La Unión Cívica Radical y su futuro político.
Producido por Marcelo L. Tassara
Breve reseña histórica.
La creación de la UCR en la última parte del siglo XIX tuvo que ver con una crisis parecida a la actual, a grandes rasgos excesos en la emisión de moneda llevaron al país a una pésima situación socio- económica. A esto se sumaba una gran corruptela del gobierno de turno que, encabezado por Juárez Celman, había roto con las reglas éticas que toda dirigencia debe exhibir ante la sociedad.
Hombres como Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen, Aristóbulo del Valle, José M. de Estrada tal vez no pensaran ideológicamente de la misma forma, pero tenían valores que hoy escasean en la gran mayoría de nuestra dirigencia. Estos hombres tuvieron la voluntad, la inteligencia, el talento y la decisión de crear algo nuevo, algo que, aunque luego muchos claudicaron, dos décadas y media después logró llegar al poder máximo de la Nación para producir un cambio sustancial en la política nacional.
Ellos lograron por primera vez que un gobierno elegido por el pueblo (palabra que tenemos que volver a usarla porque es mucho más representativa que la palabra gente), a través del voto secreto, obligatorio y universal; signara los destinos de la República.
Diagnóstico de la situación actual.
Luego de la infructuosa caída, por llamarla de alguna manera, del gobierno de De la Rúa, el panorama político que tenemos que afrontar los radicales es de una negrura muy profunda, casi sepulcral. Es la segunda vez, desde que se reinstauró la democracia en el año 1983, que un gobierno radical tiene que dejar el poder antes de vencido el período que la Constitución lo habilita para ejercerlo.
El gobierno que espiró el 20 de diciembre pasado, poco tuvo que ver con la concepción histórica, ideológica y filosófica para lo que fue creada la UCR. El nuestro es un partido antropocéntrico, humanístico, dónde, redundando para ser bien elocuente, el hombre es el destinatario central de nuestra acción política.
Mucha gente, en su desconocimiento, dice que las doctrinas peronistas y radical son parecidas, puede ser que algunas visiones que tienen que ver con lo social, hagan que superficialmente lo parezcan. Pero haciendo un análisis un poco más profundo, y si queremos salvar al partido vamos a tener que pensar muy profundamente, se acabó el pensamiento "liviano" en los difícilísimos tiempos que vivimos; poco tienen que ver la una con la otra.
A nuestro partido lo comenzaron a nutrir ideológicamente dos profesores de filosofía como fueron Alem e Yrigoyen, el primero desde su pensamiento kantiano de firmes valores éticos y morales, el segundo desde el krausismo con valores similares dónde por ejemplo la educación era un valor superior a llevar adelante como política de Estado, como factor de superación y movilidad social. ¡Que lejos estamos hoy de esta premisa fundamental!, ya ni siquiera desde lo ético o moral, sino desde el más crudo pragmatismo, porque todos sabemos que los países desarrollados, sin excepción, apostaron a la educación para seguir el rumbo correcto hacia el desarrollo.
Mientras que el peronismo siempre fue un partido con bases filosóficas hegelianas dónde el Estado está por sobre todo, si queremos un ejemplo claro de esto leamos o escuchemos cualquier discurso de un dirigente peronista o un sindicalista de la CGT, dónde vamos a escuchar decir: "primero la patria, segundo el movimiento y por último los hombres ". Nosotros los radicales, aunque lo tenemos muy olvidado, pensamos que la patria tiene fundamentalmente que ver con el bienestar de los seres humanos que la habitan, si esos hombres, mujeres y niños no tiene ni siquiera sus necesidades básicas satisfechas, la patria es sólo mera geografía.
La famosa frase de Yrigoyen al Presidente Hoover ”Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos”, resume muy bien nuestra filosofía política.
Si desde una función de gobierno no podemos mejorarle la calidad de vida a nuestro pueblo, en nada nos diferenciamos de un gobierno conservador. Un primer ministro inglés dijo por allá a fines del siglo XIX que, "un gobierno conservador no es nada más que una hipocresía organizada".
Este partido hoy con serias posibilidades de extinguirse, fue la única expresión de un liberalismo en serio en la Argentina. Que quede bien claro, estoy hablando de liberalismo y no de conservadurismo, ya que de esto sí tenemos innumerables expresiones políticas en nuestro país, el peronismo entre ellas. El liberalismo como expresión progresista, de defensa de las libertades públicas, la igualdad ante la justicia, la redistribución del ingreso y el intervensionismo estatal (que no es lo mismo que ser estatista) para que pueda existir una real libertad de mercados, que en serio promueva la competencia y no el reinado de los monopolios y oligopolios.
En una palabra el Estado al servicio del Hombre y no como un instrumento de coacción del poder económico para esquilmar al pueblo. El Estado moderno, en los países democráticos, fue pensado como una herramienta para la defensa y protección del ciudadano ante el poder corporativo. Esa fue la concepción política histórica del radicalismo, el Estado para enaltecer la condición humana, no para denigrarla.
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Lamentablemente ese conservadurismo está fuertemente instalado en las entrañas más profundas de nuestro partido, hecho que lo ha hecho perder no sólo caudal electoral, sino poder social. No tenemos, o hemos rifado, el verdadero poder que tiene un partido político que es la fuerte adhesión de ciertos sectores de la sociedad. La clase media que históricamente apoyó al radicalismo hoy nos detesta profundamente.
Ese conservadorismo ha inmovilizado a las estructuras del partido y ha destruido el espíritu militante de su gente. Para qué ir a un comité, o a un plenario, o a las reuniones de la convención del partido en cualquiera de las circunscripciones; si hay un discurso único. Hay que apoyar incondicionalmente, los grandes dirigentes tienen la verdad, no hay nada que discutir, hay una única verdad, se acabaron las ideologías, los hombres no piensan más, hay que ajustar, ajustar y ajustar. Así estamos vaciados de ideas y fuertemente cuestionados por todos los sectores de la sociedad. La reconstrucción será difícil y de algo tenemos que estar seguros, lo que nosotros no hagamos, lo que no evolucionemos, alguien lo va a hacer. Y si ese alguien tiene llegada a la sociedad será nuestro natural reemplazo.
Este es un partido cuya vida ocupó más de la mitad de la historia de la Nación, fue un partido revolucionario que produjo cambios fundamentales en nuestra vida política; ocupamos seis veces la Presidencia de la Nación, nuestros pensadores nutrieron con ideas de lujo los documentos, leyes, decretos o doctrinas políticas que rigen los destinos de la República. Hoy estamos reducidos a una fuerza anémica, sin prestigio, sin rumbo y sin ideas.
Los intelectuales, políticos, profesionales y militantes que otrora nutrieron al partido de sentido social, humano, político e intelectual fueron de la más alta erudición y honorabilidad. Tenían un profundo sentido republicano, lo que se traducía en la acción a través de una vocación de servicio que conducía inexorablemente a la obtención del bien común. En los días que corren este rumbo se ha desviado y el único bien a dónde se apunta es al bien personal, por supuesto que con un montón de excepciones que son las que, de alguna forma, sostienen lo poco que queda de partido y de sistema democrático.
Alguna vez los radicales tuvimos como rumbo a seguir, ya reinstaurada la democracia, algo así como lo que nuestros pensadores definieron como la "ética de la solidaridad", que tal vez visto desde el pragmatismo imperante parezca una utopía y hasta una ingenuidad superlativa, ¿pero hoy cuál es nuestra línea de acción política?, ¿para qué hacemos política?, ¿cual es la razón por la cual tenemos que seguir existiendo?, ¿qué le podemos ofrecer a la sociedad?. Esto es fundamental tenerlo muy claro, no existe partido que gobierne o haya gobernado bien en el mundo que no tenga en claro cuál es su ideología, hacia dónde quiere ir, cuál es su meta. Con esto no quiero decir que lo ideológico no sea dinámico y que los partidos tengan que modernizarse, pero si no hay una noción clara de cuál es el rumbo, pasan las cosas que pasaron.
Es común escuchar en esta última década y media que, de la mano de los ideólogos neoconservadores (observar que digo ideólogos), se dice que se acabaron las ideologías y significativamente hablan del "último hombre". Decir que las ideologías se terminaron es como decir que el hombre no piensa más, es condenarlo a vivir cohesionado por las leyes del mercado, es volver al “estado de naturaleza”, a la ley de la selva, al hombre de las cavernas, a tirar por la borda más de dos siglos de luchas sociales. Es un insulto a la inteligencia humana.
Para nosotros es como decir que Alem, Yrigoyen, Lebensohn, Larralde, Illia, sólo por nombrar a algunos, eran unos estúpidos que se deliraron trabajando por lograr el desarrollo humano del pueblo.
Una de las causas fundamentales de las cosas que ocurrieron tienen que ver con el reduccionismo intelectual que sufrió nuestro partido a partir de su conservadorización, hay dirigentes que leyeron sólo los títulos de algunos libros y dijeron que se habían acabado las ideologías, que todo tenía que ser lineal y la política sólo sirve para administrar, ni siquiera eso pudimos hacer bien, el presupuesto del Estado y que sus cuentas estén en equilibrio.
Gobernar es muchísimo más complejo que administrar (esto lo puede hacer cualquier experimentado y eficiente contador), para gobernar bien se necesita por lo menos algo parecido a un estadista . Un estadista tiene que saber de economía, sociología, derecho, psicología, gerenciamiento gubernamental, cultura, educación y otros tantos saberes que lo hagan tener la capacidad de análisis, el pensamiento estratégico correcto y la capacidad de tomar decisiones que conduzcan al país hacia rumbos de grandeza.. Además tiene que tener un equipo de excelencia que lo acompañe, no que lo siga, con la suficiente capacidad de crítica como para señalarle en qué se puede equivocar y cuál es el camino. De más está decir que este señor estadista entre tantas virtudes hay una que no puede dejar de tener, tiene que ser un gran escuchador, hemos hablado mucho y escuchado poco los radicales en los últimos tiempos..
Este hombre que parece difícil de encontrar en el universo político argentino actual, lo tienen países como Brasil, Chile y Uruguay por nombrar algunos de los más cercanos. Nuestro partido produjo algunos de estos hombres, Yrigoyen e Illia son un ejemplo elocuente, pero esa aparición no es sólo consecuencia de un hecho fortuito o de generación espontánea; el tener un estadista es la consecuencia de trabajar en la dirección correcta durante muchos años. Es tener un sistema de selección eficiente de los candidatos y funcionarios que van a ocupar los diferentes cargos, ya sea a nivel municipal, provincial o nacional.
Se necesita todo un partido en sintonía para lograr tener un gran director de orquesta, no se puede inventar o improvisar. En esta carencia también está la mano de los que conservadorizaron la Unión Cívica Radical. Dice Kurt Lenk en su libro "El concepto de la Ideología" : "Muy pocos espíritus libres pueden soportar la verdad; para la masa, en cambio, son indispensables el mito y la mentira consoladora", este camino expresado en esta corta frase es el que recorrimos en estos últimos años.
Se subió al más alto peldaño de la política nacional, sin un programa de gobierno, sin plan económico, sin equipos, si los hubo en algún área fueron pocos, que supieran mínimamente cuál era el rumbo a seguir, qué era lo que había que hacer, se improvisó todo, la irresponsabilidad fue el signo de nuestro gobierno. El fin de esta improvisación fue Cavallo Ministro de Economía, así nos fue..
El llegar al poder fue un fin en sí mismo; después gobernar de alguna forma lo íbamos a hacer, somos demasiados capaces los radicales como para no sortear tamaña pavada.
Para evitar que, si alguna vez volvemos a ser gobierno, ocurra esto de nuevo tenemos que producir un cambio profundo de nuestra concepción política y reformas estructurales dentro del partido. Este cambio es muy difícil hacerlo por qué va a necesitar de renunciamientos y grandezas que, creo, ninguno de los que tuvieron responsabilidad directa en el mal rumbo seguido vayan a asumir. Pero alguien tiene que por lo menos decirlo. Algo sí está claro, si el cambio no se produce será muy difícil salir del coma cuatro en que está sumida la UCR. Seremos un partidito de entre el 5 y el 10% de los votos, sin destino y sin poder de decisión sobre la historia a venir.
Algunas propuestas para el cambio.
I) Participación
Como primera acción hay que organizar foros de debates para escuchar a los militantes de base , de dónde salgan ideas originales para ver hacia dónde puede estar el cambio.
II) Autocrítica
Está claro que para refundar el partido hacen falta mucho coraje y honestidad intelectual para asumir culpas; y mucho talento e inteligencia para reinterpretar a la sociedad, y pensar en como se cierran las heridas que abrimos en la trama social, y cuál es la nueva propuesta.
Los maquillajes ya sabemos que son irreproducibles y obsoletos, la sociedad se cansó de los gatopardismos, y un intento de volver a recrearlos es el suicidio político definitivo.
III) Reempadronamiento
Luego de producido este diagnóstico, hay que reempadronar en todo el país, saber exactamente con que contamos realmente, cuantos y quienes somos en cada distrito.
IV) Actualización doctrinaria
Como paso siguiente hay que volver a discutir nuestra doctrina, que somos los radicales, para qué nuestra acción política, en dónde estamos parados en lo cultural, en lo científico, en lo educativo, en lo social, en lo económico, etc..
V) Contenidos de campaña
Hay que determinar si tienen sentido seguir existiendo, si tenemos una propuesta seria para la sociedad, del porqué la gente tiene que votarnos, qué le vamos a cambiar si algún día volvemos al gobierno. Ya no hay espacios para esloganes vacíos y marketineros, eso es, por suerte, tiempo pasado y muy triste, hoy tenemos que volver a ser serios y trabajar duramente en propuestas viables; tenemos la casi imposible misión de volver a ser creíbles.
Vamos tener que decirle al pueblo argentino que no sólo podemos volver a ser una opción electoral, sino un instrumento genuino, para que ese pueblo pueda tener expectativa de una vida más digna, de volver a tener futuro.
Si no podemos llegar a estas definiciones conceptuales básicas no vale la pena seguir adelante, no hay destino posible, sólo seremos una entelequia con pretensiones electorales.
Para ser muy pragmáticos, la lupa con que el electorado visualizará a cada uno de los candidatos y propuestas de cada partido en las próximas elecciones será gigante, sino cambiamos sustancialmente sólo tendremos eso, pretensiones electorales.
VI) Criterios de idoneidad
Una vez de hecha esta enorme tarea, que llevará mucho tiempo, de ver cuantos somos, que es lo que queremos, que proponemos y cómo lograrlo; hay que formar los cuadros para que se pueda bien gobernar el día que se vuelva a tener la oportunidad. El partido va a tener que tener un ámbito de formación de esos cuadros, que no sólo tiene que servir para la formación, sino para la selección de los más capacitados para ejercer tareas de gobierno.
VII) Planificación
Además de ese ámbito tendrán que salir los programas de gobierno y los proyectos para hacer que este país vuelva a tener un destino.
El último gobernante que tuvo un plan integral fue Arturo Illia, han pasado treinta y nueve años y nadie a trabajado en serio en un proyecto de esta dimensión, creo que un comentario al respecto es de tanto obviedad que es preferible no hacerlo.
VIII) Buscar un nuevo sistema para la elección de candidatos
La última misión que tendremos que asumir es el cambio del sistema en la elección de los candidatos para cargos electivos y partidarios, las soluciones son muchas y variadas, pero hay que elegir alguna que asegure la renovación de los dirigentes también sin gatopardismos, la enorme lupa de la sociedad lo detectaría inmediatamente.
Si los radicales podemos hacer estos cambios en medio de esta profunda crisis que vivimos, las crisis siempre son una oportunidad, podremos con el tiempo volver a ser una opción de transformación social, de que los argentinos podamos volver a tener una esperanza de un destino más promisorio.
Si no podemos, tal vez sólo nos transformemos en esa frase que marcó una forma de comunicarnos en la noche negra de la dictadura más cruel que vivió nuestra sociedad. Espero que esas tres palabras, con que se concluía, como saludo para identificarnos, las pocas solicitadas que los radicales pudimos publicar en la prensa de esa época; no se conviertan en algo definitivo en la historia argentina, Un Cálido Recuerdo.
Marzo de 2002.
miércoles, 16 de julio de 2008
lunes, 9 de junio de 2008
Crisólogo Larralde: un político radical en quien reflejarse II
Vamos a seguir con Don Crisólogo. Con su enorme vocación de servicio, con su permanente lucha por la búsqueda de ideas que emanaban de sus sistemáticas lecturas y su caminar entre las mujeres y los hombres del pueblo. Dialogando con todos e interiorizándose de los problemas que lo aquejaban.
Para hablar de las ideas de un político no hay nada más directo que expresarlas taxativamente. Bucear en los documentos, y seleccionar de ellos, lo que uno cree que mejor representa el pensamiento vivo del tribuno.
Larralde tuvo la virtud de luchar siempre por la unidad del radicalismo. Su sufrimiento fue extremo cuando, en la Convención de Tucumán de 1956, el radicalismo irremediablemente se dividió.
Hoy, cuando sólo se habla de dólares, euros, retenciones, o si "Buenos Aires va a empezar a trabajar o no" o a quién voy a desalojar para hacer tal o cual negocio. Si nuestra Presidenta hizo compras de no sé cuantas joyas, o qué propina dejó en el país extranjero visitado; las IDEAS son escasas. Aquí algunas de las que expresaba Don Crisólogo:
En declaraciones de febrero de 1945 en Avellaneda decía:
"Estamos sufriendo aquí la peste del descreimeinto, de la falta de fe en el hombre y en la idea. Dicen que es cosa del tiempo y del mundo; de este mundo donde todo se pesa, se mide, se vende y se compra; sin excluir al hombre y a la idea"
¡Que actual! ¿no?
En Rosario, Provincia de Santa Fé, durante la campaña política de 1954, expresó:
"Los radicales no le vamos a hacer al presidente una carrera demagógica. Nosotros no estamos contra el capital. Porque el capital como acumulación de dinero no es más que acumulación de trabajo. El dinero no es más que la traducción económica del valor del trabajo. El capital es necesario para financiar la producción y desarrollarla, tanto en los países de economía estatal como Rusia, como en los de economía privada como Inglaterra, Francia, EEUU, Argentina, etc. Pero estamos contra los excesos del capital. Es como si reconociéramos que siendo bueno el alcohol es funesto el alcoholismo. Nosotros sabemos que el capital, obediente a su ley constitutiva, no busca otra cosa que la ganancia, que coloca la obtención de la utilidad por encima de la moral, que cuando puede engrosarse honestamente lo hace y cuando no, lo hace lo mismo. El capital coloca la obtención de la utilidad y del beneficio por encima de la libertad, porque si puede acumular en libertad lo hace y si no, lo hace acomodándose con las dictaduras. Lo coloca por encima de la justicia y por encima del derecho, porque cuando puede realizar sus fines de crecimiento hipertrófico dentro del derecho y al amparo de la justicia, lo hace allí, pero cuando no, lo hace a pesar de la justicia y violando las leyes del derecho.
[...] Queremos entonces una revisión del ordenamiento capitalista. [...] Queremos que las palabras "revolución social" de que ha hablado el presidente de la República, se conviertan mediante nosotros en un hecho generoso y positivo para bien de todos. Queremos hacerlo sin sangre y sin rencores, como aquí se dijo, no a favor de un partido, sí a favor de un pueblo; queremos anteponer a los privilegios económicos, el derecho del individuo, pero nada vamos a poder realizar, absolutamente nada, si primero no conseguimos el arma más importante, que es el que todas las dictaduras niegan. [...] Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el derecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para enoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde, pero no vivimos para comer, precisamente, sino a la inversa. No pensamos en la libertad como el marxismo, ni como el facismo, ni como el peronismo. Pensamos de la libertad acaso como podría pensar Dios".
En 1945 en Avellaneda hablando de los "Antecedentes de la política social Argentina" expresaba:
"[...] De la labor de la Secretaría de Trabajo y Previsión no quedarán sino discursos, porque el bienestar de la clase trabajadora, la democracia económica no podrá fundarse sino sobre la base de un profundo estudio de la realidad nacional, que aún no se ha hecho.
[...] Para finalizar, afirmamos que debe ser devuelta su libertad a la clase trabajadora y reintegrada su representación a los sindicatos auténticos creados por ella misma y no por la dictadura. Yrigoyen no creó una organización sindical gubernista, para servir ambiciones personales; muy por el contrario, estimuló la agremiación y la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), que en el año 1915 tenía en su seno 51 sindicatos con 20.521 cotizaciones - Nota del autor: afiliaciones-, llegó en diciembre de 1920 a contar con 734 sindicatos y 700mil cotizaciones."
Para hablar de las ideas de un político no hay nada más directo que expresarlas taxativamente. Bucear en los documentos, y seleccionar de ellos, lo que uno cree que mejor representa el pensamiento vivo del tribuno.
Larralde tuvo la virtud de luchar siempre por la unidad del radicalismo. Su sufrimiento fue extremo cuando, en la Convención de Tucumán de 1956, el radicalismo irremediablemente se dividió.
Hoy, cuando sólo se habla de dólares, euros, retenciones, o si "Buenos Aires va a empezar a trabajar o no" o a quién voy a desalojar para hacer tal o cual negocio. Si nuestra Presidenta hizo compras de no sé cuantas joyas, o qué propina dejó en el país extranjero visitado; las IDEAS son escasas. Aquí algunas de las que expresaba Don Crisólogo:
En declaraciones de febrero de 1945 en Avellaneda decía:
"Estamos sufriendo aquí la peste del descreimeinto, de la falta de fe en el hombre y en la idea. Dicen que es cosa del tiempo y del mundo; de este mundo donde todo se pesa, se mide, se vende y se compra; sin excluir al hombre y a la idea"
¡Que actual! ¿no?
En Rosario, Provincia de Santa Fé, durante la campaña política de 1954, expresó:
"Los radicales no le vamos a hacer al presidente una carrera demagógica. Nosotros no estamos contra el capital. Porque el capital como acumulación de dinero no es más que acumulación de trabajo. El dinero no es más que la traducción económica del valor del trabajo. El capital es necesario para financiar la producción y desarrollarla, tanto en los países de economía estatal como Rusia, como en los de economía privada como Inglaterra, Francia, EEUU, Argentina, etc. Pero estamos contra los excesos del capital. Es como si reconociéramos que siendo bueno el alcohol es funesto el alcoholismo. Nosotros sabemos que el capital, obediente a su ley constitutiva, no busca otra cosa que la ganancia, que coloca la obtención de la utilidad por encima de la moral, que cuando puede engrosarse honestamente lo hace y cuando no, lo hace lo mismo. El capital coloca la obtención de la utilidad y del beneficio por encima de la libertad, porque si puede acumular en libertad lo hace y si no, lo hace acomodándose con las dictaduras. Lo coloca por encima de la justicia y por encima del derecho, porque cuando puede realizar sus fines de crecimiento hipertrófico dentro del derecho y al amparo de la justicia, lo hace allí, pero cuando no, lo hace a pesar de la justicia y violando las leyes del derecho.
[...] Queremos entonces una revisión del ordenamiento capitalista. [...] Queremos que las palabras "revolución social" de que ha hablado el presidente de la República, se conviertan mediante nosotros en un hecho generoso y positivo para bien de todos. Queremos hacerlo sin sangre y sin rencores, como aquí se dijo, no a favor de un partido, sí a favor de un pueblo; queremos anteponer a los privilegios económicos, el derecho del individuo, pero nada vamos a poder realizar, absolutamente nada, si primero no conseguimos el arma más importante, que es el que todas las dictaduras niegan. [...] Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el derecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para enoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde, pero no vivimos para comer, precisamente, sino a la inversa. No pensamos en la libertad como el marxismo, ni como el facismo, ni como el peronismo. Pensamos de la libertad acaso como podría pensar Dios".
En 1945 en Avellaneda hablando de los "Antecedentes de la política social Argentina" expresaba:
"[...] De la labor de la Secretaría de Trabajo y Previsión no quedarán sino discursos, porque el bienestar de la clase trabajadora, la democracia económica no podrá fundarse sino sobre la base de un profundo estudio de la realidad nacional, que aún no se ha hecho.
[...] Para finalizar, afirmamos que debe ser devuelta su libertad a la clase trabajadora y reintegrada su representación a los sindicatos auténticos creados por ella misma y no por la dictadura. Yrigoyen no creó una organización sindical gubernista, para servir ambiciones personales; muy por el contrario, estimuló la agremiación y la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), que en el año 1915 tenía en su seno 51 sindicatos con 20.521 cotizaciones - Nota del autor: afiliaciones-, llegó en diciembre de 1920 a contar con 734 sindicatos y 700mil cotizaciones."
miércoles, 23 de abril de 2008
Crisólogo Larralde: un político radical
Crisólogo Larralde: un político radical en quien reflejarse.
Este referente de la política que apunta a la lucha por el bien común, había nacido en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en el año 1902. Ocupó casi todos los cargos partidarios hasta llegar a ser presidente del Comité Nacional en un momento difícil como fue la división del partido en el año 1957.
Fue candidato a gobernador de su provincia y a vicepresidente de la Nación en el año 1954. Pero no quiero en estos escritos hacer un relato biográfico de Larralde, sino contar su perfil humano y político.
Es otro intento desde estas páginas de recrear el pensamiento radical, ese que está guardado en el cajón de los trastos viejos, ese ideario que hoy la República necesita como nunca, imperiosamente.
Crisólogo es uno de los tantos modelos a imitar, tenemos que volver a recrear a estos hombres de carne y hueso a los que no hay que idealizar como seres elegidos, sino solamente rescatar la pasión y el interés comprometido, y desinteresado, que pusieron en defensa del partido y el país.
Había nacido en un hogar humilde y sabía, según sus propias palabras, lo que eran: "el hacinamiento en una sola habitación de madera y la promiscuidad de los inquilinatos".
Pero la adversidad no lo frenó. Mezcló entre sus tareas para sobrevivir, la de ayudante de herrero, aprendiz gráfico y juntador de maíz. El periodismo lo ayudó a pulir sus ideas y solventar sus gastos.
Fue progresando lentamente y se transformó en un referente dentro de la UCR y la Nación.
Las bibliotecas anarquistas y su deseo incansable de elevarse fueron su rumbo, su motivación.
Era un militante de gran altura espiritual, aptitud hoy casi inexistente en la política argentina.
Fue un dirigente que basaba su poder en su autoridad personal que había construido dando ejemplos palpables de su vocación democrática.
No se manejaba dando órdenes, sino que conducía dando ejemplos.
Hay un detalle que describe la altura de su autoridad: el 24 de octubre de 1957, durante la Convención Constituyente que estaba reformando la Constitución del 49, se tenía que votar la inclusión del artículo 14 bis, en el que tuvo una gran influencia en su redacción, él no era constituyente. Sabía que había algunos convencionles radicales no demasiado convencidos del agregado del artículo. Don Crisólogo se sentó atrás del bloque propio como garantía por si había algún distraído que no respetara lo consensuado partidariamente. Nadie se corrió un milímetro, se votó lo pactado.
¡Que lejos estamos hoy de un dirigente de estas características! No eran seres providenciales, ¡tenían conducta!
Don Crisólogo caminaba su provincia y la geografía nacional y se capacitaba. Tenía una biblioteca personal de varios miles de volúmenes, "todos leídos" como a él le gustaba decir.
Leía y elaboraba, pensaba en las salidas políticas que le podía dar a su pueblo para que pudiera vivir mejor.
No le gustaba, cuando daba un discurso, que el pueblo lo aplaudiera demasiado, los interrumpía y les decía que no era necesario "pues estamos estudiando".
Su visión del peronismo nunca fue "gorila", ideológicamente tenías enormes disidencias con ese movimiento popular y luchó enconadamente contra él, pero el famoso 17 de octubre de 1945 dijo: "me vi caminando entre ellos". Luchó desde las ideas contra el régimen peronista, pero entendía la reivindicación social que, desde algún lugar, el pueblo necesitaba.
Este referente de la política que apunta a la lucha por el bien común, había nacido en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en el año 1902. Ocupó casi todos los cargos partidarios hasta llegar a ser presidente del Comité Nacional en un momento difícil como fue la división del partido en el año 1957.
Fue candidato a gobernador de su provincia y a vicepresidente de la Nación en el año 1954. Pero no quiero en estos escritos hacer un relato biográfico de Larralde, sino contar su perfil humano y político.
Es otro intento desde estas páginas de recrear el pensamiento radical, ese que está guardado en el cajón de los trastos viejos, ese ideario que hoy la República necesita como nunca, imperiosamente.
Crisólogo es uno de los tantos modelos a imitar, tenemos que volver a recrear a estos hombres de carne y hueso a los que no hay que idealizar como seres elegidos, sino solamente rescatar la pasión y el interés comprometido, y desinteresado, que pusieron en defensa del partido y el país.
Había nacido en un hogar humilde y sabía, según sus propias palabras, lo que eran: "el hacinamiento en una sola habitación de madera y la promiscuidad de los inquilinatos".
Pero la adversidad no lo frenó. Mezcló entre sus tareas para sobrevivir, la de ayudante de herrero, aprendiz gráfico y juntador de maíz. El periodismo lo ayudó a pulir sus ideas y solventar sus gastos.
Fue progresando lentamente y se transformó en un referente dentro de la UCR y la Nación.
Las bibliotecas anarquistas y su deseo incansable de elevarse fueron su rumbo, su motivación.
Era un militante de gran altura espiritual, aptitud hoy casi inexistente en la política argentina.
Fue un dirigente que basaba su poder en su autoridad personal que había construido dando ejemplos palpables de su vocación democrática.
No se manejaba dando órdenes, sino que conducía dando ejemplos.
Hay un detalle que describe la altura de su autoridad: el 24 de octubre de 1957, durante la Convención Constituyente que estaba reformando la Constitución del 49, se tenía que votar la inclusión del artículo 14 bis, en el que tuvo una gran influencia en su redacción, él no era constituyente. Sabía que había algunos convencionles radicales no demasiado convencidos del agregado del artículo. Don Crisólogo se sentó atrás del bloque propio como garantía por si había algún distraído que no respetara lo consensuado partidariamente. Nadie se corrió un milímetro, se votó lo pactado.
¡Que lejos estamos hoy de un dirigente de estas características! No eran seres providenciales, ¡tenían conducta!
Don Crisólogo caminaba su provincia y la geografía nacional y se capacitaba. Tenía una biblioteca personal de varios miles de volúmenes, "todos leídos" como a él le gustaba decir.
Leía y elaboraba, pensaba en las salidas políticas que le podía dar a su pueblo para que pudiera vivir mejor.
No le gustaba, cuando daba un discurso, que el pueblo lo aplaudiera demasiado, los interrumpía y les decía que no era necesario "pues estamos estudiando".
Su visión del peronismo nunca fue "gorila", ideológicamente tenías enormes disidencias con ese movimiento popular y luchó enconadamente contra él, pero el famoso 17 de octubre de 1945 dijo: "me vi caminando entre ellos". Luchó desde las ideas contra el régimen peronista, pero entendía la reivindicación social que, desde algún lugar, el pueblo necesitaba.
domingo, 30 de marzo de 2008
EL KRAUSISMO: FILOSOFÍA POLÍTICA DE LA LIBERTAD.
Producido por Marcelo Luis Tassara.
Breve reseña histórica
Ya cumplido más de un lustro desde el advenimiento del siglo XXI y la Argentina habiendo entrado en la tercer década luego de la instauración de la democracia, es bueno recordar una de las raíces filosóficas que permitieron que el primer gobierno elegido por el voto secreto, obligatorio y universal –luego de 1912 cuando fue promulgada la Ley Saenz Peña- llegara al poder.
El primer presidente que asumió bajo condiciones de elección realmente democráticas fue el Dr. Hipólito Yrigoyen que, en representación de su partido, la Unión Cívica Radical, asumió la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1916.
Pero no es propósito de este artículo hacer historia sobre la democracia argentina, los presidentes argentinos o los partidos políticos. La idea de este escrito es bucear sobre el principal filósofo que tuvo influencia sobre Yrigoyen, y muchos políticos que lo acompañaron o sucedieron, así como sobre otros estadistas, políticos, educadores y pensadores de nuestra América Latina –el uruguayo Batlle y Ordóñez y el cubano José Martí entre tantos otros-.
Karl Christian Friedrich Krause nació en Eisenberg, una pequeña ciudad turingia que en aquel entonces pertenecía al Ducado de Alternburg –hoy Alemania-, un domingo 6 de mayo de 1781. Su padre, el pastor protestante Johan Friedrich Gotthard Krause, era profesor en la escuela de Eisenberg.
Este filósofo alemán, como muchos otros de esa época, fue quedando a la sombra de los grandes Kant, Fichte, Schelling y Hegel, pero la importancia de su obra filosófica no puede ser olvidada porque fue determinante en el rumbo histórico y político de la España de los siglos XIX y XX, y de América Latina, la Argentina en particular, en el mismo período.
Krause estaba dotado de conocimientos y capacidades muy diversas. Poseía una formación tan amplia que sus saberes iban desde la música a la lingüística, desde el derecho a las matemáticas, pasando por el arte y la pedagogía. Fue tanta su erudición que creo un verdadero “sistema filosófico” como se estilaba durante su época, en la cual el idealismo romántico fue un pensamiento muy difundido en lo que a filosofía se refiere.
Para el idealismo la construcción de un sistema filosófico era una verdadera necesidad, ellos no concebían a un pensador que pensara sobre los grandes temas en forma aislada de un todo. Un sistema filosófico era una verdadera estructura conceptual, cuyos componentes se interrelacionaban armoniosamente; hasta la más pequeña definición tenía que ver con un pensamiento de conceptualización superior.
Fue a través de dos krausistas belgas Ahrens y Tiberghien, cuyos textos habían sido traducidos al español, que llega esta corriente de pensamiento a América Latina. Luego el llamado krausismo español, cuyos principales exponentes son Sanz del Río, Giner de los Ríos y Azcárate, tuvo una gran influencia entre los adherentes americanos.
La revolución republicana de 1968, que viabilizó la creación de la I República española el 11 de febrero de 1873, estuvo fuertemente teñida de ideas de pensadores, intelectuales y políticos krausistas, algunos de ellos, luego de caída la República en 1874, crearon el Instituto de Libre Enseñanza en Madrid. Ese núcleo de intelectuales, años después, tuvo una marcada influencia en la creación del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que ya en el siglo XX llega al poder, a principios de la década del ‘80, de la mano de Felipe González.
Cuales son las bases conceptuales del pensamiento krausista.
Educación
En España en las últimas dos décadas se han hecho numerosos nuevos estudios sobre el krausismo.
El profesor de filosofía de la Universidad Pontificia de Comillas –Madrid, España- Enrique M. Ureña, que es además director del Instituto de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería de la misma universidad, es uno de los investigadores más prolíficos sobre Krause y el krausismo. Tiene una escrita una biografía sobre el filósofo titulada “Krause, el educador de la humanidad”(1991), el título de este libro es en sí mismo un enunciado muy significativo de la doctrina krausista. Este filósofo tenía la convicción que las sociedades se perfeccionan, alcanzando mejor calidad de vida, cuando avanzan en sus niveles de educación y cultura.
En su libro más conocido, “El Ideal de la Humanidad para la Vida” que finalizó de escribir en 1811, él expresa con claridad estas ideas pedagógicas. Las preocupaciones de Krause por la pedagogía fueron muy profundas tanto en lo teórico como en lo práctico; Richard Vetter en su prefacio del primer volumen donde analiza los escritos pedagógicos del filósofo tiene razón al expresar:
“La idea de que todo filósofo notable es también un pedagogo […] encuentra en Kart C. F. Krause no solamente su plena confirmación, sino que alcanza además en él su expresión más alta, ya que el filósofo se propuso como meta nada menos que lograr que la humanidad entera asimilase su sistema de la Ciencia y contribuir vigorosamente, a través de la pedagogía al perfeccionamiento de la Humanidad […] Krause no fue solamente un extraordinario teórico de la pedagogía; también como práctico tiene qué decir en ella”.
Krause, según versa su diario personal, escribe estas líneas muy elocuentes:
“En el año 1808 concebí la idea de una Casa de la Educación de la Humanidad. ¿No debería tratar desde ese punto de vista toda la educación y: 1) escribir una obra: “Ideal de la Educación de la Humanidad”; después 2) erigir para ello una Casa de la Educación?”.
Este filósofo alemán era masón, de donde fue expulsado por los fuertes cuestionamientos que le hizo a la masonería de esa época, y gozaba de gran prestigio como pedagogo entre sus Hermanos de logia. Este prestigio hizo que su logia le pidiera asesoramiento para el instituto educativo que poseía la masonería y le ofreciera el cargo de Copresidente.
Muerto Krause, algunos de sus discípulos, entre los que se destacó Hermann von Leonhardi, sigue esta línea educativa y tiene encuentros con Friedrich Wilhelm Fröbel –en el primer encuentro entre Krause y Fröbel, Leonhardi había estado presente-.
Este gran pedagogo alemán, había coincidido con Krause haciendo docencia en la Universidad de Gotinga y el creador del krausismo acordaba con él en sus ideas sobre la educación alemana. De esta conjunción de ideas pedagógicas nace lo que luego se llamó el krausofröbelismo: una corriente de pensamiento pedagógico muy importante en la Alemania del siglo XIX que dio lugar años después a la creación de la Asociación general de la Educación, desde donde se trata de armonizar la auténtica formación del hombre con la formación nacional – idea que ya había esbozado Krause en su “Ideal de la Humanidad para la Vida” -.
Esta afanosa preocupación por la educación se refleja en la Argentina en forma concreta en la Reforma Universitaria de 1918, esta verdadera revolución pacífica en los claustros universitarios estaba íntimamente asociada al pensamiento krausista. Desde ahí esta idea de universidad autónoma, laica y con libertad de cátedra –los profesores iban a ser elegidos por concursos abiertos- se propaga a muchos países de América Latina llegando a México la fuerza del idealismo krausiano.
Horace Mann fue el gran impulsor de la educación en los Estados Unidos de Norteamérica en la década del 30 del siglo XIX, desde ese lugar, una educación con una fuerte impronta democrática, se llega a ser la potencia mundial que hoy es. Mann se apoya en los contenidos pedagógicos de Fröbel, es decir que la base filosófica de la educación del pueblo estadounidense tiene que ver con el krausofröbelismo.
Como ya lo mencionamos, el dos veces presidente de la República Oriental del Uruguay José Batlle y Ordóñez y el poeta y político cubano José Martí, además del APRA peruano cuyo origen está ligado a Víctor Raúl Haya de la Torre que tomó a la Reforma Universitaria del 18 como modelo estudiantil a copiar, el puertorriqueño Eugenio de Hostos y Bonilla que hizo una gran obra educativa en la República Dominicana y Francisco Madero en México, entre tantos otros latinoamericanos, tiñeron a esta geografía al sur del Río Bravo de filosofía krausiana.
Derecho y Estado
La Doctrina del derecho es uno de los temas mejor tratados por Krause y sus discípulos, dado que no la expresa como una metafísica de relato oscuro o complicado como en otras partes de su sistema filosófico. Su vinculación con el Estado, según expresa Krause en el “Ideal de la Humanidad”, “llena y determina el contenido ético de la vida de cada nación”.,
La doctrina hegeliana ponía al Estado por sobre el individuo, un claro ejemplo práctico de esto es la instauración de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas promovida por un decreto del presidente Pedro Ramírez –el 18.411 de diciembre de 1943- y que luego se convirtió en ley en la primer presidencia de Perón –es el Estado metiéndose en el espíritu de las personas-, mientras la doctrina krausista ponía al hombre por sobre todo y al Estado a su servicio para asegurarle su Libertad. No es estatismo, es intervención del Estado para que los poderes corporativos no denigren la condición humana, sino que la enaltezcan.
El Estado liberal krausista proponía un “capitalismo moderado” lo que muchos años después dio origen, desde el pensamiento de otro alemán Von Bismarck –aunque sea en forma muy primitiva- al “Estado de Bienestar” en lo económico-social, y al “Estado de Derecho o de Garantías” en lo que al orden jurídico-político se refiere.
En su libro Grundlage des Naturrechts, publicado en 1803, Krause escribe un verdadero catálago sobre derechos humanos. Esta publicación que nuestro filosofo escribió en dos tomos, el segundo en 1805, está en coincidencia con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Lo significativo es que Krause lo pensó un siglo y medio antes. Él defiende la igualdad de los hombres ante la ley, desestima todo tipo de exclusión y se opone a la discriminación que imponen las distintas formas de privilegio. Además reivindica el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la protección de la intimidad y el respeto a la dignidad, el derecho a la propiedad privada, al trabajo y el descanso, el derecho a la libertad de conciencia, de opinión y expresión, así como el derecho a la educación, a la libre asociación y la libertad de circulación.
Es notable como Krause fue un pionero en el pensar derechos que hoy llamamos de tercera generación (derechos económicos, sociales y culturales); además de los derechos de los niños, de la mujer, de la tercera edad, de las personas con necesidades especiales, de la Naturaleza y de los animales.
Él también tuvo un “Proyecto de una Federación Europea de Estados” pergeñando a principios del siglo XIX lo que es hoy la Unión Europea.
En lo que respecta a derechos políticos él iba más allá de la idea de la formalidad contractualista de filósofos como Kant y Fichte, para Krause toda persona tiene que tener “derecho al derecho” (1), esto es una consecuencia de la esencia humana y no el resultado de una relación jurídico contractual.
Los krausistas tenían una forma de vida de máxima austeridad, se vestían con ropas oscuras y muy sobrias, en general eran hombres de honor, de palabra; hablaban poco y chocaban con las ideas utilitaristas y hedonistas que esgrimían los pensadores del “positivismo” del último tercio del siglo XIX.
Febrero de 2005.
Bibliografía.
(1) Francisco Querol Fernández, “La Filosofía del Derecho de K. C. F. Krause”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2000.
(2) Enrique M. Ureña, “Krause, educador de la Humanidad”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 1991.
(3) Hugo Biagini (compilador), “Orígenes de la democracia argentina” El transfondo krausista, Edit. Legasa, Bs. As., año 1989.
(4) Enrique M. Ureña, “El Krausismo Alemán”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2002.
Producido por Marcelo Luis Tassara.
Breve reseña histórica
Ya cumplido más de un lustro desde el advenimiento del siglo XXI y la Argentina habiendo entrado en la tercer década luego de la instauración de la democracia, es bueno recordar una de las raíces filosóficas que permitieron que el primer gobierno elegido por el voto secreto, obligatorio y universal –luego de 1912 cuando fue promulgada la Ley Saenz Peña- llegara al poder.
El primer presidente que asumió bajo condiciones de elección realmente democráticas fue el Dr. Hipólito Yrigoyen que, en representación de su partido, la Unión Cívica Radical, asumió la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1916.
Pero no es propósito de este artículo hacer historia sobre la democracia argentina, los presidentes argentinos o los partidos políticos. La idea de este escrito es bucear sobre el principal filósofo que tuvo influencia sobre Yrigoyen, y muchos políticos que lo acompañaron o sucedieron, así como sobre otros estadistas, políticos, educadores y pensadores de nuestra América Latina –el uruguayo Batlle y Ordóñez y el cubano José Martí entre tantos otros-.
Karl Christian Friedrich Krause nació en Eisenberg, una pequeña ciudad turingia que en aquel entonces pertenecía al Ducado de Alternburg –hoy Alemania-, un domingo 6 de mayo de 1781. Su padre, el pastor protestante Johan Friedrich Gotthard Krause, era profesor en la escuela de Eisenberg.
Este filósofo alemán, como muchos otros de esa época, fue quedando a la sombra de los grandes Kant, Fichte, Schelling y Hegel, pero la importancia de su obra filosófica no puede ser olvidada porque fue determinante en el rumbo histórico y político de la España de los siglos XIX y XX, y de América Latina, la Argentina en particular, en el mismo período.
Krause estaba dotado de conocimientos y capacidades muy diversas. Poseía una formación tan amplia que sus saberes iban desde la música a la lingüística, desde el derecho a las matemáticas, pasando por el arte y la pedagogía. Fue tanta su erudición que creo un verdadero “sistema filosófico” como se estilaba durante su época, en la cual el idealismo romántico fue un pensamiento muy difundido en lo que a filosofía se refiere.
Para el idealismo la construcción de un sistema filosófico era una verdadera necesidad, ellos no concebían a un pensador que pensara sobre los grandes temas en forma aislada de un todo. Un sistema filosófico era una verdadera estructura conceptual, cuyos componentes se interrelacionaban armoniosamente; hasta la más pequeña definición tenía que ver con un pensamiento de conceptualización superior.
Fue a través de dos krausistas belgas Ahrens y Tiberghien, cuyos textos habían sido traducidos al español, que llega esta corriente de pensamiento a América Latina. Luego el llamado krausismo español, cuyos principales exponentes son Sanz del Río, Giner de los Ríos y Azcárate, tuvo una gran influencia entre los adherentes americanos.
La revolución republicana de 1968, que viabilizó la creación de la I República española el 11 de febrero de 1873, estuvo fuertemente teñida de ideas de pensadores, intelectuales y políticos krausistas, algunos de ellos, luego de caída la República en 1874, crearon el Instituto de Libre Enseñanza en Madrid. Ese núcleo de intelectuales, años después, tuvo una marcada influencia en la creación del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que ya en el siglo XX llega al poder, a principios de la década del ‘80, de la mano de Felipe González.
Cuales son las bases conceptuales del pensamiento krausista.
Educación
En España en las últimas dos décadas se han hecho numerosos nuevos estudios sobre el krausismo.
El profesor de filosofía de la Universidad Pontificia de Comillas –Madrid, España- Enrique M. Ureña, que es además director del Instituto de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería de la misma universidad, es uno de los investigadores más prolíficos sobre Krause y el krausismo. Tiene una escrita una biografía sobre el filósofo titulada “Krause, el educador de la humanidad”(1991), el título de este libro es en sí mismo un enunciado muy significativo de la doctrina krausista. Este filósofo tenía la convicción que las sociedades se perfeccionan, alcanzando mejor calidad de vida, cuando avanzan en sus niveles de educación y cultura.
En su libro más conocido, “El Ideal de la Humanidad para la Vida” que finalizó de escribir en 1811, él expresa con claridad estas ideas pedagógicas. Las preocupaciones de Krause por la pedagogía fueron muy profundas tanto en lo teórico como en lo práctico; Richard Vetter en su prefacio del primer volumen donde analiza los escritos pedagógicos del filósofo tiene razón al expresar:
“La idea de que todo filósofo notable es también un pedagogo […] encuentra en Kart C. F. Krause no solamente su plena confirmación, sino que alcanza además en él su expresión más alta, ya que el filósofo se propuso como meta nada menos que lograr que la humanidad entera asimilase su sistema de la Ciencia y contribuir vigorosamente, a través de la pedagogía al perfeccionamiento de la Humanidad […] Krause no fue solamente un extraordinario teórico de la pedagogía; también como práctico tiene qué decir en ella”.
Krause, según versa su diario personal, escribe estas líneas muy elocuentes:
“En el año 1808 concebí la idea de una Casa de la Educación de la Humanidad. ¿No debería tratar desde ese punto de vista toda la educación y: 1) escribir una obra: “Ideal de la Educación de la Humanidad”; después 2) erigir para ello una Casa de la Educación?”.
Este filósofo alemán era masón, de donde fue expulsado por los fuertes cuestionamientos que le hizo a la masonería de esa época, y gozaba de gran prestigio como pedagogo entre sus Hermanos de logia. Este prestigio hizo que su logia le pidiera asesoramiento para el instituto educativo que poseía la masonería y le ofreciera el cargo de Copresidente.
Muerto Krause, algunos de sus discípulos, entre los que se destacó Hermann von Leonhardi, sigue esta línea educativa y tiene encuentros con Friedrich Wilhelm Fröbel –en el primer encuentro entre Krause y Fröbel, Leonhardi había estado presente-.
Este gran pedagogo alemán, había coincidido con Krause haciendo docencia en la Universidad de Gotinga y el creador del krausismo acordaba con él en sus ideas sobre la educación alemana. De esta conjunción de ideas pedagógicas nace lo que luego se llamó el krausofröbelismo: una corriente de pensamiento pedagógico muy importante en la Alemania del siglo XIX que dio lugar años después a la creación de la Asociación general de la Educación, desde donde se trata de armonizar la auténtica formación del hombre con la formación nacional – idea que ya había esbozado Krause en su “Ideal de la Humanidad para la Vida” -.
Esta afanosa preocupación por la educación se refleja en la Argentina en forma concreta en la Reforma Universitaria de 1918, esta verdadera revolución pacífica en los claustros universitarios estaba íntimamente asociada al pensamiento krausista. Desde ahí esta idea de universidad autónoma, laica y con libertad de cátedra –los profesores iban a ser elegidos por concursos abiertos- se propaga a muchos países de América Latina llegando a México la fuerza del idealismo krausiano.
Horace Mann fue el gran impulsor de la educación en los Estados Unidos de Norteamérica en la década del 30 del siglo XIX, desde ese lugar, una educación con una fuerte impronta democrática, se llega a ser la potencia mundial que hoy es. Mann se apoya en los contenidos pedagógicos de Fröbel, es decir que la base filosófica de la educación del pueblo estadounidense tiene que ver con el krausofröbelismo.
Como ya lo mencionamos, el dos veces presidente de la República Oriental del Uruguay José Batlle y Ordóñez y el poeta y político cubano José Martí, además del APRA peruano cuyo origen está ligado a Víctor Raúl Haya de la Torre que tomó a la Reforma Universitaria del 18 como modelo estudiantil a copiar, el puertorriqueño Eugenio de Hostos y Bonilla que hizo una gran obra educativa en la República Dominicana y Francisco Madero en México, entre tantos otros latinoamericanos, tiñeron a esta geografía al sur del Río Bravo de filosofía krausiana.
Derecho y Estado
La Doctrina del derecho es uno de los temas mejor tratados por Krause y sus discípulos, dado que no la expresa como una metafísica de relato oscuro o complicado como en otras partes de su sistema filosófico. Su vinculación con el Estado, según expresa Krause en el “Ideal de la Humanidad”, “llena y determina el contenido ético de la vida de cada nación”.,
La doctrina hegeliana ponía al Estado por sobre el individuo, un claro ejemplo práctico de esto es la instauración de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas promovida por un decreto del presidente Pedro Ramírez –el 18.411 de diciembre de 1943- y que luego se convirtió en ley en la primer presidencia de Perón –es el Estado metiéndose en el espíritu de las personas-, mientras la doctrina krausista ponía al hombre por sobre todo y al Estado a su servicio para asegurarle su Libertad. No es estatismo, es intervención del Estado para que los poderes corporativos no denigren la condición humana, sino que la enaltezcan.
El Estado liberal krausista proponía un “capitalismo moderado” lo que muchos años después dio origen, desde el pensamiento de otro alemán Von Bismarck –aunque sea en forma muy primitiva- al “Estado de Bienestar” en lo económico-social, y al “Estado de Derecho o de Garantías” en lo que al orden jurídico-político se refiere.
En su libro Grundlage des Naturrechts, publicado en 1803, Krause escribe un verdadero catálago sobre derechos humanos. Esta publicación que nuestro filosofo escribió en dos tomos, el segundo en 1805, está en coincidencia con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Lo significativo es que Krause lo pensó un siglo y medio antes. Él defiende la igualdad de los hombres ante la ley, desestima todo tipo de exclusión y se opone a la discriminación que imponen las distintas formas de privilegio. Además reivindica el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la protección de la intimidad y el respeto a la dignidad, el derecho a la propiedad privada, al trabajo y el descanso, el derecho a la libertad de conciencia, de opinión y expresión, así como el derecho a la educación, a la libre asociación y la libertad de circulación.
Es notable como Krause fue un pionero en el pensar derechos que hoy llamamos de tercera generación (derechos económicos, sociales y culturales); además de los derechos de los niños, de la mujer, de la tercera edad, de las personas con necesidades especiales, de la Naturaleza y de los animales.
Él también tuvo un “Proyecto de una Federación Europea de Estados” pergeñando a principios del siglo XIX lo que es hoy la Unión Europea.
En lo que respecta a derechos políticos él iba más allá de la idea de la formalidad contractualista de filósofos como Kant y Fichte, para Krause toda persona tiene que tener “derecho al derecho” (1), esto es una consecuencia de la esencia humana y no el resultado de una relación jurídico contractual.
Los krausistas tenían una forma de vida de máxima austeridad, se vestían con ropas oscuras y muy sobrias, en general eran hombres de honor, de palabra; hablaban poco y chocaban con las ideas utilitaristas y hedonistas que esgrimían los pensadores del “positivismo” del último tercio del siglo XIX.
Febrero de 2005.
Bibliografía.
(1) Francisco Querol Fernández, “La Filosofía del Derecho de K. C. F. Krause”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2000.
(2) Enrique M. Ureña, “Krause, educador de la Humanidad”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 1991.
(3) Hugo Biagini (compilador), “Orígenes de la democracia argentina” El transfondo krausista, Edit. Legasa, Bs. As., año 1989.
(4) Enrique M. Ureña, “El Krausismo Alemán”, Edit. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, año 2002.
martes, 26 de febrero de 2008
Semblanza de Arturo Illia II
En algunas cartas de lectores y en algún artículo publicados en los últimos días en el diario "La Nación" los lectores y autores se plantean la ausencia de verdaderos hombres de Estado en los sucesivos gobiernos democráticos en las últimas dos décadas -no digo dos décadas y media par no herir suceptibilidades, no es mi intención-.
Los que leyeron los dos escritos publicados sobre Arturo Illia van a comprender claramente el por qué no existen en nuestro país ya bien entrado el siglo veintiuno.
La política argentina está sumida en un nivel de mediocridad intelectual, ética y espiritual que hace imposible que esto ocurra.
Yo creo que con la caída del modelo de Estado de Bienestar, a fines de los años setenta y principio de los ochenta del siglo pasado, las posibilidades de hacer política se dificultaron enormemente. Hoy sólo pueden militar quienes tienen dinero heredado, una actividad liberal que no le consuma mucho tiempo o los que tienen cargos públicos que no les demandan demasiada carga horaria. Eso dificulta y acota muy fuertemente el proceso de selección de los mejores hombres.
Pero para ilustrarnos de cómo era el perfil de un verdadero estadista sigamos con la semblanza de Arturo Illia:
Siguiendo con el reportaje a la maestra-secretaria, Laura Díaz de Giménez, esta cuenta:
Periodista: -Cuentan que usted le ordenaba los libros, algunos papeles, o colaboraba con él, incluso compartiendo lecturas...
Laura Díaz: -"Recuerdo algunos de los libros de su biblioteca, por supuesto que no todos, sino aquellos que él leía con sencillez de verdadero maestro. Uno era El Mito del Estado de Ernst Casirer, con referencias en griego o en arameo, para nosotros inexplicables, y que Illia se extendía en explicarnos con la mitología y las connotaciones con la psicología más profunda, las técnicas de que se valen las concepciones totalitarias para lograr la masificación.
Illia indagaba solitariamente en las causas más lejanas de la Segunda Guerra Mundial o la cuestión del nazismo o del facismo.
Leíamos también a Josué de Castro, en su libro La Geopolítica del Hambre, a Gandhi, a Camus. Pretendíamos entender con él Las Vidas Paralelas de Plutarco..... y ¿sabe? Illia sonreía cada tanto, con aquella sonrisa como condescendiente o triste, ante nuestra ignorancia y necesidad de saber..."
Periodista: -¿Y en cuanto a sus hijos?
LD - "Sin duda, Don Arturo quería orientar a sus hijos adolescentes en base a principios inalterables para que ellos vivieran después sus propias experiencias y de esa manera construyeran sus vidas"
Periodista: -¿Podría decirse que Illia no tenía defectos?
LD - "Interpretando cabalmente su personalidad, sin duda, no los tenía, al menos yo no podría remarcar ninguno. Atendía a los jóvenes que íbamos a su casa buscando respuestas que él nos daba a pesar del cansancio del trabajo de todo el día. Illia no tenía riquezas y no le interesaba tenerlas. Era sencillo. era pulcro, era bondadoso... esas eran sus virtudes"
"Como médico, inclusive, era abnegado. era certero en el diagnóstico, y esto que le cuento fue dicho por profesionales especializados a los que derivaba sus pacientes [...] El controlaba y cuidaba a los enfermos, y , para aquellos que no podían comprar los remedios, él mismo pedía los medicamentos en las farmacias vecinas: ¿Tiene tal remedio...? ¿Tal otro...? Pues allá irá Don Juan. Dáselo y después arreglamos. Y ante estos pedidos los mismos farmacéuticos se volvían solidarios..."
Periodista: -Eso dejó, sin dudas grandes enseñanzas...
LD- "La gente aprendía de Illia, viéndolo actuar y escuchándolo. Cuando le preguntaban, por ejemplo, si era difícil gobernar, él decía: - No. Es muy fácil. Sólo hay que cumplir con la Constitución... y ser honrado -remarcaba extendiendo el brazo-.
"Cuando lo interrogábamos acerca de por qué se había producido el golpe militar ... Illia enérgicamente y levantando el brazo afirmaba: -Me derrocaron porque la tarea de gobernar requiere fundamentalmente armonizar los intereses de los distintos sectores que componen el tejido social, y esto no es tarea fácil en nuestro país, donde ciertos sectores o corporaciones tienen exacerbado el sentido de sus derechos y privilegios, logrados en épocas de inestabilidad y que no aceptan deponer. Ellos crean el clima para el golpe de Estado, detrás del cual no están los mejores intereses de la nación. Nos derrocaron porque somos los únicos capaces de poner las cosas en su lugar.
[...] ¡Tanto de podría decir de Arturo Illia! ... Él era para nosotros, los que aprendimos a militar a su lado en la UCR, ´recto como una vertical de hierro´, por eso lo quisimos tanto y nos conmovimos tanto cuando lo vimos inclinado y caminando lento, luego de la pérdida de su gran compañera, la señora Silvia Martorell, que era -se lo aseguro- como un cascabel de frescura, de belleza, de paz..."
Los que leyeron los dos escritos publicados sobre Arturo Illia van a comprender claramente el por qué no existen en nuestro país ya bien entrado el siglo veintiuno.
La política argentina está sumida en un nivel de mediocridad intelectual, ética y espiritual que hace imposible que esto ocurra.
Yo creo que con la caída del modelo de Estado de Bienestar, a fines de los años setenta y principio de los ochenta del siglo pasado, las posibilidades de hacer política se dificultaron enormemente. Hoy sólo pueden militar quienes tienen dinero heredado, una actividad liberal que no le consuma mucho tiempo o los que tienen cargos públicos que no les demandan demasiada carga horaria. Eso dificulta y acota muy fuertemente el proceso de selección de los mejores hombres.
Pero para ilustrarnos de cómo era el perfil de un verdadero estadista sigamos con la semblanza de Arturo Illia:
Siguiendo con el reportaje a la maestra-secretaria, Laura Díaz de Giménez, esta cuenta:
Periodista: -Cuentan que usted le ordenaba los libros, algunos papeles, o colaboraba con él, incluso compartiendo lecturas...
Laura Díaz: -"Recuerdo algunos de los libros de su biblioteca, por supuesto que no todos, sino aquellos que él leía con sencillez de verdadero maestro. Uno era El Mito del Estado de Ernst Casirer, con referencias en griego o en arameo, para nosotros inexplicables, y que Illia se extendía en explicarnos con la mitología y las connotaciones con la psicología más profunda, las técnicas de que se valen las concepciones totalitarias para lograr la masificación.
Illia indagaba solitariamente en las causas más lejanas de la Segunda Guerra Mundial o la cuestión del nazismo o del facismo.
Leíamos también a Josué de Castro, en su libro La Geopolítica del Hambre, a Gandhi, a Camus. Pretendíamos entender con él Las Vidas Paralelas de Plutarco..... y ¿sabe? Illia sonreía cada tanto, con aquella sonrisa como condescendiente o triste, ante nuestra ignorancia y necesidad de saber..."
Periodista: -¿Y en cuanto a sus hijos?
LD - "Sin duda, Don Arturo quería orientar a sus hijos adolescentes en base a principios inalterables para que ellos vivieran después sus propias experiencias y de esa manera construyeran sus vidas"
Periodista: -¿Podría decirse que Illia no tenía defectos?
LD - "Interpretando cabalmente su personalidad, sin duda, no los tenía, al menos yo no podría remarcar ninguno. Atendía a los jóvenes que íbamos a su casa buscando respuestas que él nos daba a pesar del cansancio del trabajo de todo el día. Illia no tenía riquezas y no le interesaba tenerlas. Era sencillo. era pulcro, era bondadoso... esas eran sus virtudes"
"Como médico, inclusive, era abnegado. era certero en el diagnóstico, y esto que le cuento fue dicho por profesionales especializados a los que derivaba sus pacientes [...] El controlaba y cuidaba a los enfermos, y , para aquellos que no podían comprar los remedios, él mismo pedía los medicamentos en las farmacias vecinas: ¿Tiene tal remedio...? ¿Tal otro...? Pues allá irá Don Juan. Dáselo y después arreglamos. Y ante estos pedidos los mismos farmacéuticos se volvían solidarios..."
Periodista: -Eso dejó, sin dudas grandes enseñanzas...
LD- "La gente aprendía de Illia, viéndolo actuar y escuchándolo. Cuando le preguntaban, por ejemplo, si era difícil gobernar, él decía: - No. Es muy fácil. Sólo hay que cumplir con la Constitución... y ser honrado -remarcaba extendiendo el brazo-.
"Cuando lo interrogábamos acerca de por qué se había producido el golpe militar ... Illia enérgicamente y levantando el brazo afirmaba: -Me derrocaron porque la tarea de gobernar requiere fundamentalmente armonizar los intereses de los distintos sectores que componen el tejido social, y esto no es tarea fácil en nuestro país, donde ciertos sectores o corporaciones tienen exacerbado el sentido de sus derechos y privilegios, logrados en épocas de inestabilidad y que no aceptan deponer. Ellos crean el clima para el golpe de Estado, detrás del cual no están los mejores intereses de la nación. Nos derrocaron porque somos los únicos capaces de poner las cosas en su lugar.
[...] ¡Tanto de podría decir de Arturo Illia! ... Él era para nosotros, los que aprendimos a militar a su lado en la UCR, ´recto como una vertical de hierro´, por eso lo quisimos tanto y nos conmovimos tanto cuando lo vimos inclinado y caminando lento, luego de la pérdida de su gran compañera, la señora Silvia Martorell, que era -se lo aseguro- como un cascabel de frescura, de belleza, de paz..."
martes, 5 de febrero de 2008
Una semblanza de Don Arturo I
¿Quién era realmente Don Arturo Illia? Inclusive para muchos militantes es una incógnita muy poco explicitada.
Conocen algunos relatos que escucharon de correligionarios de más edad, alguna poquita cosa que aparece en los medios, y ahí queda la cosa. Libros sobre su figura hay pocos y muy breves. ¿Era sólo un hombre bueno y honesto?
El Régimen -hoy más conocido como establishment- especulando a su favor, lo quiso pintar sólo como un político decente, que dormía la siesta y tomaba té de piperina. Al eficientismo del conservadurismo en la Argentina le conviene la imagen de un dormilón piperinesco. Nunca un gobernante que hizo crecer el PBI en los años 1964 un 10,3% y 1965 un 9,1%, cuando en el 1963 había descendido un 2,4%. Además con una política económica heterodoxa de reactivación, de aumento de la demanda agregada y de los salarios. No haciendo ajustes inhumanos y, en el mediano plazo por lo menos, siempre fracasados en lo que respecta a elevarle el nivel de calidad de vida al pueblo argentino.
Algunos detractores dicen que se debió a las grandes cosechas de esos años. Éste también es un ataque mal intencionado de los eternos conservadores argentinos. En un estudio del economista Alejandro Díaz del año 1983 donde excluye al producto generado por el sector público y el agropecuario; en el año 1963 el PBI decreció un 4,8% y subió un 9,1 en 1964 y un 9,6 % en 1965. El PBI industrial en el período 1964-66 creció más del 30%.
Pero no quiero hablar de la economía del gobierno de Arturo Illia -los datos dados en el párrafo anterior son por demás elocuentes- quiero hablar de Don Arturo. Muy pocos políticos en la Argentina contemporánea llegaron a que, cuando se refieren a ellos y por respeto a su figura, se le anteceda el Don a su nombre. Si no buceen en los últimos veinticinco años de nuestra política autóctona.
En un programa del profesor Mariano Grondona de hace más de una década, la hija de Don Arturo, Emma Illia, le dice al conductor televisivo que su padre además de un buen gobernante y un político honesto, era un hombre culto. Pero Illia no era un hombre culto de biblioteca, de esas personas que se encierran en un escritorio y leen, leen y leen, con el único motivo de acumular datos e información banalmente. Él leia porque era un ávido curioso y quería saber en profundidad sobre muchos temas. Pero fundamentalmente le interesaba tener sabiduría para volcarla a su acción política. Le interesaba tener cultura para poder resolver con más solvencia los problemas políticos, sociales y económicos de su amado país.
Hace unos años le escuché contar al entonces senador nacional Mario Losada, que una noche en el año 1978, la gendarmería le golpeó la puerta de su casa en Misiones. El miedo generado ante tan inesperada visita, en segundos le dio paso a la sorpresa. El gendarme le preguntó si sabía de la presencia del ex presidente Illia en la provincia, a lo que Losada, sorprendido, contestó en forma negativa.
Al otro día Losada se movilizó para averiguar qué de cierto tenía el suceso vivido la noche anterior. Era cierto lo que decía gendarmería, Don Arturo estaba recorriendo el norte de la provincia de Misiones en el camión de un camionero amigo en pleno verano con sus jóvenes setenta y ocho años a cuesta.
En la primer presentación de este blog conté a la pasada que Illia conocía los rindes del algodón en cualquier zona del Chaco, del trigo en la Provincia de Buenso Aires o del tabaco en Corrientes. Estos viajes que hacía continuamente visitando amigos, que los tenía en cada pueblo de toda la geografía argentina, lo informaban de todo lo que acaecía en el país, en su país.
Viajaba y hablaba con el pueblo, viajaba y leia. Leia, observaba y refleccionaba.
Tuve la suerte de hablar con algún joven militante que en esa época lo acompañaba en alguno de esos viajes. Para llegar a Córdoba, por ejemplo, tardaba más de dos días. En cada pueblo de la ruta que conduce a la Docta hacía parar el auto para saludar, y charlar largamente, con algún amigo lugareño. Si se hacía de noche, allí era invitado a dormir para en la mañana retomar el camino recorrido en etapas.
Muy pocos políticos argentinos conocían el país como Don Arturo.
Cuando vivía en Cruz del Eje, lugar que había adoptado como su lugar en la vida a pesar de haber nacido en Pergamino, Prov. de Bs. As., una maestra del pueblo le ordenaba la correspondencia y su escritorio. En un reportaje publicado en el libro "El Viejo Illia" que el autor le hace a Laura Paz Díaz, la maestra cordobesa cuenta:
-"Siempre he pensado que quienes tuvimos la fortuna de haber conocido a Arturo Illia y haber participado con él de la lucha diaria, en la vida pública o social de todos los días, tenemos el deber de dar testimonio a las generaciones jóvenes sobre los valores de una personalidad tan singular como la de Illia..."
Periodista: - Bueno de él venimos a hablar...precisamente...
-"No por repetido hay que dejar de recordar cómo era Don Arturo. Era un hombre recto, rectísimo, así, en grado sumo; sentía un enorme respeto por los demás y era extremadamente responsable y bueno. ¿Sabe...? Illia era además un hombre culto. Unía a sus valores sociales, valores artísticos y filosóficos profundos. Le aseguro que amaba el arte, entendía el arte, y en soledad, reflexionaba sobre el hombre y el sentido de la vida..."
Periodista: - ¿Y por qué su vocación por la política?
-"Pienso que al tener ideas y convicciones totales acerca de la importancia de la democracia y la libertad, entendiendo esto como el mejor clima cívico para garantizar el respeto del hombre y de los ciudadanos, Illia, de ello hacía un credo... y por eso aquello de que "los hombres son sagrados para los hombres...", era un dogma, un imperativo afianzado en él. Era su verdad, y de allí que rechazara los autoritarismos y los regímenes totalitarios..."
Conocen algunos relatos que escucharon de correligionarios de más edad, alguna poquita cosa que aparece en los medios, y ahí queda la cosa. Libros sobre su figura hay pocos y muy breves. ¿Era sólo un hombre bueno y honesto?
El Régimen -hoy más conocido como establishment- especulando a su favor, lo quiso pintar sólo como un político decente, que dormía la siesta y tomaba té de piperina. Al eficientismo del conservadurismo en la Argentina le conviene la imagen de un dormilón piperinesco. Nunca un gobernante que hizo crecer el PBI en los años 1964 un 10,3% y 1965 un 9,1%, cuando en el 1963 había descendido un 2,4%. Además con una política económica heterodoxa de reactivación, de aumento de la demanda agregada y de los salarios. No haciendo ajustes inhumanos y, en el mediano plazo por lo menos, siempre fracasados en lo que respecta a elevarle el nivel de calidad de vida al pueblo argentino.
Algunos detractores dicen que se debió a las grandes cosechas de esos años. Éste también es un ataque mal intencionado de los eternos conservadores argentinos. En un estudio del economista Alejandro Díaz del año 1983 donde excluye al producto generado por el sector público y el agropecuario; en el año 1963 el PBI decreció un 4,8% y subió un 9,1 en 1964 y un 9,6 % en 1965. El PBI industrial en el período 1964-66 creció más del 30%.
Pero no quiero hablar de la economía del gobierno de Arturo Illia -los datos dados en el párrafo anterior son por demás elocuentes- quiero hablar de Don Arturo. Muy pocos políticos en la Argentina contemporánea llegaron a que, cuando se refieren a ellos y por respeto a su figura, se le anteceda el Don a su nombre. Si no buceen en los últimos veinticinco años de nuestra política autóctona.
En un programa del profesor Mariano Grondona de hace más de una década, la hija de Don Arturo, Emma Illia, le dice al conductor televisivo que su padre además de un buen gobernante y un político honesto, era un hombre culto. Pero Illia no era un hombre culto de biblioteca, de esas personas que se encierran en un escritorio y leen, leen y leen, con el único motivo de acumular datos e información banalmente. Él leia porque era un ávido curioso y quería saber en profundidad sobre muchos temas. Pero fundamentalmente le interesaba tener sabiduría para volcarla a su acción política. Le interesaba tener cultura para poder resolver con más solvencia los problemas políticos, sociales y económicos de su amado país.
Hace unos años le escuché contar al entonces senador nacional Mario Losada, que una noche en el año 1978, la gendarmería le golpeó la puerta de su casa en Misiones. El miedo generado ante tan inesperada visita, en segundos le dio paso a la sorpresa. El gendarme le preguntó si sabía de la presencia del ex presidente Illia en la provincia, a lo que Losada, sorprendido, contestó en forma negativa.
Al otro día Losada se movilizó para averiguar qué de cierto tenía el suceso vivido la noche anterior. Era cierto lo que decía gendarmería, Don Arturo estaba recorriendo el norte de la provincia de Misiones en el camión de un camionero amigo en pleno verano con sus jóvenes setenta y ocho años a cuesta.
En la primer presentación de este blog conté a la pasada que Illia conocía los rindes del algodón en cualquier zona del Chaco, del trigo en la Provincia de Buenso Aires o del tabaco en Corrientes. Estos viajes que hacía continuamente visitando amigos, que los tenía en cada pueblo de toda la geografía argentina, lo informaban de todo lo que acaecía en el país, en su país.
Viajaba y hablaba con el pueblo, viajaba y leia. Leia, observaba y refleccionaba.
Tuve la suerte de hablar con algún joven militante que en esa época lo acompañaba en alguno de esos viajes. Para llegar a Córdoba, por ejemplo, tardaba más de dos días. En cada pueblo de la ruta que conduce a la Docta hacía parar el auto para saludar, y charlar largamente, con algún amigo lugareño. Si se hacía de noche, allí era invitado a dormir para en la mañana retomar el camino recorrido en etapas.
Muy pocos políticos argentinos conocían el país como Don Arturo.
Cuando vivía en Cruz del Eje, lugar que había adoptado como su lugar en la vida a pesar de haber nacido en Pergamino, Prov. de Bs. As., una maestra del pueblo le ordenaba la correspondencia y su escritorio. En un reportaje publicado en el libro "El Viejo Illia" que el autor le hace a Laura Paz Díaz, la maestra cordobesa cuenta:
-"Siempre he pensado que quienes tuvimos la fortuna de haber conocido a Arturo Illia y haber participado con él de la lucha diaria, en la vida pública o social de todos los días, tenemos el deber de dar testimonio a las generaciones jóvenes sobre los valores de una personalidad tan singular como la de Illia..."
Periodista: - Bueno de él venimos a hablar...precisamente...
-"No por repetido hay que dejar de recordar cómo era Don Arturo. Era un hombre recto, rectísimo, así, en grado sumo; sentía un enorme respeto por los demás y era extremadamente responsable y bueno. ¿Sabe...? Illia era además un hombre culto. Unía a sus valores sociales, valores artísticos y filosóficos profundos. Le aseguro que amaba el arte, entendía el arte, y en soledad, reflexionaba sobre el hombre y el sentido de la vida..."
Periodista: - ¿Y por qué su vocación por la política?
-"Pienso que al tener ideas y convicciones totales acerca de la importancia de la democracia y la libertad, entendiendo esto como el mejor clima cívico para garantizar el respeto del hombre y de los ciudadanos, Illia, de ello hacía un credo... y por eso aquello de que "los hombres son sagrados para los hombres...", era un dogma, un imperativo afianzado en él. Era su verdad, y de allí que rechazara los autoritarismos y los regímenes totalitarios..."
martes, 29 de enero de 2008
Illia: "Yo tenía autoridad con los de afuera"
Vamos a seguir con Arturo Illia. Es la imagen del político en la cual nos podemos mirar sin dudas, sabiendo que sus virtudes nos iluminan ante tanta oscuridad, mediocridad y banalidad.
Es en un reportaje que le hace, a fines de 1966, el novel periodista Rodolfo Terragno; luego incluido en el libro "Muerte y Resurrección de los Políticos" donde entrevista entre otros a Perón, Balbín, Frondizi, Alende y Frigerio. Lo tituló: Illia:"Yo tenía autoridad con los de afuera"
Dice José Luis de Imaz: "La opinión pública identifica a los políticos profesionales con los beneficarios de prebendas, negociados y malversaciones ....."
En el caso de Arturo Umberto Illia, ese prejucio no ha funcionado: nadie sospechó a este antiguo radical -presidente entre 1963 y 1966- de haberse apoderado de dineros públicos. En cambio, sobre su verdadera personalidad fue aplicada otra imagen -injusta e ilevantable-, que lo transformó en un anciano sin carácter, parcimonioso y desinformado, incapaz de, siquiera, aprovecharse de esa presidencia llovida del cielo, con la cual no sabía que hacer.
[...] Los semanarios de noticias -Primera Plana, Confirmado- contribuyeron con su estilo suficiente y socarrón, a desdibujar la imagen de Illia. Fue una tarea nada inocente, por cuanto esos medios eran voceros de sectores castrenses que, finalmente, derrocaron al gobierno radical para realizar, a partir de 1966, la supuesta Revolución Argentina.
Por eso, fue con cierto sentimiento de culpa que, a poco de ese golpe, llegué hacia la casa de un hermano de Arturo Umberto Illia, donde estaba recluido el ex presidente. El sabía que yo pertenecía a esa mostaza (despectivo de juventud) que escribía en aquellos semanarios.
Sin embargo fue cortés conmigo. Un común amigo, el doctor Otero, le había anticipado que mi único interés era escucharlo. Conocer su opinión. No iba a hacerle una entrevista, ni a discutir con él. Quería oírlo.
[...] Mientras elegía políticos para incluir en este libro, Illia se me apareció como una figura imprescindible, y me acordé de aquellos apuntes. Como creo que toda obligación de abstinencia está prescripta, aquí los transcribo:
"Cuando vinieron a verme Rush y Gordon" (el ex secretario de Estado norteamericano Dean Rush y un ex embajador norteamericano en la Argentina) "yo les dije: `Vean señores, nosotros somos hombres que creemos en la democracia; en la democracia real, en serio´. Pero les digo además de eso: `Tengan en cuenta que tenemos que definir el valor de nuestros productos´. Entonces me contestan estos señores que ellos estaban de acuerdo y me hablan mucho de ayuda. `Vea´, les digo, `es la Argentina la que ayuda, no ustedes. `Me quiere explicar cómo es eso´, me dice Rush. Le digo: "Nosotros pagamos precios justos. Ustedes traen unos dólares y, con las utilidades, las amortizaciones, los intereses y los royalties, a los cinco años se llevaron varias veces lo que trajeron". Le digo: `De manera que fíjese usted´. Este hombre me mira, y entonces le digo: `¿Y usted cree que me ayuda a mí con 500 millones? Vea, con eso ningún país va a resolver sus problemas´.
" Al poco tiempo, salieron los militares a voltear el gobierno. ¿Y por qué se dan estos asuntos? Usted sabe lo que dicen ellos, falta autoridad...vacío de poder... el problema del peronismo...¡ah! y que marchábamos como tortugas. Fíjese usted en la estadística de producción; fíjese en los números de comercio. Vea la balanza 64/65. Yo que encontré el país desastroso, como saben todos, tengo la seguridad de que, entre lo que yo recibí y lo que encontraron estos señores...¡Pero que va usted a decir!
¡ Que no había autoridad! Yo ejercía con mis compatriotas una autoridad no coactiva. Y ejercía autoridad contra el poder económico. Estos dan garrote a los de adentro y obsequian flores a los de afuera. Yo tenía autoridad con el Fondo Monetario, con el Banco Mundial, con las empresas internacionales. Ahí es donde usted tiene que mostrar su autoridad.
No golpeando a obreros y estudiantes. Usted comprende que eso es absurdo: fuera de la ley no hay autoridad.
Eso es lo que ellos querían: vilipendiar. Y dicen que caímos porque el país no marchaba. Marchaba bien. Nosotros caímos por los aciertos, no por los errores. Caímos porque queríamos dejar de lado el concepto de sucursal. Eso es lo que no nos perdonaron éstos y las revistas, que ahora están contentas mientras nos garroteamos los argentinos. Todos esos que escriben...¡Sirvientes bien remunerados! ¡O usted cree que lo escriben por ingenuos, todos estos, esa mostaza que le deforma la información?".
Es en un reportaje que le hace, a fines de 1966, el novel periodista Rodolfo Terragno; luego incluido en el libro "Muerte y Resurrección de los Políticos" donde entrevista entre otros a Perón, Balbín, Frondizi, Alende y Frigerio. Lo tituló: Illia:"Yo tenía autoridad con los de afuera"
Dice José Luis de Imaz: "La opinión pública identifica a los políticos profesionales con los beneficarios de prebendas, negociados y malversaciones ....."
En el caso de Arturo Umberto Illia, ese prejucio no ha funcionado: nadie sospechó a este antiguo radical -presidente entre 1963 y 1966- de haberse apoderado de dineros públicos. En cambio, sobre su verdadera personalidad fue aplicada otra imagen -injusta e ilevantable-, que lo transformó en un anciano sin carácter, parcimonioso y desinformado, incapaz de, siquiera, aprovecharse de esa presidencia llovida del cielo, con la cual no sabía que hacer.
[...] Los semanarios de noticias -Primera Plana, Confirmado- contribuyeron con su estilo suficiente y socarrón, a desdibujar la imagen de Illia. Fue una tarea nada inocente, por cuanto esos medios eran voceros de sectores castrenses que, finalmente, derrocaron al gobierno radical para realizar, a partir de 1966, la supuesta Revolución Argentina.
Por eso, fue con cierto sentimiento de culpa que, a poco de ese golpe, llegué hacia la casa de un hermano de Arturo Umberto Illia, donde estaba recluido el ex presidente. El sabía que yo pertenecía a esa mostaza (despectivo de juventud) que escribía en aquellos semanarios.
Sin embargo fue cortés conmigo. Un común amigo, el doctor Otero, le había anticipado que mi único interés era escucharlo. Conocer su opinión. No iba a hacerle una entrevista, ni a discutir con él. Quería oírlo.
[...] Mientras elegía políticos para incluir en este libro, Illia se me apareció como una figura imprescindible, y me acordé de aquellos apuntes. Como creo que toda obligación de abstinencia está prescripta, aquí los transcribo:
"Cuando vinieron a verme Rush y Gordon" (el ex secretario de Estado norteamericano Dean Rush y un ex embajador norteamericano en la Argentina) "yo les dije: `Vean señores, nosotros somos hombres que creemos en la democracia; en la democracia real, en serio´. Pero les digo además de eso: `Tengan en cuenta que tenemos que definir el valor de nuestros productos´. Entonces me contestan estos señores que ellos estaban de acuerdo y me hablan mucho de ayuda. `Vea´, les digo, `es la Argentina la que ayuda, no ustedes. `Me quiere explicar cómo es eso´, me dice Rush. Le digo: "Nosotros pagamos precios justos. Ustedes traen unos dólares y, con las utilidades, las amortizaciones, los intereses y los royalties, a los cinco años se llevaron varias veces lo que trajeron". Le digo: `De manera que fíjese usted´. Este hombre me mira, y entonces le digo: `¿Y usted cree que me ayuda a mí con 500 millones? Vea, con eso ningún país va a resolver sus problemas´.
" Al poco tiempo, salieron los militares a voltear el gobierno. ¿Y por qué se dan estos asuntos? Usted sabe lo que dicen ellos, falta autoridad...vacío de poder... el problema del peronismo...¡ah! y que marchábamos como tortugas. Fíjese usted en la estadística de producción; fíjese en los números de comercio. Vea la balanza 64/65. Yo que encontré el país desastroso, como saben todos, tengo la seguridad de que, entre lo que yo recibí y lo que encontraron estos señores...¡Pero que va usted a decir!
¡ Que no había autoridad! Yo ejercía con mis compatriotas una autoridad no coactiva. Y ejercía autoridad contra el poder económico. Estos dan garrote a los de adentro y obsequian flores a los de afuera. Yo tenía autoridad con el Fondo Monetario, con el Banco Mundial, con las empresas internacionales. Ahí es donde usted tiene que mostrar su autoridad.
No golpeando a obreros y estudiantes. Usted comprende que eso es absurdo: fuera de la ley no hay autoridad.
Eso es lo que ellos querían: vilipendiar. Y dicen que caímos porque el país no marchaba. Marchaba bien. Nosotros caímos por los aciertos, no por los errores. Caímos porque queríamos dejar de lado el concepto de sucursal. Eso es lo que no nos perdonaron éstos y las revistas, que ahora están contentas mientras nos garroteamos los argentinos. Todos esos que escriben...¡Sirvientes bien remunerados! ¡O usted cree que lo escriben por ingenuos, todos estos, esa mostaza que le deforma la información?".
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