Vamos a seguir con Arturo Illia. Es la imagen del político en la cual nos podemos mirar sin dudas, sabiendo que sus virtudes nos iluminan ante tanta oscuridad, mediocridad y banalidad.
Es en un reportaje que le hace, a fines de 1966, el novel periodista Rodolfo Terragno; luego incluido en el libro "Muerte y Resurrección de los Políticos" donde entrevista entre otros a Perón, Balbín, Frondizi, Alende y Frigerio. Lo tituló: Illia:"Yo tenía autoridad con los de afuera"
Dice José Luis de Imaz: "La opinión pública identifica a los políticos profesionales con los beneficarios de prebendas, negociados y malversaciones ....."
En el caso de Arturo Umberto Illia, ese prejucio no ha funcionado: nadie sospechó a este antiguo radical -presidente entre 1963 y 1966- de haberse apoderado de dineros públicos. En cambio, sobre su verdadera personalidad fue aplicada otra imagen -injusta e ilevantable-, que lo transformó en un anciano sin carácter, parcimonioso y desinformado, incapaz de, siquiera, aprovecharse de esa presidencia llovida del cielo, con la cual no sabía que hacer.
[...] Los semanarios de noticias -Primera Plana, Confirmado- contribuyeron con su estilo suficiente y socarrón, a desdibujar la imagen de Illia. Fue una tarea nada inocente, por cuanto esos medios eran voceros de sectores castrenses que, finalmente, derrocaron al gobierno radical para realizar, a partir de 1966, la supuesta Revolución Argentina.
Por eso, fue con cierto sentimiento de culpa que, a poco de ese golpe, llegué hacia la casa de un hermano de Arturo Umberto Illia, donde estaba recluido el ex presidente. El sabía que yo pertenecía a esa mostaza (despectivo de juventud) que escribía en aquellos semanarios.
Sin embargo fue cortés conmigo. Un común amigo, el doctor Otero, le había anticipado que mi único interés era escucharlo. Conocer su opinión. No iba a hacerle una entrevista, ni a discutir con él. Quería oírlo.
[...] Mientras elegía políticos para incluir en este libro, Illia se me apareció como una figura imprescindible, y me acordé de aquellos apuntes. Como creo que toda obligación de abstinencia está prescripta, aquí los transcribo:
"Cuando vinieron a verme Rush y Gordon" (el ex secretario de Estado norteamericano Dean Rush y un ex embajador norteamericano en la Argentina) "yo les dije: `Vean señores, nosotros somos hombres que creemos en la democracia; en la democracia real, en serio´. Pero les digo además de eso: `Tengan en cuenta que tenemos que definir el valor de nuestros productos´. Entonces me contestan estos señores que ellos estaban de acuerdo y me hablan mucho de ayuda. `Vea´, les digo, `es la Argentina la que ayuda, no ustedes. `Me quiere explicar cómo es eso´, me dice Rush. Le digo: "Nosotros pagamos precios justos. Ustedes traen unos dólares y, con las utilidades, las amortizaciones, los intereses y los royalties, a los cinco años se llevaron varias veces lo que trajeron". Le digo: `De manera que fíjese usted´. Este hombre me mira, y entonces le digo: `¿Y usted cree que me ayuda a mí con 500 millones? Vea, con eso ningún país va a resolver sus problemas´.
" Al poco tiempo, salieron los militares a voltear el gobierno. ¿Y por qué se dan estos asuntos? Usted sabe lo que dicen ellos, falta autoridad...vacío de poder... el problema del peronismo...¡ah! y que marchábamos como tortugas. Fíjese usted en la estadística de producción; fíjese en los números de comercio. Vea la balanza 64/65. Yo que encontré el país desastroso, como saben todos, tengo la seguridad de que, entre lo que yo recibí y lo que encontraron estos señores...¡Pero que va usted a decir!
¡ Que no había autoridad! Yo ejercía con mis compatriotas una autoridad no coactiva. Y ejercía autoridad contra el poder económico. Estos dan garrote a los de adentro y obsequian flores a los de afuera. Yo tenía autoridad con el Fondo Monetario, con el Banco Mundial, con las empresas internacionales. Ahí es donde usted tiene que mostrar su autoridad.
No golpeando a obreros y estudiantes. Usted comprende que eso es absurdo: fuera de la ley no hay autoridad.
Eso es lo que ellos querían: vilipendiar. Y dicen que caímos porque el país no marchaba. Marchaba bien. Nosotros caímos por los aciertos, no por los errores. Caímos porque queríamos dejar de lado el concepto de sucursal. Eso es lo que no nos perdonaron éstos y las revistas, que ahora están contentas mientras nos garroteamos los argentinos. Todos esos que escriben...¡Sirvientes bien remunerados! ¡O usted cree que lo escriben por ingenuos, todos estos, esa mostaza que le deforma la información?".
martes, 29 de enero de 2008
sábado, 19 de enero de 2008
El último discurso de Arturo Illia
Pasó un cuarto de siglo del día que se murió un gran político, tal vez el último estadista que tuvimos los argentinos. Aquí reproduzco parte de lo que que fue su último discurso.
Fue el 14 de septiembre de 1982 en la Bolsa de Comercio de la Ciudad de Córdoba. El político que recorría con algún camionero amigo el norte de la provincia de Misiones y sabía cuanto era el rinde del algodón en las distintas zonas algodoneras del Chaco o del maní en Córdoba o del trigo en la provincia de Buenos Aires, y que además conocía las grandes obras de infraestructura que necesitaba una Argentina desarrollada y hacia donde tenía que rumbear la ciencia nacional, nos dejó este legado, su manifiesto de última voluntad:
"No hay sociedades ideales. No hay organización permanente. El cambio es continuo. Lo que fue revolucionario ayer, hoy ya no lo es."
"Cuando uno se dedica a mantener, artificialmente, algo que ha sido superado, deja de ser un actor. Se convierte en un defensor del pasado."
"La Argentina necesita gobiernos que comprendan lo que ocurre en el mundo, y que no improvisen. No hay tiempo para perder."
"Debemos dejarnos de prevenciones y suspicacias, alejar el temor a las ideas y estudiar la época que vivimos. Los fantasmas se ahuyentan con la acción."
"El Estado no debe estar a servicio de sí mismo, sino de la Nación."
"Hoy la revolución no está en las armas sino en los laboratorios"
Llegando al final hizo un silencio, un sabio y reflexivo silencio. Luego nos dejó estas frases que tendrían que ser aleccionadoras y guía para todos los radicales:
"Esta Argentina no es el país que queremos. Todos somos culpables y, cuando todos son culpables nadie lo es. Cuando uno ha arrojado, por lo menos, una piedra para destruir lo que tuvimos y lo que pudimos tener. En este punto todos somos indemnes.
No perdamos esta indemnidad.
No le tengamos miedo a la ley, que es la única autoridad no autoritaria.
No tengamos miedo entre nosotros. Luchemos, yo no digo con generosidad: luchemos con sentido de responsabilidad. No nos quedemos con odios. No son buenos ni el odio ni el temor. Hagamos política . Valientemente, si cabe la palabra. "
Murió dieciocho semanas después. Su nombre era Arturo Umberto Illia.
Fue el 14 de septiembre de 1982 en la Bolsa de Comercio de la Ciudad de Córdoba. El político que recorría con algún camionero amigo el norte de la provincia de Misiones y sabía cuanto era el rinde del algodón en las distintas zonas algodoneras del Chaco o del maní en Córdoba o del trigo en la provincia de Buenos Aires, y que además conocía las grandes obras de infraestructura que necesitaba una Argentina desarrollada y hacia donde tenía que rumbear la ciencia nacional, nos dejó este legado, su manifiesto de última voluntad:
"No hay sociedades ideales. No hay organización permanente. El cambio es continuo. Lo que fue revolucionario ayer, hoy ya no lo es."
"Cuando uno se dedica a mantener, artificialmente, algo que ha sido superado, deja de ser un actor. Se convierte en un defensor del pasado."
"La Argentina necesita gobiernos que comprendan lo que ocurre en el mundo, y que no improvisen. No hay tiempo para perder."
"Debemos dejarnos de prevenciones y suspicacias, alejar el temor a las ideas y estudiar la época que vivimos. Los fantasmas se ahuyentan con la acción."
"El Estado no debe estar a servicio de sí mismo, sino de la Nación."
"Hoy la revolución no está en las armas sino en los laboratorios"
Llegando al final hizo un silencio, un sabio y reflexivo silencio. Luego nos dejó estas frases que tendrían que ser aleccionadoras y guía para todos los radicales:
"Esta Argentina no es el país que queremos. Todos somos culpables y, cuando todos son culpables nadie lo es. Cuando uno ha arrojado, por lo menos, una piedra para destruir lo que tuvimos y lo que pudimos tener. En este punto todos somos indemnes.
No perdamos esta indemnidad.
No le tengamos miedo a la ley, que es la única autoridad no autoritaria.
No tengamos miedo entre nosotros. Luchemos, yo no digo con generosidad: luchemos con sentido de responsabilidad. No nos quedemos con odios. No son buenos ni el odio ni el temor. Hagamos política . Valientemente, si cabe la palabra. "
Murió dieciocho semanas después. Su nombre era Arturo Umberto Illia.
viernes, 4 de enero de 2008
La Unión Cívica Radical fue un ejemplo de organización política nacional y popular que marcó un camino histórico de realizaciones para el pueblo argentino. A lo largo de más de ciento quince años sus dirigentes, militantes y simpatizantes le dieron empuje y renovación a nuestra vida republicana.
Si nuestro pueblo tiene algún tinte o rasgo de cultura democrática, no tengo dudas que los radicales contribuimos fuertemente en ese aprendizaje.
La Reparación fue una virtud que supimos articular toda vez que la República lo necesitó. En todo momento histórico en que el pueblo fue mansillado, atropellado, degradado, encarcelado, perseguido, empobrecido y desaparecido, surgió un gobierno radical que reparó los daños infligidos. Hay algunas excepciones, pero es preferible no recordarlas; todos las conocemos.
También desde el llano nuestros líderes partidarios lucharon en defensa de los valores democráticos y republicanos. Algunos dieron su propia vida en esa lucha.
En los últimos años por un sin número de errores cometidos, y algunas circunstancias históricas desfavorables, la UCR ha dejado de ser una opción de elección para los argentinos.
Ya no contamos con gobernadores que respondan orgánicamente a la conducción nacional, los bloques parlamentarios son en cada elección que pasa más reducidos, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no tenemos representantes en la Legislatura, el número de intendentes con que contamos es cada vez menor, etc., etc.
Pero hay síntomas más preocupantes, cada vez hay más radicales en otras fuerzas políticas, sobre todo después de cada elección interna que celebramos. La sangría ha sido anemizante.
Muchos se han ido tras contratos, conchavos y prebendas, es cierto; pero otros tantos no. Hacia esos tenemos que apuntar para el rescate, para nuestra propia Reparación.
Las grandes equivocaciones tuvieron que ver con alianzas, pactos, uniones, acuerdos programáticos y pragmáticos también.
Este espacio no tiene el propósito de mirar hacia atrás ni señalar a nadie, pero todos sabemos que cometimos muchos y variados errores, a veces premeditadamente y otras sin intención.
La recuperación va a ser difícil y va a requerir mucho tiempo.
Los intentos han sido variados y hasta loables. El problema es que los protagonistas y los métodos fueron siempre los mismos. Alguien dijo que: "La locura es hacer siempre lo mismo y pensar que las cosas van a cambiar"
Desde este lugar propongo intentar la recuperación de la Unión Cívica Radical desde las ideas, partiendo del pensamiento.
Sé que a los pragmáticos de siempre esto les parecerá una utopía, pero sus métodos tampoco han tenido demasiada eficiencia. No tienen demasiados éxitos partidarios para exhibir, tal vez tengan algunos personales, egoístamente personales, pero no partidarios.
Una vez por semana voy a volcar ideas que hicieron de la UCR mucho más que un partido político. Ser radical era una forma de vida, una concepción filosófica que tenía que ver con un fuerte humanismo. Fuimos una fuerza espiritual que tiñó nuestra geografía de: "aunque sea un mínimo de bienestar", como decía Don Hipólito Yrigoyen, para cada ciudadano.
Ideas de nuestros grandes hombres y algunas propias. Además en alguna ocasión voy a volcar artículos de algún medio gráfico que tenga que ver con nuestro ideario.
No tengo la verdad revelada, de eso estoy seguro, pero quiero hacer un aporte, tal vez un último esfuerzo, para intentar una mínima contribución en el resurgir de mi entrañable Unión Cívica Radical.
Con todo mi afecto. Marcelo Luis Tassara
Si nuestro pueblo tiene algún tinte o rasgo de cultura democrática, no tengo dudas que los radicales contribuimos fuertemente en ese aprendizaje.
La Reparación fue una virtud que supimos articular toda vez que la República lo necesitó. En todo momento histórico en que el pueblo fue mansillado, atropellado, degradado, encarcelado, perseguido, empobrecido y desaparecido, surgió un gobierno radical que reparó los daños infligidos. Hay algunas excepciones, pero es preferible no recordarlas; todos las conocemos.
También desde el llano nuestros líderes partidarios lucharon en defensa de los valores democráticos y republicanos. Algunos dieron su propia vida en esa lucha.
En los últimos años por un sin número de errores cometidos, y algunas circunstancias históricas desfavorables, la UCR ha dejado de ser una opción de elección para los argentinos.
Ya no contamos con gobernadores que respondan orgánicamente a la conducción nacional, los bloques parlamentarios son en cada elección que pasa más reducidos, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no tenemos representantes en la Legislatura, el número de intendentes con que contamos es cada vez menor, etc., etc.
Pero hay síntomas más preocupantes, cada vez hay más radicales en otras fuerzas políticas, sobre todo después de cada elección interna que celebramos. La sangría ha sido anemizante.
Muchos se han ido tras contratos, conchavos y prebendas, es cierto; pero otros tantos no. Hacia esos tenemos que apuntar para el rescate, para nuestra propia Reparación.
Las grandes equivocaciones tuvieron que ver con alianzas, pactos, uniones, acuerdos programáticos y pragmáticos también.
Este espacio no tiene el propósito de mirar hacia atrás ni señalar a nadie, pero todos sabemos que cometimos muchos y variados errores, a veces premeditadamente y otras sin intención.
La recuperación va a ser difícil y va a requerir mucho tiempo.
Los intentos han sido variados y hasta loables. El problema es que los protagonistas y los métodos fueron siempre los mismos. Alguien dijo que: "La locura es hacer siempre lo mismo y pensar que las cosas van a cambiar"
Desde este lugar propongo intentar la recuperación de la Unión Cívica Radical desde las ideas, partiendo del pensamiento.
Sé que a los pragmáticos de siempre esto les parecerá una utopía, pero sus métodos tampoco han tenido demasiada eficiencia. No tienen demasiados éxitos partidarios para exhibir, tal vez tengan algunos personales, egoístamente personales, pero no partidarios.
Una vez por semana voy a volcar ideas que hicieron de la UCR mucho más que un partido político. Ser radical era una forma de vida, una concepción filosófica que tenía que ver con un fuerte humanismo. Fuimos una fuerza espiritual que tiñó nuestra geografía de: "aunque sea un mínimo de bienestar", como decía Don Hipólito Yrigoyen, para cada ciudadano.
Ideas de nuestros grandes hombres y algunas propias. Además en alguna ocasión voy a volcar artículos de algún medio gráfico que tenga que ver con nuestro ideario.
No tengo la verdad revelada, de eso estoy seguro, pero quiero hacer un aporte, tal vez un último esfuerzo, para intentar una mínima contribución en el resurgir de mi entrañable Unión Cívica Radical.
Con todo mi afecto. Marcelo Luis Tassara
miércoles, 2 de enero de 2008
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