogábamos acerca de por qué se había producido el golpe militar ... Illia enérgicamente y levantando el brazo afirmaba: -Me derrocaron porque la tarea de gobernar requiere fundamentalmente armonizar los intereses de los distintos sectores que componen el tejido social, y esto no es tarea fácil en nuestro país, donde ciertos sectores o corporaciones tienen exacerbado el sentido de sus derechos y privilegios, logrados en épocas de inestabilidad y que no aceptan deponer. Ellos crean el clima para el golpe de Estado, detrás del cual no están los mejores intereses de la nación. Nos derrocaron porque somos los únicos capaces de poner las cosas en su lugar.
[...] ¡Tanto de podría decir de Arturo Illia! ... Él era para nosotros, los que aprendimos a militar a su lado en la UCR, ´recto como una vertical de hierro´, por eso lo quisimos tanto y nos conmovimos tanto cuando lo vimos inclinado y caminando lento, luego de la pérdida de su gran compañera, la señora Silvia Martorell, que era -se lo aseguro- como un cascabel de frescura, de belleza, de paz..."
martes, 5 de febrero de 2008
Una semblanza de Don Arturo I
¿Quién era realmente Don Arturo Illia? Inclusive para muchos militantes es una incógnita muy poco explicitada.
Conocen algunos relatos que escucharon de correligionarios de más edad, alguna poquita cosa que aparece en los medios, y ahí queda la cosa. Libros sobre su figura hay pocos y muy breves. ¿Era sólo un hombre bueno y honesto?
El Régimen -hoy más conocido como establishment- especulando a su favor, lo quiso pintar sólo como un político decente, que dormía la siesta y tomaba té de piperina. Al eficientismo del conservadurismo en la Argentina le conviene la imagen de un dormilón piperinesco. Nunca un gobernante que hizo crecer el PBI en los años 1964 un 10,3% y 1965 un 9,1%, cuando en el 1963 había descendido un 2,4%. Además con una política económica heterodoxa de reactivación, de aumento de la demanda agregada y de los salarios. No haciendo ajustes inhumanos y, en el mediano plazo por lo menos, siempre fracasados en lo que respecta a elevarle el nivel de calidad de vida al pueblo argentino.
Algunos detractores dicen que se debió a las grandes cosechas de esos años. Éste también es un ataque mal intencionado de los eternos conservadores argentinos. En un estudio del economista Alejandro Díaz del año 1983 donde excluye al producto generado por el sector público y el agropecuario; en el año 1963 el PBI decreció un 4,8% y subió un 9,1 en 1964 y un 9,6 % en 1965. El PBI industrial en el período 1964-66 creció más del 30%.
Pero no quiero hablar de la economía del gobierno de Arturo Illia -los datos dados en el párrafo anterior son por demás elocuentes- quiero hablar de Don Arturo. Muy pocos políticos en la Argentina contemporánea llegaron a que, cuando se refieren a ellos y por respeto a su figura, se le anteceda el Don a su nombre. Si no buceen en los últimos veinticinco años de nuestra política autóctona.
En un programa del profesor Mariano Grondona de hace más de una década, la hija de Don Arturo, Emma Illia, le dice al conductor televisivo que su padre además de un buen gobernante y un político honesto, era un hombre culto. Pero Illia no era un hombre culto de biblioteca, de esas personas que se encierran en un escritorio y leen, leen y leen, con el único motivo de acumular datos e información banalmente. Él leia porque era un ávido curioso y quería saber en profundidad sobre muchos temas. Pero fundamentalmente le interesaba tener sabiduría para volcarla a su acción política. Le interesaba tener cultura para poder resolver con más solvencia los problemas políticos, sociales y económicos de su amado país.
Hace unos años le escuché contar al entonces senador nacional Mario Losada, que una noche en el año 1978, la gendarmería le golpeó la puerta de su casa en Misiones. El miedo generado ante tan inesperada visita, en segundos le dio paso a la sorpresa. El gendarme le preguntó si sabía de la presencia del ex presidente Illia en la provincia, a lo que Losada, sorprendido, contestó en forma negativa.
Al otro día Losada se movilizó para averiguar qué de cierto tenía el suceso vivido la noche anterior. Era cierto lo que decía gendarmería, Don Arturo estaba recorriendo el norte de la provincia de Misiones en el camión de un camionero amigo en pleno verano con sus jóvenes setenta y ocho años a cuesta.
En la primer presentación de este blog conté a la pasada que Illia conocía los rindes del algodón en cualquier zona del Chaco, del trigo en la Provincia de Buenso Aires o del tabaco en Corrientes. Estos viajes que hacía continuamente visitando amigos, que los tenía en cada pueblo de toda la geografía argentina, lo informaban de todo lo que acaecía en el país, en su país.
Viajaba y hablaba con el pueblo, viajaba y leia. Leia, observaba y refleccionaba.
Tuve la suerte de hablar con algún joven militante que en esa época lo acompañaba en alguno de esos viajes. Para llegar a Córdoba, por ejemplo, tardaba más de dos días. En cada pueblo de la ruta que conduce a la Docta hacía parar el auto para saludar, y charlar largamente, con algún amigo lugareño. Si se hacía de noche, allí era invitado a dormir para en la mañana retomar el camino recorrido en etapas.
Muy pocos políticos argentinos conocían el país como Don Arturo.
Cuando vivía en Cruz del Eje, lugar que había adoptado como su lugar en la vida a pesar de haber nacido en Pergamino, Prov. de Bs. As., una maestra del pueblo le ordenaba la correspondencia y su escritorio. En un reportaje publicado en el libro "El Viejo Illia" que el autor le hace a Laura Paz Díaz, la maestra cordobesa cuenta:
-"Siempre he pensado que quienes tuvimos la fortuna de haber conocido a Arturo Illia y haber participado con él de la lucha diaria, en la vida pública o social de todos los días, tenemos el deber de dar testimonio a las generaciones jóvenes sobre los valores de una personalidad tan singular como la de Illia..."
Periodista: - Bueno de él venimos a hablar...precisamente...
-"No por repetido hay que dejar de recordar cómo era Don Arturo. Era un hombre recto, rectísimo, así, en grado sumo; sentía un enorme respeto por los demás y era extremadamente responsable y bueno. ¿Sabe...? Illia era además un hombre culto. Unía a sus valores sociales, valores artísticos y filosóficos profundos. Le aseguro que amaba el arte, entendía el arte, y en soledad, reflexionaba sobre el hombre y el sentido de la vida..."
Periodista: - ¿Y por qué su vocación por la política?
-"Pienso que al tener ideas y convicciones totales acerca de la importancia de la democracia y la libertad, entendiendo esto como el mejor clima cívico para garantizar el respeto del hombre y de los ciudadanos, Illia, de ello hacía un credo... y por eso aquello de que "los hombres son sagrados para los hombres...", era un dogma, un imperativo afianzado en él. Era su verdad, y de allí que rechazara los autoritarismos y los regímenes totalitarios..."
Conocen algunos relatos que escucharon de correligionarios de más edad, alguna poquita cosa que aparece en los medios, y ahí queda la cosa. Libros sobre su figura hay pocos y muy breves. ¿Era sólo un hombre bueno y honesto?
El Régimen -hoy más conocido como establishment- especulando a su favor, lo quiso pintar sólo como un político decente, que dormía la siesta y tomaba té de piperina. Al eficientismo del conservadurismo en la Argentina le conviene la imagen de un dormilón piperinesco. Nunca un gobernante que hizo crecer el PBI en los años 1964 un 10,3% y 1965 un 9,1%, cuando en el 1963 había descendido un 2,4%. Además con una política económica heterodoxa de reactivación, de aumento de la demanda agregada y de los salarios. No haciendo ajustes inhumanos y, en el mediano plazo por lo menos, siempre fracasados en lo que respecta a elevarle el nivel de calidad de vida al pueblo argentino.
Algunos detractores dicen que se debió a las grandes cosechas de esos años. Éste también es un ataque mal intencionado de los eternos conservadores argentinos. En un estudio del economista Alejandro Díaz del año 1983 donde excluye al producto generado por el sector público y el agropecuario; en el año 1963 el PBI decreció un 4,8% y subió un 9,1 en 1964 y un 9,6 % en 1965. El PBI industrial en el período 1964-66 creció más del 30%.
Pero no quiero hablar de la economía del gobierno de Arturo Illia -los datos dados en el párrafo anterior son por demás elocuentes- quiero hablar de Don Arturo. Muy pocos políticos en la Argentina contemporánea llegaron a que, cuando se refieren a ellos y por respeto a su figura, se le anteceda el Don a su nombre. Si no buceen en los últimos veinticinco años de nuestra política autóctona.
En un programa del profesor Mariano Grondona de hace más de una década, la hija de Don Arturo, Emma Illia, le dice al conductor televisivo que su padre además de un buen gobernante y un político honesto, era un hombre culto. Pero Illia no era un hombre culto de biblioteca, de esas personas que se encierran en un escritorio y leen, leen y leen, con el único motivo de acumular datos e información banalmente. Él leia porque era un ávido curioso y quería saber en profundidad sobre muchos temas. Pero fundamentalmente le interesaba tener sabiduría para volcarla a su acción política. Le interesaba tener cultura para poder resolver con más solvencia los problemas políticos, sociales y económicos de su amado país.
Hace unos años le escuché contar al entonces senador nacional Mario Losada, que una noche en el año 1978, la gendarmería le golpeó la puerta de su casa en Misiones. El miedo generado ante tan inesperada visita, en segundos le dio paso a la sorpresa. El gendarme le preguntó si sabía de la presencia del ex presidente Illia en la provincia, a lo que Losada, sorprendido, contestó en forma negativa.
Al otro día Losada se movilizó para averiguar qué de cierto tenía el suceso vivido la noche anterior. Era cierto lo que decía gendarmería, Don Arturo estaba recorriendo el norte de la provincia de Misiones en el camión de un camionero amigo en pleno verano con sus jóvenes setenta y ocho años a cuesta.
En la primer presentación de este blog conté a la pasada que Illia conocía los rindes del algodón en cualquier zona del Chaco, del trigo en la Provincia de Buenso Aires o del tabaco en Corrientes. Estos viajes que hacía continuamente visitando amigos, que los tenía en cada pueblo de toda la geografía argentina, lo informaban de todo lo que acaecía en el país, en su país.
Viajaba y hablaba con el pueblo, viajaba y leia. Leia, observaba y refleccionaba.
Tuve la suerte de hablar con algún joven militante que en esa época lo acompañaba en alguno de esos viajes. Para llegar a Córdoba, por ejemplo, tardaba más de dos días. En cada pueblo de la ruta que conduce a la Docta hacía parar el auto para saludar, y charlar largamente, con algún amigo lugareño. Si se hacía de noche, allí era invitado a dormir para en la mañana retomar el camino recorrido en etapas.
Muy pocos políticos argentinos conocían el país como Don Arturo.
Cuando vivía en Cruz del Eje, lugar que había adoptado como su lugar en la vida a pesar de haber nacido en Pergamino, Prov. de Bs. As., una maestra del pueblo le ordenaba la correspondencia y su escritorio. En un reportaje publicado en el libro "El Viejo Illia" que el autor le hace a Laura Paz Díaz, la maestra cordobesa cuenta:
-"Siempre he pensado que quienes tuvimos la fortuna de haber conocido a Arturo Illia y haber participado con él de la lucha diaria, en la vida pública o social de todos los días, tenemos el deber de dar testimonio a las generaciones jóvenes sobre los valores de una personalidad tan singular como la de Illia..."
Periodista: - Bueno de él venimos a hablar...precisamente...
-"No por repetido hay que dejar de recordar cómo era Don Arturo. Era un hombre recto, rectísimo, así, en grado sumo; sentía un enorme respeto por los demás y era extremadamente responsable y bueno. ¿Sabe...? Illia era además un hombre culto. Unía a sus valores sociales, valores artísticos y filosóficos profundos. Le aseguro que amaba el arte, entendía el arte, y en soledad, reflexionaba sobre el hombre y el sentido de la vida..."
Periodista: - ¿Y por qué su vocación por la política?
-"Pienso que al tener ideas y convicciones totales acerca de la importancia de la democracia y la libertad, entendiendo esto como el mejor clima cívico para garantizar el respeto del hombre y de los ciudadanos, Illia, de ello hacía un credo... y por eso aquello de que "los hombres son sagrados para los hombres...", era un dogma, un imperativo afianzado en él. Era su verdad, y de allí que rechazara los autoritarismos y los regímenes totalitarios..."
martes, 29 de enero de 2008
Illia: "Yo tenía autoridad con los de afuera"
Vamos a seguir con Arturo Illia. Es la imagen del político en la cual nos podemos mirar sin dudas, sabiendo que sus virtudes nos iluminan ante tanta oscuridad, mediocridad y banalidad.
Es en un reportaje que le hace, a fines de 1966, el novel periodista Rodolfo Terragno; luego incluido en el libro "Muerte y Resurrección de los Políticos" donde entrevista entre otros a Perón, Balbín, Frondizi, Alende y Frigerio. Lo tituló: Illia:"Yo tenía autoridad con los de afuera"
Dice José Luis de Imaz: "La opinión pública identifica a los políticos profesionales con los beneficarios de prebendas, negociados y malversaciones ....."
En el caso de Arturo Umberto Illia, ese prejucio no ha funcionado: nadie sospechó a este antiguo radical -presidente entre 1963 y 1966- de haberse apoderado de dineros públicos. En cambio, sobre su verdadera personalidad fue aplicada otra imagen -injusta e ilevantable-, que lo transformó en un anciano sin carácter, parcimonioso y desinformado, incapaz de, siquiera, aprovecharse de esa presidencia llovida del cielo, con la cual no sabía que hacer.
[...] Los semanarios de noticias -Primera Plana, Confirmado- contribuyeron con su estilo suficiente y socarrón, a desdibujar la imagen de Illia. Fue una tarea nada inocente, por cuanto esos medios eran voceros de sectores castrenses que, finalmente, derrocaron al gobierno radical para realizar, a partir de 1966, la supuesta Revolución Argentina.
Por eso, fue con cierto sentimiento de culpa que, a poco de ese golpe, llegué hacia la casa de un hermano de Arturo Umberto Illia, donde estaba recluido el ex presidente. El sabía que yo pertenecía a esa mostaza (despectivo de juventud) que escribía en aquellos semanarios.
Sin embargo fue cortés conmigo. Un común amigo, el doctor Otero, le había anticipado que mi único interés era escucharlo. Conocer su opinión. No iba a hacerle una entrevista, ni a discutir con él. Quería oírlo.
[...] Mientras elegía políticos para incluir en este libro, Illia se me apareció como una figura imprescindible, y me acordé de aquellos apuntes. Como creo que toda obligación de abstinencia está prescripta, aquí los transcribo:
"Cuando vinieron a verme Rush y Gordon" (el ex secretario de Estado norteamericano Dean Rush y un ex embajador norteamericano en la Argentina) "yo les dije: `Vean señores, nosotros somos hombres que creemos en la democracia; en la democracia real, en serio´. Pero les digo además de eso: `Tengan en cuenta que tenemos que definir el valor de nuestros productos´. Entonces me contestan estos señores que ellos estaban de acuerdo y me hablan mucho de ayuda. `Vea´, les digo, `es la Argentina la que ayuda, no ustedes. `Me quiere explicar cómo es eso´, me dice Rush. Le digo: "Nosotros pagamos precios justos. Ustedes traen unos dólares y, con las utilidades, las amortizaciones, los intereses y los royalties, a los cinco años se llevaron varias veces lo que trajeron". Le digo: `De manera que fíjese usted´. Este hombre me mira, y entonces le digo: `¿Y usted cree que me ayuda a mí con 500 millones? Vea, con eso ningún país va a resolver sus problemas´.
" Al poco tiempo, salieron los militares a voltear el gobierno. ¿Y por qué se dan estos asuntos? Usted sabe lo que dicen ellos, falta autoridad...vacío de poder... el problema del peronismo...¡ah! y que marchábamos como tortugas. Fíjese usted en la estadística de producción; fíjese en los números de comercio. Vea la balanza 64/65. Yo que encontré el país desastroso, como saben todos, tengo la seguridad de que, entre lo que yo recibí y lo que encontraron estos señores...¡Pero que va usted a decir!
¡ Que no había autoridad! Yo ejercía con mis compatriotas una autoridad no coactiva. Y ejercía autoridad contra el poder económico. Estos dan garrote a los de adentro y obsequian flores a los de afuera. Yo tenía autoridad con el Fondo Monetario, con el Banco Mundial, con las empresas internacionales. Ahí es donde usted tiene que mostrar su autoridad.
No golpeando a obreros y estudiantes. Usted comprende que eso es absurdo: fuera de la ley no hay autoridad.
Eso es lo que ellos querían: vilipendiar. Y dicen que caímos porque el país no marchaba. Marchaba bien. Nosotros caímos por los aciertos, no por los errores. Caímos porque queríamos dejar de lado el concepto de sucursal. Eso es lo que no nos perdonaron éstos y las revistas, que ahora están contentas mientras nos garroteamos los argentinos. Todos esos que escriben...¡Sirvientes bien remunerados! ¡O usted cree que lo escriben por ingenuos, todos estos, esa mostaza que le deforma la información?".
Es en un reportaje que le hace, a fines de 1966, el novel periodista Rodolfo Terragno; luego incluido en el libro "Muerte y Resurrección de los Políticos" donde entrevista entre otros a Perón, Balbín, Frondizi, Alende y Frigerio. Lo tituló: Illia:"Yo tenía autoridad con los de afuera"
Dice José Luis de Imaz: "La opinión pública identifica a los políticos profesionales con los beneficarios de prebendas, negociados y malversaciones ....."
En el caso de Arturo Umberto Illia, ese prejucio no ha funcionado: nadie sospechó a este antiguo radical -presidente entre 1963 y 1966- de haberse apoderado de dineros públicos. En cambio, sobre su verdadera personalidad fue aplicada otra imagen -injusta e ilevantable-, que lo transformó en un anciano sin carácter, parcimonioso y desinformado, incapaz de, siquiera, aprovecharse de esa presidencia llovida del cielo, con la cual no sabía que hacer.
[...] Los semanarios de noticias -Primera Plana, Confirmado- contribuyeron con su estilo suficiente y socarrón, a desdibujar la imagen de Illia. Fue una tarea nada inocente, por cuanto esos medios eran voceros de sectores castrenses que, finalmente, derrocaron al gobierno radical para realizar, a partir de 1966, la supuesta Revolución Argentina.
Por eso, fue con cierto sentimiento de culpa que, a poco de ese golpe, llegué hacia la casa de un hermano de Arturo Umberto Illia, donde estaba recluido el ex presidente. El sabía que yo pertenecía a esa mostaza (despectivo de juventud) que escribía en aquellos semanarios.
Sin embargo fue cortés conmigo. Un común amigo, el doctor Otero, le había anticipado que mi único interés era escucharlo. Conocer su opinión. No iba a hacerle una entrevista, ni a discutir con él. Quería oírlo.
[...] Mientras elegía políticos para incluir en este libro, Illia se me apareció como una figura imprescindible, y me acordé de aquellos apuntes. Como creo que toda obligación de abstinencia está prescripta, aquí los transcribo:
"Cuando vinieron a verme Rush y Gordon" (el ex secretario de Estado norteamericano Dean Rush y un ex embajador norteamericano en la Argentina) "yo les dije: `Vean señores, nosotros somos hombres que creemos en la democracia; en la democracia real, en serio´. Pero les digo además de eso: `Tengan en cuenta que tenemos que definir el valor de nuestros productos´. Entonces me contestan estos señores que ellos estaban de acuerdo y me hablan mucho de ayuda. `Vea´, les digo, `es la Argentina la que ayuda, no ustedes. `Me quiere explicar cómo es eso´, me dice Rush. Le digo: "Nosotros pagamos precios justos. Ustedes traen unos dólares y, con las utilidades, las amortizaciones, los intereses y los royalties, a los cinco años se llevaron varias veces lo que trajeron". Le digo: `De manera que fíjese usted´. Este hombre me mira, y entonces le digo: `¿Y usted cree que me ayuda a mí con 500 millones? Vea, con eso ningún país va a resolver sus problemas´.
" Al poco tiempo, salieron los militares a voltear el gobierno. ¿Y por qué se dan estos asuntos? Usted sabe lo que dicen ellos, falta autoridad...vacío de poder... el problema del peronismo...¡ah! y que marchábamos como tortugas. Fíjese usted en la estadística de producción; fíjese en los números de comercio. Vea la balanza 64/65. Yo que encontré el país desastroso, como saben todos, tengo la seguridad de que, entre lo que yo recibí y lo que encontraron estos señores...¡Pero que va usted a decir!
¡ Que no había autoridad! Yo ejercía con mis compatriotas una autoridad no coactiva. Y ejercía autoridad contra el poder económico. Estos dan garrote a los de adentro y obsequian flores a los de afuera. Yo tenía autoridad con el Fondo Monetario, con el Banco Mundial, con las empresas internacionales. Ahí es donde usted tiene que mostrar su autoridad.
No golpeando a obreros y estudiantes. Usted comprende que eso es absurdo: fuera de la ley no hay autoridad.
Eso es lo que ellos querían: vilipendiar. Y dicen que caímos porque el país no marchaba. Marchaba bien. Nosotros caímos por los aciertos, no por los errores. Caímos porque queríamos dejar de lado el concepto de sucursal. Eso es lo que no nos perdonaron éstos y las revistas, que ahora están contentas mientras nos garroteamos los argentinos. Todos esos que escriben...¡Sirvientes bien remunerados! ¡O usted cree que lo escriben por ingenuos, todos estos, esa mostaza que le deforma la información?".
sábado, 19 de enero de 2008
El último discurso de Arturo Illia
Pasó un cuarto de siglo del día que se murió un gran político, tal vez el último estadista que tuvimos los argentinos. Aquí reproduzco parte de lo que que fue su último discurso.
Fue el 14 de septiembre de 1982 en la Bolsa de Comercio de la Ciudad de Córdoba. El político que recorría con algún camionero amigo el norte de la provincia de Misiones y sabía cuanto era el rinde del algodón en las distintas zonas algodoneras del Chaco o del maní en Córdoba o del trigo en la provincia de Buenos Aires, y que además conocía las grandes obras de infraestructura que necesitaba una Argentina desarrollada y hacia donde tenía que rumbear la ciencia nacional, nos dejó este legado, su manifiesto de última voluntad:
"No hay sociedades ideales. No hay organización permanente. El cambio es continuo. Lo que fue revolucionario ayer, hoy ya no lo es."
"Cuando uno se dedica a mantener, artificialmente, algo que ha sido superado, deja de ser un actor. Se convierte en un defensor del pasado."
"La Argentina necesita gobiernos que comprendan lo que ocurre en el mundo, y que no improvisen. No hay tiempo para perder."
"Debemos dejarnos de prevenciones y suspicacias, alejar el temor a las ideas y estudiar la época que vivimos. Los fantasmas se ahuyentan con la acción."
"El Estado no debe estar a servicio de sí mismo, sino de la Nación."
"Hoy la revolución no está en las armas sino en los laboratorios"
Llegando al final hizo un silencio, un sabio y reflexivo silencio. Luego nos dejó estas frases que tendrían que ser aleccionadoras y guía para todos los radicales:
"Esta Argentina no es el país que queremos. Todos somos culpables y, cuando todos son culpables nadie lo es. Cuando uno ha arrojado, por lo menos, una piedra para destruir lo que tuvimos y lo que pudimos tener. En este punto todos somos indemnes.
No perdamos esta indemnidad.
No le tengamos miedo a la ley, que es la única autoridad no autoritaria.
No tengamos miedo entre nosotros. Luchemos, yo no digo con generosidad: luchemos con sentido de responsabilidad. No nos quedemos con odios. No son buenos ni el odio ni el temor. Hagamos política . Valientemente, si cabe la palabra. "
Murió dieciocho semanas después. Su nombre era Arturo Umberto Illia.
Fue el 14 de septiembre de 1982 en la Bolsa de Comercio de la Ciudad de Córdoba. El político que recorría con algún camionero amigo el norte de la provincia de Misiones y sabía cuanto era el rinde del algodón en las distintas zonas algodoneras del Chaco o del maní en Córdoba o del trigo en la provincia de Buenos Aires, y que además conocía las grandes obras de infraestructura que necesitaba una Argentina desarrollada y hacia donde tenía que rumbear la ciencia nacional, nos dejó este legado, su manifiesto de última voluntad:
"No hay sociedades ideales. No hay organización permanente. El cambio es continuo. Lo que fue revolucionario ayer, hoy ya no lo es."
"Cuando uno se dedica a mantener, artificialmente, algo que ha sido superado, deja de ser un actor. Se convierte en un defensor del pasado."
"La Argentina necesita gobiernos que comprendan lo que ocurre en el mundo, y que no improvisen. No hay tiempo para perder."
"Debemos dejarnos de prevenciones y suspicacias, alejar el temor a las ideas y estudiar la época que vivimos. Los fantasmas se ahuyentan con la acción."
"El Estado no debe estar a servicio de sí mismo, sino de la Nación."
"Hoy la revolución no está en las armas sino en los laboratorios"
Llegando al final hizo un silencio, un sabio y reflexivo silencio. Luego nos dejó estas frases que tendrían que ser aleccionadoras y guía para todos los radicales:
"Esta Argentina no es el país que queremos. Todos somos culpables y, cuando todos son culpables nadie lo es. Cuando uno ha arrojado, por lo menos, una piedra para destruir lo que tuvimos y lo que pudimos tener. En este punto todos somos indemnes.
No perdamos esta indemnidad.
No le tengamos miedo a la ley, que es la única autoridad no autoritaria.
No tengamos miedo entre nosotros. Luchemos, yo no digo con generosidad: luchemos con sentido de responsabilidad. No nos quedemos con odios. No son buenos ni el odio ni el temor. Hagamos política . Valientemente, si cabe la palabra. "
Murió dieciocho semanas después. Su nombre era Arturo Umberto Illia.
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